EL SOBERBIO. “Me voy nomás, hice cagada, maté a Bubans”, habría dicho a su hermanastra el joven de 21 años detenido por el crimen del agricultor Miguel Bubans, al que encontraron con un balazo en el pecho el martes 23 de junio en el paraje Guaviroba, jurisdicción de este municipio.El muchacho habría lanzado esa frase minutos después de ultimar al trabajador rural, a mitad de camino entre su casa y la de la víctima fatal. Fue con posterioridad que se dio a la fuga con la mujer de Bubans, en la moto de éste, en dirección a Bernardo de Irigoyen.Como se informara oportunamente, los fugitivos al parecer mantenían una relación amorosa hacía cuatro meses, aproximadamente, circunstancia que habría sido el disparador del trágico desenlace de esta historia.Lo llamativo de esta historia es el estado de salud de la mujer de Bubans, quien al parecer padecería esquizofrenia.Según pudo averiguar este diario, aunque “off the record”, la muchacha, debido a esta enfermedad degenerativa, aparentemente había días en que no reconocía ni al esposo. Es decir, no se ubicaba en tiempo ni espacio. Al parecer, estaba en tratamiento y medicada, razón por la que no amamantaba a su bebé de seis meses.Sobre el hecho hay varias teorías y, aunque difieran en uno o en varios aspectos, todas apuntan a los detenidos como presuntos responsables del homicidio ocurrido el 23 de junio pasado.La Justicia deberá determinar y plasmar en el expediente si la mujer en efecto padece esquizofrenia y si comprende la criminalidad de sus acciones. La posibilidad de un arresto domiciliarioNo es que el juez que interviene en la causa vaya a tomar de inmediato la decisión, pero es una posibilidad -puede discutirse si remota o no- que la mujer de Bubans cumpla arresto domiciliario en virtud de que su hijo tiene seis meses y también de su cuadro de salud, siempre y cuando se confirme que padece esquizofrenia. Claro que esa alternativa deberá ser analizada en el contexto de la causa. Vale recordar que la mujer dejó a su bebé con sus padres y se dio a la fuga con el hombre que acabó con la vida de su conviviente.En este punto, asoma vital que se pueda determinar si ella comprendía la situación o si era fácilmente manejable y, de hecho, pudiera haber sido inducida a participar en el homicidio de su propio marido.Si se confirma que la enfermedad estaba tan avanzada que no reconocía siquiera a su pareja, no es descabellado pensar en esta última posibilidad.Según fuentes consultadas por PRIMERA EDICIÓN, el muchacho acusado de gatillar el arma que mató al jornalero se había establecido en el paraje Guaviroba hacía seis meses, procedente de Bernardo de Irigoyen, donde vive parte de su familia.En esa colonia de El Soberbio reside una hermanastra, a la que habría confesado el hecho antes de escapar.





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