POSADAS. Juan comienza a relatar su historia sin olvidar fechas, detalles, desencuentros, tristezas. Es una de miles, dice y se frota las manos de manera nerviosa, casi como si quisiera encontrar en ellas las respuestas de porqué hace más de un año que no ve a su hijo, también llamado Juan.Juan Duarte tiene 43 años y desde mayo del 2014 que no tiene contacto con su hijo de tres años y medio, que nació fruto de un matrimonio fallido. El niño nació el 23 de enero del 2012 y “dos meses después, la madre sufrió de depresión post parto. Debía tomar pastillas y dormía mucho. Como yo trabajaba, necesitaba de alguien que cuide al nene, entonces ella tomó la decisión de que Juan se vaya a vivir con sus abuelos en Apóstoles. Un fin de semana después ella fue a visitarlo y no volvió. Fue el 26 de abril de 2012. Desde ese día, no lo vi más”. En sus ojos se ve la pesadumbre de las noches en vela, el dolor que cala hondo en el pecho. Dice no tener bronca, sólo un dolor inmenso. Una luz de esperanza renació cuando la madre de su hijo se comunicó con él a principios de 2013. “Me dijo que no quería estar más con sus padres, que quería volver conmigo. Los fui a buscar y nos vinimos a Posadas los tres. Estuvimos juntos un mes”. Fue el único cumpleaños que pudo pasar con Juan. “Pero ella seguía comunicándose con la mamá. Un lunes llegué de trabajar y no estaban. Le había hecho caso a la madre y se fue a Apóstoles. Tiempo después me llegó una nota que decía que me aleje de Apóstoles y me enteré que había una denuncia por violencia de familia. No pude verlos por seis meses”. Su principal apuntado: la Justicia. “Cuando me hicieron esa denuncia, la Justicia ni investigó, pensé que iban a llamar a testigos, mi abogada me dijo que busque algunos. Nunca los convocaron. Después me di cuenta que la Justicia actúa así: no investiga. Cuando la denuncia es falsa no buscan la verdad, cuando son verdaderas, tampoco investigan y vemos lo que pasa. El Juez tiene la obligación de investigar, si no cómo va a sentenciar quién es culpable y quién no. Qué clase de justicia tenemos”.Futuro incierto“La última vez que lo vi a Juan tenía dos años. Hoy ya tiene tres y medio. No me reconocería, las tres veces que estuvimos juntos se tiraba mucho por su mamá, creerá que yo soy un amigo”, dice y se quiebra. Con la voz entrecortada afirma: “Para mí es el infierno no ver a mi hijo. No hay año nuevo, no hay fiesta, no hay nada. Es la razón de mi vida, sufro más por él, porque no se merece esto. No tengo rencor pero sí un inmenso dolor que ni siquiera puedo explicar. Con sólo pensar me pongo mal”. Sostiene que su hijo tiene derecho a crecer con su papá. “Es el único hijo que tengo, yo voy a luchar por él”. Dice “mi mayor temor es que la Justicia me condene sin investigar. Yo hice una denuncia por impedimento de contacto que quedó en la nada. Hay que hablar de esta Justicia perversa que condena de antemano”. Dice que la madre del niño no le manda fotos, ni lo llama. Denuncia que en una de sus tantas visitas a los Juzgados de Familia le dijeron que su hijo no iba a reconocerlo más y dice que no hay, al día de hoy, una fecha posible para volver a ver a Juan. “Tengo mucho miedo de no poder tener una vida con mi hijo”, cerró. “Mi hija tiene que saber todo lo que hago para poder conocerla”Su historia es conocida. Es el ciudadano brasilero que acampó frente al Concejo Deliberante de Posadas para que le permitan conocer a su hija, fruto de una relación con una muchacha argentina. Ella se fue del hogar que compartían con pocas semanas de embarazo y cuando él se enteró, se volvió a la Argentina a conocer a su hija. Le negaron la posibilidad. Le dijeron que no era suya. Él lucho y logró la prueba de ADN que dictaminó que era su hija en un 99,9% de compatibilidad. Aún así, hasta el día de hoy no la vio. “El 11 de mayo teníamos pautada la primera visita supervisada. Iba a poder conocerla en el día de su primer cumpleaños. Fui el lunes 8 de mayo a la Línea 137 a pedir el acompañamiento de una trabajadora social, para no tener problemas, pero me detuvieron. Sin decirme porqué, estuve privado de mi libertad durante siete días”, denunció a PRIMERA EDICIÓN. Tiene los ojos cansados, se nota en su voz el desgaste del paso del tiempo. “Me perdí el cumpleaños de mi hija por estar detenido, era la primera vez que la iba a conocer”.Pese al revés, no se dio por vencido. “El 20 de mayo me presenté de nuevo en la Línea 137, porque yo quería la visita a mi hija y me detuvieron de nuevo, otra vez por siete días. Me sacaron los documentos, amenazaron con deportarme, me torturaron y me dijeron que me vaya a Brasil”, denunció. Pese a las amenazas, “no tengo miedo por mi vida, tengo miedo de que si me pasa algo, mi hija no va a saber que tuvo un papá que hizo de todo para conocerla”. Su familia en Brasil le dijo que vuelva, pero “yo no la pienso dejar. Tengo derecho a acompañar el crecimiento de mi hija. Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para conocerla”.




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