GARUPÁ. Se muestran calmos, pero sus rostros denotan cansancio e impotencia, dejando entrever que la procesión va por dentro. Son los vecinos del barrio Santa Helena, que desde hace varios años padecen constantes cortes de energía eléctrica, que se agravan con el paso del tiempo. Es que el impasse suele ser cada vez más prolongado. Puede variar entre dos, tres, ocho o hasta 24 horas. Pero a los pobladores ya nada les sorprende porque la ausencia del servicio se da sin previo aviso y sin explicación alguna desde el Distrito Garupá de la empresa Emsa. Nely Vilar (73) contó que durante noviembre y diciembre fueron cortes de menor tiempo, pero que “después pasaron a ser de 20 horas. El del martes fue muy largo, el miércoles se repitió y hoy (por ayer) llamativamente tuvimos luz”. La mujer, que se moviliza en silla de ruedas, recordó que la de Año Nuevo fue una jornada para el olvido, ya que “pasamos en la oscuridad total. Esto es demasiado, que estemos tan castigados cuando pagamos una boleta de casi 300 pesos”. Lamentó que la comida se pierda y citó que en el caso del yogurt, “cuando se corta la cadena de frío es peligroso consumir. Lo que hacemos entonces es comprar menos”. Vanesa Báez, empleada de panadería, consideró que “acá el problema de la luz se volvió una rutina”. Contó que en el comercio “hay lácteos, productos de panadería que fermentan por no tener buena refrigeración. Todos los días estamos tirando mercaderías. Si bien hay un pequeño grupo electrógeno, tampoco es cuestión de gastar, además, en su mantenimiento. Todos los días tenemos ese problema”.Señaló que vive en el antiguo barrio Santa Helena y allí tienen el mismo inconveniente. “Hace poco cayó un poste sobre mi casa y como no vinieron a levantarlo, a pesar de los constantes llamados, me planté delante de ellos y fueron pero sacaron el alumbrado público, dejaron el poste recostado sobre otro, enrollaron el cable que tenía tensión y lo dejaron ahí”. Por estos días continúa con los reclamos, pero “fui hasta allá y la historia es la misma siempre: te dicen que tomaron nota, que quedó asentado el problema, que en algún momento mandaremos a arreglar, pero sigue sin solución”.“No tenemos la culpa”Para Ana María Sajczyszyn, que es dueña de una heladería, “es tremendo el problema porque nos suelen cortar por ocho, 12 o 24 horas”.Mencionó que estuvo sin electricidad por más de una semana debido a un problema originado por la tormenta, pero que tuvo que recurrir a un particular para que arreglara el inconveniente porque “Emsa jamás vino”. Dijo que en repetidas ocasiones fue hasta la oficina del Distrito Garupá, pero en solo una oportunidad “me pudieron atender y me dijeron: no se preocupe, señora, ya vamos a ir. Otras veces no encontré a nadie en la repartición. Supuestamente están trabajando, hay pocos empleados o están de vacaciones. Considero que deben tomarse el descanso en otro momento, no en pleno enero, con semejante problema. Ahora necesitamos que nos solucionen un problema porque ellos trabajan para brindar un servicio público. Es lo mismo que nos tomemos en enero los que tenemos una heladería”.Confió además que las boletas “vienen como si tuviera luz durante todo el mes, pero no tuve por más de una semana y el monto no bajó”.Contó que para el comercio adquirió un grupo electrógeno, incurriendo en gastos extras, por una cuestión de necesidad. “A veces amanezco porque tengo que tener el grupo prendido. No puedo ir a dormir porque cada cuatro horas hay que cargar combustible”, graficó.“La venta bajó muchísimo”Roberto Zirr atiende el autoservicio que es propiedad de sus padres y aseguró que los cortes “nos perjudican muchísimo por el tema de la carne, de los lácteos. Estas últimas tres semanas tiramos muchísima mercadería. El fin de año estuvo bravísimo. Este es nuestro medio de vida, no tenemos otra entrada que no sea el negocio”.Admitió que los impuestos “los tenemos que pagar igual y no nos dan una respuesta. La necesitamos. Que arreglen algo, porque cuando tenemos energía no es óptima porque sube y baja, los motores se queman, las heladeras no responden. Tiene que haber una solución, porque las cuentas vienen igual”. Manifestó que, debido a la persistencia del problema, “los vecinos compran menos. Ademas de mirar el vencimiento, te preguntan por el frío. La venta bajó muchísimo. Y no se puede atender sin luz, directamente tenemos que cerrar y no abrir las heladeras”.Comentó que la familia tuvo la posibilidad de comprar un generador, “pero no da abasto. Lo que podemos proteger es la carne dentro de un freezer, pero para salvar la mercadería y la verdura optamos por cerrar las puertas y no abrirlas, y así poder conservar el frío. De lo contrario, hay que tirar porque no hay a quién reclamar. Un generador vale mucha plata y uno grande para un negocio es imposible tener. Los vecinos cuentan que no pueden comprarlo porque es muy caro”. Ángel Zalasar tiene un ciber y actualmente está trabajando con menos de la mitad de las máquinas con las que comenzó hace unos años. Es que los continuos cortes hicieron que las computadoras “entraran en cortocircuito y me es imposible repararlas por el costo que significan los materiales importados”. También tenía una heladería, pero tuvo que abandonar el rubro “porque los costos no nos daban por la misma situación. Tuvimos que vender el freezer y todos los insumos. Por esta razón mi negocio está disminuido en un 40%”. A su casa las boletas no paran de llegar, pero los cortes son continuos y “no hay explicaciones por parte del ente que nos provee el servicio. Si uno llama por teléfono, no contestan nunca. En la vía pública se nota la escasez de farolas encendidas y los vecinos ya estamos cansados”. Pidió al intendente o a las autoridades de Emsa que les den “una explicación lógica, porque hasta ahora no tenemos ninguna”.María Celeste Molina tiene un salón de estética y belleza y necesita electricidad para poder utilizar los aparatos y desarrollar su trabajo. “Muchas veces estoy a la mitad del corte cuando se va la luz, es muy difícil”, protestó y pidió que se considere la posibilidad de “que haya más transformadores, que aguanten más. Ahora hay 180 viviendas más y hay que prever un mejor ser
vicio. Vivo acá hace ocho años y es siempre lo mismo, igual que el agua”.





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