POSADAS. Hace 439 días que Muriel Nunes Da Silva no ve a su hija. La cuenta se inició el 11 de mayo del 2014, el mismo día que nació la nena que él nunca vio. Su pedido para conocerla recorrió innumerables juzgados e incluyó su detención “injusta y sin motivo alguno”, según sus propias palabras. Ahora, con todas las herramientas agotadas, decidió iniciar una huelga de hambre que ya lleva once días. “Empecé el 14 de julio a las 21.30 y la voy a terminar cuando pueda ver a mi hija, ninguna otra promesa me va a hacer desistir”, advirtió. El joven, oriundo de Brasil, hace tiempo que pelea por conocer a su hija. Su lucha tuvo como inicio un análisis de ADN que determinó que, pese a los dichos de la madre, Keila era su hija. Aún así, él aún no pudo conocerla. “No tengo otro recurso, todo lo que podía hacer legalmente ya lo hice, pero los jueces no quieren que vea a mi hija”, denunció.Su lucha está invisibilizada. Mientras realiza la huelga de hambre sigue en el pabellón VIH del hospital Baliña, donde colabora. Así, ningún funcionario se entera de su huelga. “Fui detenido dos veces sin motivo alguno, ahora estoy haciendo la huelga de hambre y si me ven desprotegido en algún lado como una plaza o un lugar público, me van a detener, ya me han amenazado. En el hospital no, porque trabajo y hago guardias, mucha gente me conoce y sabe lo que estoy haciendo”, relató al tiempo que afirmó tener la autorización de la directora para permanecer allí.Muriel sabe que su salud corre serios riesgos si no consume alimentos o no aumenta la dosis de agua que bebe en gotas por día. Es más, aseguró que siente a su corazón latir más fuerte que de costumbre y que se siente fatigado y cansado. “Sé que puedo sufrir secuelas permanentes, estoy conciente de eso. También es la razón por la que sigo en el hospital, por cualquier cosa que pueda pasarme”, reconoció. Igual, la lucha por su hija puede más: “Quiero verla y no pido nada absurdo”, cerró.





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