APÓSTOLES. La ciudad se rindió, el jueves por la tarde, ante Andrés Guacurarí, en un gran homenaje, a pesar de la intensa llovizna que se dejó caer minutos antes del inicio, frente al monumento del héroe nacional, donde autoridades municipales y provinciales depositaron una ofrenda floral y descubrieron una placa, para trasladarse luego al estadio General Manuel Belgrano.Una vez allí y tras los actos protocolares de formación de tropas se dio lugar a las canciones patrias, el Himno Nacional Argentino, Misionerita y “Apóstoles, tierra bendecida”, canción oficial de la Capital de la Yerba Mate, de Concepción Quirós y Juan Swiderski, con la emoción que significan estas letras y músicas interpretadas en vivo. Obviamente no podía faltar la “Marcha Militar Comandante Andresito”, a cargo de la Banda del Colegio Pascual Gentilini, una inspiración de Leonardo Flores pensando en “la historia de los combates, desde las correntinas tierras de Santo Tomé, Yapeyú, Alvear, Gobernador Virasoro, San Carlos, y Misiones, pasando por Candelaria, San José y San Javier”, tal como contara el maestro a PRIMERA EDICIÓN en mayo del año pasado, cuando buscaba, junto a sus alumnos, que la marcha sea reconocida como oficial.Uno de los momentos más esperados por la comunidad apostoleña en esta fecha es la entrega de los reconocimientos “Andresito”. Tres bellísimas estatuillas, obras de Alberto Mathot, que se otorgaron a Stella Maris Leverberg, como una mención especial por ser autora de la Ley 27.116, que declara héroe nacional al general post mortem. Elda Aurora Allovio de Paredes, una docente jubilada de 94 años, recibió la de plata, por su incansable labor en beneficio de la comunidad desde 1942, cuando llegó a estas tierras desde su Buenos Aires natal. “Esto no me lo esperaba. Hace 73 años estoy en Misiones y no me voy a ir, voy a morir aquí”, dijo emocionada la maestra.La distinción de oro 2015 fue para el Chango Spasiuk que no pudo estar por cuestiones laborales. Sus hermanos Lucrecia e Ignacio recibieron la estatuilla en su nombre y compartieron con todos un mensaje de audio del músico, en el que pidió disculpas por su ausencia y deseaba que llegue pronto la oportunidad de visitar su ciudad natal.Como en 1817Bajo un cielo encapotado, como aquel 2 de julio de 1817, tal como lo relataba Andresito, que recordaba aquella epopeya desde un calabozo en una cárcel de Brasil, los lusitanos atacaron, el pueblo intentó defenderse, pero todo fue en vano, los estallidos hacían temblar las paredes del templo, en el que no les quedó más opción que refugiarse y entonces, al mando de una tropa de hombres a caballo llegó el hijo de Artigas para finalizar la contienda con una rotunda victoria a favor de los misioneros.Sin embargo no había nada que festejar, 84 almas derramaron su sangre en esta batalla, y la voz desgarrada del héroe misionero, que personificó Fernando Molina, lo hizo sentir en lo más profundo de cada uno de los presentes, emocionando incluso hasta las lágrimas, que tendrán siempre presente que este rincón lo habitaron valientes que dejaron su vida por la patria.Sin duda una representación de la que formaron parte los cadetes del Servicio Penitenciario Provincial y la Policía de la Provincia, la Banda de Música del Regimiento de Infantería de Monte 30, el Ballet Folclórico Andresito, bajo la dirección de profesor Telmo Soto, el Grupo de Teatro “La Hora Exacta”, de Norma Coutto, el Grupo de Teatro de la Escuela Normal Superior “Mariano Moreno”, el Centro de Estudios Musicales, del licenciado Barroni, y agrupaciones tradicionalistas que no dejaron nada librado al azar. Los actores se despidieron, el público se retiró, el cielo ya no se pudo contener y regó la Ciudad de las Flores con sus lágrimas, que algunos interpretaron como el agradecimiento del ahora comandante por sentirlo tan presente.





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