SAN VICENTE. Hace casi dos años que se inauguró el nuevo edificio del CEP 28 del barrio San Roque González de esta localidad y desde entonces el predio está abandonado, lo que permitió que se convierta en un lugar donde se reúnen jóvenes que lo utilizan como centro de operaciones de actividades clandestinas. Los vecinos pretendían que en el terreno se instale una comisaría para brindar más seguridad a la zona, pero -a pesar de las promesas oficiales- nunca se concretó.Es que, hasta el momento, esa zona de la Capital Nacional de la Madera está descuidada por las autoridades políticas. Antes de que se mudara el colegio, y como modo de previsión de este abandono, los vecinos pidieron que se lleve a la fuerza de seguridad provincial al barrio para tener más seguridad. En una reunión donde participaron funcionarios, concejales y el jefe de la Unidad Regional VIII de la Policía se firmó un compromiso con los lugareños. En dicho encuentro con las autoridades, los vecinos expusieron las penurias que viven por el acecho de las bandas que delinquen en la zona. El propio jefe de la UR VIII, comisario general Ewaldo Katz, se comprometió a llevar al lugar un destacamento de la policía para luego transformarlo en una comisaría. Además de hacer el compromiso ante los pobladores, lo reiteró ante los medios locales y provinciales. El poder político local también se mostró comprometido en ese mismo sentido. Sin embargo, nunca cumplió.El expredio del CEP 28 tiene una dimensión cercana a los 7.000 metros cuadrados. Por él pasa el curso de un arroyo y tiene además una construcción de madera y otra de mampostería. Los vecinos pretendían que el Consejo General de Educación ceda el espacio para la fuerza de seguridad y a la comunidad para que se aproveche para la recreación.Sin embargo, hoy la preocupación es la falta de mantenimiento y limpieza que permiten la acumulación de basura, malezas y la proliferación de alimañas, además de la inseguridad que genera el abandono.Hoy las malezas cubren casi todo el predio. En esa parte del barrio hay muchas banditas de jóvenes que, ante el abandono del lugar, lo tomaron como centro de operaciones y ponen en vilo a los vecinos.Los alumnos del colegio secundario que ocupó el predio durante cinco años hacían un mantenimiento permanente del mismo. Incluso el arroyo fue limpiado de chatarras, pero ahora el paisaje volvió a ser el de antes del trabajo profundo que hicieron los chicos y los docentes del establecimiento. Las imágenes son desalentadoras para los lugareños que se resignan a esperar a que se cumplan las promesas de las autoridades.





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