POSADAS y SANTA ANA. Era de tarde y la víctima, de 44 años, amasaba pizzas junto a su familia cuando irrumpieron los dos desconocidos. “¡Ese es! ¡Ese es! ¡Tirale! Tirale!”, apuntó uno de los asesinos a sueldo al otro. Entre el desconcierto y el arma que se trabó, el dueño de casa logró parapetarse detrás de uno de los forajidos. Finalmente las balas salieron: una le dio en el hombro y la otra le rozó la cabeza. Todavía no era su hora.El hecho sacudió la tranquilidad del barrio San Pantaleón de Santa Ana, a 45 kilómetros de Posadas y a poco más de 300 metros de la ruta nacional 12. De milagro no se transformó en un nuevo crimen de las mafias que atraviesan la provincia, aunque el episodio pone otra vez en el tapete el peso, la presencia y, en síntesis, el poder que tienen las organizaciones delictivas en Misiones.Los investigadores de la Policía provincial prácticamente no tienen dudas de que fueron sicarios paraguayos los que atacaron, esta vez, en el sur de la provincia. Y tienen elementos de peso para sostener esa teoría. El “ajuste de cuentas”no se consumó sólo por centímetros.Como PRIMERA EDICIÓN informó en su edición de ayer, todo sucedió en el complejo habitacional antes mencionado, emplazado a pocos metros del destacamento que Seguridad Vial de la Policía de Misiones tiene sobre la ruta nacional 12, unos pocos kilómetros antes del acceso a Santa Ana.La víctima, de nacionalidad paraguaya, realizaba los quehaceres domésticos alrededor de las 15 del último viernes cuando en la escena irrumpieron dos desconocidos a bordo de un automóvil.Los hombres eran jóvenes, vestían bermudas y remeras, y tenían un marcado acento paraguayo. Se bajaron del vehículo y fueron directamente a la vivienda del sujeto al que buscaban. Una vez que lo identificaron, abrieron fuego. Después escaparon tal como habían llegado.El hombre recibió un balazo en un hombro y otro en la región parieto-occipital del cráneo, con orificio de salida en la zona inferior del cuello. Milagrosamente el proyectil solamente le provocó daños en el cuero cabelludo.Fue trasladado de urgencia y anoche permanecía internado en la Unidad de Cuidados Críticos del Hospital Escuela de Agudos Ramón Madariaga de Posadas, con aquellas dos lesiones y una tercera que habría sido provocada con un arma blanca en la espalda. Pese a todo, su vida no corría peligro y hasta se encontraba lúcido.Una vez conocido el hecho, efectivos de la comisaría de Santa Ana y de la Unidad Regional X iniciaron una investigación a los fines de establecer el trasfondo de lo ocurrido.Así conocieron primero que la víctima había cumplido condena por narcotráfico entre 2007 y 2012 en distintas cárceles del país, como Marcos Paz y la propia Unidad Penal 17 de Candelaria, en Misiones, a pocos kilómetros de donde finalmente se estableció una vez que recuperó la libertad.Sin embargo, eso no fue todo. Es que los investigadores descubrieron también que el hermano de su actual mujer -es decir, su cuñado- encontró la muerte al recibir once disparos en un ataque similar perpetrado en la localidad paraguaya de Hohenau, emplazada a 32 kilómetros de Santa Ana, a principios del año pasado.Al parecer, después de ese ataque el paraguayo domiciliado en Misiones también comenzó a recibir amenazas a través de distintas vías, pese a que habría asegurado que ya había dejado el narcotráfico. Y ese suele ser el problema: el narcotráfico no olvida.Los uniformados continuaban anoche con la búsqueda de los dos autores del ataque “a plomo” del viernes en el barrio San Pantaleón de Santa Ana. Se basaban en las características físicas de los sicarios para esbozar una suerte de identikit, ya que hasta el momento había sido imposible identificarlos. Nadie lo dice, pero todos lo piensan: los pistoleros seguramente ya habrán aprovechado las facilidades del río Paraná para regresar al Paraguay, de donde serían oriundos. Es esa permeabilidad de las fronteras lo que hace de Misiones una provincia tan atractiva, no solamente para el turismo.





Discussion about this post