OBERÁ. Cuando tenía 18 años, Fernando Norberto Duarte (23) tuvo un accidente de trabajo que le afectó la columna y quedó inválido. A pesar de eso, intenta superarse día a día. Vive solo, cursa el tercer año del Profesorado y Tecnicatura de Ciencias Políticas en el Instituto Hernando Arias de Saavedra de la Capital del Monte y sueña con ser un profesional útil para la sociedad.Es hijo de Marcelo Villanueva y Nélida Duarte, pero fue criado por su abuela, Ramona Patiño, ya que sus padres se separaron y su madre finalmente fue a vivir a Buenos Aires. Cursó sus estudios primarios en la Escuela 819, del barrio Hulgren y terminó el secundario en el CEP 44. Trabajaba en el barrio, en un taller de chapa y pinturas. El día del accidente estaba tumbando una pared y una parte se le cayó encima, afectando la columna vertebral. Lo atendieron en el hospital Samic e inmediatamente fue derivado a Posadas, donde fue intervenido quirúrgicamente. “Ahí me fijaron la columna, me dijeron que tenía un aplastamiento medular. No podía moverme. Entonces le pregunté al médico si iba a volver a caminar. Me dijo: no, no tenés ninguna posibilidad. Me agarró una tristeza, no podía creer, en ese momento me quería morir. No quería depender de nadie, ser una carga. Estaba acostumbrado a ir de un lado al otro. Iba a la escuela a la mañana, a la tarde trabajaba, todo el tiempo estaba en movimiento”, relató a PRIMERA EDICIÓN.Ayuda para superarEl entorno familiar, los amigos y los miembros de la Iglesia Evangélica fueron los que lo ayudaron a superar el momento y salir adelante. Aprendió a manejar la vieja silla de ruedas que le donaron y que aún posee. Aceptó su realidad y decidió que iba a valerse por sí mismo. Vive solo en una pieza que alquila cerca del barrio Tres Esquinas. Se cocina, hace todos los quehaceres domésticos y estudia. “Un día descubrí que podía mover la pierna izquierda, muy poquito, pero la movía. Empecé a ejercitarme solo, después pude mover la pierna derecha. Entonces me dije: tengo que caminar. Me agarraba de unas barras y daba unos pasos. Conseguí un andador que me ayudó mucho y ahora tengo muletas. Camino poquito, porque más no puedo, pero camino. Todo lo hice por mi cuenta” confesó.Su tenacidad lo llevó a hacer rehabilitación “pero tuve que dejar porque no podía pagar. Ahí quedé estancado. Hace unos días fui a la salita del barrio a las 5 de la mañana y le pedí al médico que me haga un pedido para rehabilitación. La otra semana voy a ir al hospital para ver si puedo hacer ahí, el tema es que atienden sólo los lunes”.Fernando está convencido que si pudiera cumplir periódicamente sesiones de rehabilitación va a volver a caminar. “Si pudiera pagar iría todos los días, pero tengo la facultad y la pensión que cobro, me alcanza para vivir” sostuvo. “También me dijeron que si me hago un trasplante de médula, podría caminar. Yo escucho todos los comentarios y quisiera poder hacerlo”.Tiene lo mínimo indispensable para vivir, sin embargo afirmó “no me quejo, por ahí necesitaría una heladera, una estufa para el frío. A veces cocino mucho y no tengo donde guardar. Sólo eso. La facultad por suerte me paga el remís para ir a clases. Me ayudan mucho, estoy muy agradecido. Todos tenemos problemas, con fe y la ayuda de Dios siempre se puede salir adelante”.




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