POSADAS. La investigadora francesa Marie Monique Robín está convencida de que la agricultura familiar, llevada adelante por pequeños agricultores, es la solución al hambre en el mundo. Lo afirma después de investigar por muchos años el drama de las poblaciones sin alimentos, el problema de los transgénicos y de realizar numerosos documentales acerca del hambre en el mundo. Esta semana estuvo en Misiones – antes fue a Rosario – donde presentó el trabajo “Las cosechas del futuro”, con formato de documental y de libro, en el cual demuestra experiencias en diversos países del mundo donde pequeñas parcelas de producción alcanzan para alimentar a poblaciones importantes y generar ganancias para los productores. La clave, aseguró la especialista en entrevista exclusiva con PRIMERA EDICIÓN, está en eliminar los intermediarios y establecer circuitos cortos, con relación directa entre productores y consumidores.El avance de los transgénicos no ocurre sólo en Argentina ¿cómo está el resto del mundo?El proceso que se ve en Argentina se repite en Estados Unidos, Canadá, Paraguay y Brasil y nada más. En Europa está prohibido, salvo España un poco. Lo que pasa es que en Europa importamos soja transgénica para alimentar los animales. Ahora hay un movimiento fuerte en Europa porque la legislación europea exige que los productos que contienen transgénicos sean etiquetados pero sucede que las carnes de animales alimentados con soja transgénica no son etiquetadas. Entonces los consumidores exigen que también se etiquete la carne de animales alimentados con transgénicos. Misiones es un ejemplo muy interesante porque no ha llegado el modelo de la soja, que es tan destructivo, además con una política pública de apoyo como la idea de crear un Ministerio de Agricultura Familiar es muy bueno, porque son 30 mil productores que no caerán en la trampa del paquete tecnológico como dice la propaganda.¿Las empresas de los transgénicos tienen un poder muy grande que influye en las políticas de Estado?Yo escribí en el libro “El mundo según Monsanto” que es exactamente así. Hay un sistema que se llama puerta giratoria que significa que un director de Monsanto pasa al Ministerio de Agricultura de un país, después regresa a Monsanto, se llama puertas giratorias y es una manera de controlar, influir de adentro y beneficiar a la industria. Hay otras maneras como la corrupción, lo escribí en el libro y no recibí ningún tipo de ataques porque está a la vista de todos, está documentado y tengo las entrevistas realizadas.También aquí en Argentina, en la presidencia de Menem, con el apoyo de diarios muy importantes, recuerdo un señor que escribía en el suplemento rural, cuando yo leía lo que escribía era pura propaganda, no tienen nada que ver con periodismo. Hay muchas maneras de influir, también envían técnicos a las granjas con paquetes tecnológicos y dicen que `esto soluciona todos los problemas´, y que `van a ganar mucho dinero´, y terminan en un problema que no saben cómo salir.Sin apoyo del Estado es imposible luchar contra el poder de estas industriasEs muy difícil. Hay que buscar estructuras cooperativas. Hay que capacitar y promover los circuitos cortos de promoción y venta directa entre productor y consumidor, a través de mercados directos, reduciendo la cadena de intermediarios que son los que sacan dinero y hacen más caro el producto.En Francia hay una Asociación para el Mantenimiento de la Agricultura Familiar donde un grupo de consumidores de un barrio se pone en contacto con un productor y le pagan seis meses anticipado, el productor le da cada semana una canasta de verduras de lo que hay en la temporada, es bueno para el agricultor porque recibe un capital con el que se financia y tiene asegurada la colocación de sus productos, pero también es bueno para los consumidores que reciben cada semana productos frescos, económicos, de calidad, sin químicos y a bajo costo. Hay consumidores en listas de espera de tan bueno que es el sistema. Si además se suma un apoyo estatal estos sistemas tendrán el éxito asegurado en el futuro. Depende de la voluntad política y el apoyo.Aquí sucede mucho el problema de la comercialización.Bueno pero eso se soluciona armando los circuitos cortos. La Argentina tiene la fama de que la sojización avanzó mucho y que se fumiga en todos lados, eso en el mundo se comenta y hay gente que no quiere venir de vacaciones. Misiones tiene algo para proveer y mostrar, que es la producción sin agroquímicos. Me estaban diciendo que en los hoteles y restaurantes se ofrece muy poca comida local, bueno, eso es una salida, hay que promocionar la oferta de comida con productos locales, así se ofrece un menú diferente a los turistas y los productores pueden colocar sus productos, así se soluciona el problema de la comercialización. Lo está haciendo el Papa ahora en su visita al Paraguay, donde pidió como menú comidas que se realizan con productos locales. Lo local está de moda en todo el mundo, es a donde hay que apuntar.Pero dicen que es más costosoNo, porque se deben cortar los circuitos de distribución, eliminar los intermediarios. Al productor le pagamos mejor que si él estuviera vendiendo al supermercado. Es más barato y orgánico de mucha calidad.¿Pero alcanza para alimentar a todo el mundo la agricultura familiar?Sí claro. Si se promueve ese sistema, se puede alcanzar. No alimentamos hoy a todo el mundo con este sistema. Una persona de cada siete en este planeta no come, son los datos oficiales de Naciones Unidas. El 80% de los desnutridos son campesinos, entonces qué pasó, el sistema fracasó, invertimos millones de dólares para promover los paquetes tecnológicos y en 2015 una de cada siete personas no comen. Que no me digan que no se puede alimentar al mundo con la agricultura familiar. Con los pesticidas no se ha alimentado al mundo. Es la verdad, hay que buscar otra opción, la agricultura familiar es la opción.¿Cuáles son las medidas que hay que tomar urgente?Bueno, hay gente que se fue porque no puede seguir produciendo, otros que quieren cambiar de actividad. La tierra no sirve más, las malezas se vuelven resistentes. Entonces lo que hay que hacer es ayudarlos, capacitarlos en agroecología, haciendo talleres en las granjas. En el documental hay experiencias en Alemania y Kenia, un país muy rico y uno muy pobre, donde se hacen talleres en la granja de un agricultor agroecológico y se trae al resto que vive cerca a capacitarse.En este modelo el saber no viene de arriba hacia abajo, sino que en forma horizontal, el saber de los agricultores y agrónomos es igual, se complementa todo.Eso hay que apoyar, los circuitos cortos para que los mercados locales sepan que pueden vender sus productos y también promover
la educación alimentaria en las escuelas. Una pequeña huerta en las escuelas primarias donde los niños conozcan una semilla, la siembren, cuiden la planta y luego terminen comiendo una ensalada, eso contribuye enormemente a la educación y la paz social dentro de la institución educativa. Es muy importante cuidar la comida porque en el sistema agroindustrial no se cuida nada, no hay cuidados porque los empresarios que siembran soja no viven allí. Entonces no les interesa un rábano si la tierra se muere, si el agua y el aire se contaminan, es un modelo económico de extracción, sin devolver nada, como no viven allí no le importa nada.¿Y qué se hace con los que viven de la soja, los productores que sí viven en la chacra?Hay gente que quiere dedicarse a otra cosa, que quiere dejar la soja. A esos hay que ayudarlos, el Estado tiene que ayudarlos. Me pasó el otro día que me encontré con un productor que me dijo “cómo hago, tengo 500 hectáreas de suelo devastado, ningún árbol, quiero cambiar pero cómo hago”. Es ahí donde el Estado los tiene que ayudar, capacitar en agroecología, fomentar planes de agricultura familiar, invertir recursos. El Estado argentino tiene que salir de su visión de corto plazo, entiendo que eso trae divisas, pero va a pagar muy caro.




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