POSADAS. Ayer iba a ser el último día, al menos durante un tiempo, en que la Marylin iba a surcar las aguas del río Paraná para cumplir su función diaria: trasladar a vecinos posadeños y paraguayos de una costa a la otra. Pero ni eso pudo hacer: la fuerte marea impidió que la nave atraque en su muelle, por lo que el último viaje se canceló.
Esta es una de las razones por las cuales Luis Aldana pidió la suspensión del cruce, en un principio por un plazo de 180 días. Desde el lunes no se podrá cruzar a Paraguay por la tradicional lancha. Pero no es la única razón del pedido. La habilitación del tren o la exigencia de abonar la tasa de embarque terminaron por erosionar la rentabilidad del medio alternativo.
“Las cosas se volvieron bravas (sic) porque ni siquiera alcanzamos a salvar los costos. Esto nos obliga a suspender el servicio durante un tiempo”, indicó Luis Aldana, propietario de la embarcación, en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. Hay reclamos de vieja data que abonaron el pedido.
“Desde que comenzamos a trabajar en el cruce pedimos que nos habiliten los días sábados, domingos y feriados y nunca lo conseguimos. De repente llega el tren y trabaja de lunes a lunes sin ningún inconveniente”, se quejó Aldana y agregó, “además su horario es desde las 9 de la mañana hasta las 19, pese a que a nosotros nunca nos dejaron pasarnos de las 17.30. Es una injusticia, me siento discriminado por los funcionarios que toman esas decisiones. Pero del otro lado está el Grupo Z, de este lado es sólo Aldana. No tengo peso contra ellos”, remarcó indignado.
Otro de los problemas que tiene la embarcación -razón por la cual no pudo trabajar ayer viernes- es que la Entidad Binacional Yacyretá le construyó un muelle defectuoso.
“Cuando sopla viento del lado que sea, no podemos maniobrar y si está muy fuerte la marea no tenemos donde atracar. Cuando hicieron el proyecto nunca nos consultaron cuál era la mejor forma para la lancha. También podrían haber incluido un resguardo o un rompeolas porque cuando hay mucha marea no se puede trabajar, es un peligro para quienes tienen que subir a la embarcación. Hace más de un año que estamos así”, relató Aldana.
La triste decisión
“Es una lástima tener que tomar esta decisión porque ésta es una alternativa al puente y hay muchas personas que sólo ocupan la lancha porque saben que en cinco minutos están del otro lado. Pero no podemos sostenernos en esta economía”, justificó.
Con este panorama, Aldana se encargó de redactar una misiva dirigida a autoridades de Prefectura, Aduana, Migraciones, Senasa, Transporte Fluvial y Marítimo y a todos sus pares del país vecino. En la misma, pidió una suspensión del servicio por un período de 180 días.
“Durante ese tiempo esperaré que alguna autoridad se comunique conmigo y me ofrezca una solución como alguna mejora, la ampliación de los días de cruce o el horario. Si es así, quizás podamos volver a funcionar una vez transcurridos los 180 días. De lo contrario, si no encuentro respuesta alguna, la lancha dejará de funcionar, pero esta vez, de manera definitiva”, finalizó.




