SAN ANTONIO. Edi (como todos la conocen) es casi oriunda de esta localidad: llegó con su familia cuando tenía un año y hoy, con 45, lleva 18 ejerciendo la docencia, y a pesar de las dificultades que ha atravesado y los graves problemas de salud que padece (a causa de un cáncer tiene un solo pulmón) encara cada día de su vida con fuerza y optimismo, y la docencia con un amor inconmensurable hacia sus alumnos: “Mi fuerza son los niños, llegar a la escuela y ver la sonrisa de mis alumnos no tiene precio”. PRIMERA EDICIÓN hace pública la digna historia de esta “maestra” de corazón.Luego de recibida como docente viajó a Corrientes a estudiar abogacía, carrera que tuvo que dejar cuando le faltaban seis materias por motivos económicos, tras el fallecimiento de sus abuelos. Volvió a San Antonio y empezó a ejercer la docencia como suplente en una escuela rural: “Comencé en 1998 en la escuela 325 de Paraje Barbacuá, a la cual iba caminando. Todos los días recorría los 14 kilómetros hasta la escuela, salía de casa a las 5 de la mañana para llegar a horario hasta allá. Hoy cruzo por la calle a ex alumnos que son profesionales y que con amor me reconocen, esa es la recompensa más grande que puede haber. La gente de Barbacuá son mi gente de corazón”, relató Edi.Momentos difícilesLuego de doce años de trabajo como suplente volvió la titular y Edi quedó sin trabajo, “ese fue uno de los momentos más difíciles de mi vida, a los pocos meses de quedar sin trabajo me separé porque mi ex pareja me golpeaba y me fui con mis dos hijos con lo puesto. También, en ese año me detectaron un cáncer en la garganta que le peleé sin bajar los brazos, la dificultad me hizo fuerte”, rememoró y agregó, “mi fe en Dios me dio mucha fuerza para seguir adelante.”“Conocí a una amiga, Francisca Franco, quien fue de gran ayuda, colaboró mucho conmigo, conseguimos la luz para el Paraje Barbacuá, y con mucha pelea conseguimos que se cree la escuela de Paraje Alegría donde aún trabajo. El cáncer ya me había tomado el pulmón, pero yo seguía trabajando, me hice 18 quimios, llegué a pesar 20 kilos, pero nunca aflojé por mis hijos y por mis alumnos, el colectivo me dejaba a 9 kilómetros de la escuela, subía y bajaba los cerros para llegar y encontrarme con esas caritas felices que me estaban esperando.”“Me alegra ayudar a la gente”La fortaleza y la generosidad de Edi son ejemplares: “mi alegría es saber qué puedo hacer algo por alguien. En eso sentido soy muy metida, he hecho infinitos viajes a Posadas para pedir, para insistir, para gestionar cosas para la gente”, expresó.Desde hace dos años Edi tiene un solo pulmón y a pesar de las indicaciones de su médico, se iba en moto hasta la escuela para continuar dando clases: “sólo no asisto a la escuela cuando realmente no puedo, pero es muy difícil que falte, yo sé que los alumnos si no va la ‘mae’ quieren volver a su casa. Tengo con ellos una relación muy estrecha, sé el cumpleaños de cada uno de ellos, soy su segunda madre y eso es un amor recíproco, uno les brinda amor y los niños lo devuelven con creces; al médico lo engañé, le dije que la escuela es cerca porque si le cuento la verdad me prohibirá ir”, confió.“No te des por vencido”“Yo puedo. Mi lema es ‘no te des por vencido ni aún vencido’ y yo puedo dar testimonio de eso, crié a mis dos hijos sola, mi hijo mayor de 24 es profesor y tengo otro de 15. Yo doy clases y dedico mi vida a tratar de ayudar”, aseguró Edi quien también es madrina de la Escuela Especial 52 y fue la principal promotora del secundario en la Escuela del Paraje 20 de junio. Es fundadora e integrante de la agrupación “Unidos por la verdad” y su puerta está abierta para quien necesite. Edi, ese ejemplo de amor y voluntad vive feliz con su madre y dos hijos. Para finalizar afirmó “si volviera a vivir sin duda sería docente otra vez”.




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