PANAMBÍ. María Britez y Olimpio Pereyra ambos de 67 años y colonos de esta localidad, se hicieron cargo de sus nueve nietos al fallecer trágicamente su hija Liliana Pereyra. A pocos días de que se cumplan tres años del fatídico hecho y luego de haber conseguido la tutela de los menores, no les otorgaron la asignación universal por hijo, por eso sobreviven del producto de su tierra y de la generosidad de algunas personas.El 15 de abril de 2012 cambió la vida de estos abuelos. Su hija Liliana, quien padecía epilepsia, sufrió un ataque cuando estaba en la letrina, cayó al pozo de ésta y se ahogó. Uno de sus nueve hijos, de tan solo cinco años, la encontró y trató de ayudarla con sus débiles manitas, pero ya nada pudo hacer. Liliana dejó nueve hijos, entre ellos siete menores, la más pequeña una beba de meses que aún amamantaba.Esta joven madre de 32 años vivía sola con sus hijos. El padre de los niños no quiso asumir su responsabilidad, por lo que los abuelos se hicieron cargo de ellos.María y “Pelé”, apodo por el que conocen en el lugar a Olimpio, son de origen brasileño, pero residen en Panambí desde hace más de 50 años. Sólo saben del trabajo en la chacra. A pesar de su escasa formación, inculcaron a sus nueve hijos la cultura del trabajo y la honestidad, por lo que no dudaron en contraer el compromiso de cumplir nuevamente el rol de padres de las infortunadas criaturas.Increíblemente debieron sortear muchos obstáculos, algunos producto de las dificultades de expresión, para obtener la tutela de los seis menores (tres ya son mayores de edad). Debieron llevar a los niños, con todo lo que eso representa, en dos oportunidades hasta Oberá al Juzgado de Familia antes de lograr que la Justicia los reconociera como tales. Nunca en todo este tiempo recibieron la visita de algún asistente social o entidad del Estado que debería actuar en estos casos. La Municipalidad de Panambí creyó cumplir con su obligación construyendo dos precarias habitaciones de madera, cercanas a la casa de los abuelos, que sirven para que los niños duerman y nada más.Actualmente, a pocos días de que se cumplan tres años del fallecimiento de Liliana, los seis menores viven con ellos. Salvo Belén, que tiene 3 años, todos asisten a la escuela.La abuela percibe la pensión como madre de siete hijos, por sus propios hijos, y Pelé tiene en trámite su jubilación hace años. Un profesional del lugar se hizo cargo de la gestión, sin embargo no aparece su nombre en el listado online de la Anses y el beneficio que le corresponde no le llega.María, con el “portuñol” propio de los lugareños, explicó a PRIMERA EDICIÓN que cuando fue a la delegación de Oberá, le dijeron que como ella cobra la pensión de madre de siete hijos, no le corresponde la Asignación Universal por sus nietos. En vano trató de explicar que son los tutores y que se trata de sus nietos, no de sus hijos, por lo que hasta hoy los niños no tienen ninguno de los beneficios sociales que les corresponde. Las dificultades para hacerse entender hace que prefieran seguir con su vida, haciendo lo que saben, sin esperar nada de nadie.María y Pelé sólo saben del trabajo en su pequeña chacra. Viven de la cría de animales, gallinas, cerdos y del producto de la tierra: mandioca, choclo, poroto, zapallo… La humilde vivienda siempre luce impecable y los niños también. La cordialidad es parte de la casa y sus ocupantes. El día para ellos se inicia a las 5 de la mañana y culmina cerca de la medianoche. María es pequeña, con las marcas propias de la difícil vida que le tocó. En sus claros ojos azules se percibe fortaleza, aunque en el fondo se observa inevitablemente el peso y la tristeza de esta realidad que le toca vivir. Esta cariñosa abuela confesó que cada noche se duerme pensando qué dará de comer a sus nietos al otro día.




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