POSADAS. Las uñas pintadas de azul están impregnadas en tinta y son la prueba del desafío en el que se embarcó hace unos cuatro meses. Raquel Saucedo (35) es una de las únicas mujeres de la provincia -y porque no la única- que incursionó en el taller de fotomecánica de un medio gráfico, después de ocuparse por varios años del intercalado de los ejemplares del Diario PRIMERA EDICIÓN, momentos antes que salieran a la calle.Con un dejo de timidez pero de carácter frontal y afable, recordó que todo empezó gracias a la intervención de Marcos Velázquez, encargado del sector, en momentos de escaso personal en el área. “Nos conocemos desde hace seis años y nos hicimos amigos. Un día escuché comentar que le faltaban manos y me ofrecí a ayudarlo. Me mandó a dar vueltas la máquina para colocar las chapas. A la semana me preguntó si quería trabajar. Le respondí que no tenía drama para el trabajo y enseguida me aclaró que era una tarea que implicaba ensuciarse las manos. Le contesté que es lo que menos me importa, que era trabajo al fin”, relató Saucedo, que hace dos años culminó sus estudios en Administración Hotelera.Velázquez le propuso esperar hasta que hablara con su jefe, y la confirmó en el puesto a los pocos días, no sin antes recalcarle que en la jornada siguiente trajera ropa “como para ensuciarme un poco”. Según Saucedo, “al principio, no entendía nada. Si bien desde el intercalado veía constantemente el funcionamiento de las máquinas rotativas, lo hacía de lejos, como sin importancia. Empecé a limpiar las máquinas y entre todos me guiaron. El grupo -conformado por seis hombres- es muy lindo y entre todos me ayudan. Desde el comienzo me aceptaron, no me discriminaron”.“Me siento bien, a gusto. Todos los días aprendo algo nuevo, y eso me encanta. En mis uñas está la prueba, pero no me importa. Hay días en los que me ensucio los brazos hasta los codos, pero realmente me gusta”, agregó la joven que por el momento no cumple una función específica, sino que “hago de todo un poco, hasta que aprenda correctamente. Por lo general me ocupo de lo que se imprime en blanco y negro”.Su familia “está contenta y me apoya en todo lo que hago”, dijo Saucedo, que vive con sus padres Juan y Etelvina, canillitas desde hace 43 años, y con quienes, además, vende diarios “desde que estaba en la panza de mamá”. Sobre la importancia del dinero en su vida comentó que “es necesario pero no me llama la atención. Me gusta aprender y soy apasionada en lo que hago. Soy meticulosa y si me dan una responsabilidad no voy a dejar de hacer la tarea hasta que me salga bien. Esos valores aprendí de mis padres: la responsabilidad, el trabajo, el cumplimiento de los horarios”.Respecto a la incursión de las mujeres en campos que hasta hace poco eran exclusivos del sexo masculino, le parece que “está bueno. Además de este rubro también existen mujeres colectiveras, taxistas. Está bueno que la mujer se introduzca en el trabajo que solía ser de hombres. Me gusta que haya igualdad”.A pesar de estar orgullosa del título recibido, aseguró que “prefiero la tinta, me gusta ensuciarme las manos. En este ambiente hay olores fuertes, ruidos altos, peligro, pero la pasión que siento por el trabajo que hago es más que todo eso”, sostuvo la mujer.Con 35 años recién cumplidos, Saucedo está “enfocada en el trabajo, la vida, mi familia, mis amistades y mis padres, que son mis amores. Me gusta la música, bailar, estar con mis amigos. Sueño tener a mi familia siempre conmigo y contar con salud, porque todo viene después”. Posadeña de nacimiento, cree que todo lo demás “se dará a su tiempo. Siempre dejo en manos de Dios y de San Expedito”, de quien es devota y hasta se tatuó una imagen. “Gracias a ellos conseguí muchas cosas. Me encomiendo a ellos antes de empezar a trabajar”, remarcó Saucedo.




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