POSADAS. Ayer se complicó la situación de quien fuera considerado el “hombre de confianza” de Jorge Oscar “Kuki” Barruffaldi (57), el empresario asesinado hace poco más de once años en esta ciudad.Es que tres testigos aseguraron ayer y ante el Tribunal Penal 2 de esta ciudad que Christian Marcelo Pacheco (41), uno de los dos imputados por “participación necesaria en el delito de robo con muerte resultante”, tuvo acceso a la llave del domicilio de la víctima. Por primera vez en la causa se supo que el acusado, conocido con el alias de “Garrote”, tuvo en su poder y en al menos tres ocasiones las mencionadas llaves. Cabe recordar que los asesinos, tal como se desprendió de la investigación policial, no forzaron ninguna de las puertas de la casa de Barruffaldi. Por si fuera poco, también se dijo que Pacheco llegó utilizar el vehículo de la víctima que tal como ya dijeron algunos allegados y amigos, “no se lo prestaba a nadie”. Esta fue la arista sobresaliente de la segunda jornada del juicio oral y público que se le sigue a Pacheco y a Damián Antonio Méndez (51), ambos en el banquillo de los acusados, y donde lamentablemente aún no surgieron durante el debate indicios o pistas concretas con respecto a los autores materiales del crimen perpetrado el 30 de junio de 2003, de los que solamente se sabe eran conocidos con el apodo de “Sansón” y “El Rosarino”. “Mal presentimiento”Así las cosas, los tres testigos que rompieron el silencio ayer y aportaron este dato clave relacionado a las llaves fueron dos hijos de la víctima, Alejandro y Mónica, y su cuñado, Jorge Dimaría. Alejandro Barruffaldi hizo un crudo relato del momento en que le tocó enterarse de la muerte de su padre: “Estaba en Rosario trabajando y me avisaron. Hacía poco había tenido a mi hijita, ni un año tenía. También estaba estudiando ingeniería en sistemas. Un rato antes de que me avisen, papá no se conectó en internet como solía hacerlo y eso me dio un mal presentimiento”, aseguró. Luego dijo que al revisar las prendas de vestir de su padre “encontré una color bordó con manchas similares a sangre”, aunque el joven confió que “la dejé en remojo varios días”, y que mucho después la entregó a la Policía. Al ser consultado sobre Pacheco, dijo que “no era un amigo de mucho tiempo de mi padre, si no, lo iba a saber”. Lo definió como “un allegado nuevo” y fue entonces que el muchacho recordó que “en una ocasión mi padre quería cambiarse de remera en el Kouglas Paddle (propiedad de la víctima, ubicada sobre avenida Uruguay) y entonces yo me ofrecí para ir a buscarla a su casa (sobre avenida Rademacher al 3.600), y me contestó ‘ya lo envié a Pacheco a buscarla, se fue en bicicleta’. Algo que me sorprendió mucho, tanto que le pregunté ‘¿le diste la llave de casa? y me contestó que sí. Entre ir y volver, Pacheco habrá demorado una media hora”. Alejandro no supo precisar ante consultas de las partes en qué fecha se produjo esta situación, aunque refirió que fue “más o menos un año antes del hecho”. “Le das la mano…”A su turno, Mónica Barruffaldi, también hija de la víctima, precisó que una vez que estaba en la Costanera, su padre la llamó por teléfono y le preguntó qué estaba haciendo, pero sin dejarla contestar le dijo “dejá nomás, que ya lo mando a Marcelo (Christian Pacheco) a buscar una remera”, dejando entrever que poseía una llave de acceso a su casa. También mencionó que durante una celebración de cumpleaños de su padre, “Marcelo (por Pacheco), se puso ‘cargoso’ con ella, a lo que su padre, que advirtió la situación, le dijo ‘ojo, a éste le das la mano y te agarra del codo’”, aunque la mujer aclaró que nunca supo el tenor de esa frase, si fue por celos o para que me cuidara. También me sorprendió que desapareció un tiempo tras la muerte de papá y, cuando volvió al Kouglas, me dijo ‘estuve en Brasil y me enfermé en ese país’, porque estaba muy flaco. Otra cosa extraña es que siempre que me mira lo hace con la cabeza gacha, como si no pudiera mirarme a los ojos. Tanto la primera vez que lo vi luego del hecho, como acá, hoy (por ayer en el juicio), que bajó la cabeza”, puntualizó. Luego, y coincidente con sus sobrinos, uno de los cuñados de la víctima y primero en preocuparse por su ausencia -fue quien solicitó un cerrajero para abrir la puerta de la casa el día que descubrieron el cadáver-, Jorge Dimaría, dijo que “estábamos almorzando un domingo con ‘Kuki’ y me contó que le había dado las llaves de su casa a Pacheco”. De esta manera, los testimonios más concretos contra uno de los imputados se conocieron ayer, coincidentemente con la fecha en la que Jorge “Kuki” Barruffaldi hubiera festejado un nuevo cumpleaños. El dolor de su exesposaGladis Urquiza, quien al momento del crimen de Barruffaldi se encontraba separada de hecho aunque convivía en la misma casa, dijo -tras quebrarse en llanto varias veces- que “tenía copia de la llave que utilizaba ‘Kuki’, y además un juego propio para una de las dos puertas de acceso, y jamás las extravié”. Ratificó después lo que dijo en la instrucción de la causa: que “según mis cálculos, para el día en que fue asesinado Barruffaldi, él tenía alrededor de 5.000 pesos”. La última reuniónUn instructor de pádel que se desempeñaba en el Kouglas y era colaborador de Barruffaldi, Martín Ramírez (conocido con el alias de “Lobito”), reveló ayer que unos días antes del hecho “Kuki” le dijo que había ganado la quiniela. Y que observó a dos personas compartir bebidas con la víctima la noche anterior al hallazgo del cadáver. Estas dos personas coincidieron en su dichos. Uno de ellos, el comerciante “Pocho” Pacheco -sin parentesco con el imputado- contó que hasta lo llevó a la casa “alrededor de la 1 o 2”. El otro que protagonizó la reunión, Metreche, no aportó mayores datos al Tribunal. Con igual resultado prest&am
p;oacute; declaración la exmujer de un amigo de Barruffaldi, Norma Piaretti. Por último declararon el jefe de Investigaciones en ese entonces -a cargo del operativo que culminó en la captura de los sospechosos-, el comisario general retirado, Jorge Aguirre, y su segundo, Carlos Vázquez, quienes explicaron que llegaron hasta los acusados mediante información que aportaron los equipos de calle que tenían trabajando en numerosos casos delictivos recientes. Aguirre negó ante la defensa de Pacheco (a cargo del abogado Pablo Luján) que hayan existido “aprietes” para incriminar al imputado. El debate continuará hoy a las 7.30. Está prevista la declaración de siete testigos y posiblemente, de darse los tiempos, se cumplimenten los alegatos de las partes. Mucha vida privada y poco aporte Sucede y seguirá sucediendo, pero para llegar a la verdad el camino a seguir es escuchar a todos los que puedan aportar datos. Aunque en las dos jornadas que se llevan del juicio por el crimen de “Kuki” Barruffaldi fueron numerosos los testigos que desfilaron y ventilaron cuestiones de la vida privada de la víctima y de parte de su entorno en forma innecesaria. Para la causa resulta una información nula y solamente se puede obtener de ello -en algunos casos- un perfil de ciertas conductas de los involucrados, que también a veces no llegan a tener un orden primario a la hora de resolver por parte del Tribunal. Defensores sorprendidos Los abogados de los imputados, Pablo Luján por Pacheco y la defensora oficial Celina Silveira Márquez por Méndez, se mostraron sorprendidos al escuchar a tres testigos mencionar la confianza que le tenía la víctima al primero de los acusados. “¿Por qué esperar once años para brindar esta información que es vital en la causa? ¿Por qué no lo dijeron cuando los recuerdos estaban aún frescos?”, le preguntó a cada uno de los que brindaron dicho testimonio el letrado Pablo Luján. Todos coincidieron en que recién recordaron esos datos. Caso SchaererUna de las empleadas de la víctima, que no aportó en su declaración ayer, ya tenía experiencia en cuanto a estar en un Tribunal. Se trata de Pamela Ramos, quien fue absuelta en 2007 por el secuestro extorsivo del joven correntino Cristian Schaerer. De acuerdo a la Justicia, llegó a juicio en ese entonces por ser novia de quien fue custodio de la víctima. Schaerer fue secuestrado casi tres meses después de la muerte de Barruffaldi, en septiembre de 2003.También declaró otra mujer que fue empleada de “Kuki”: la testigo Gladis Cabrera, quien dijo no recordar nada de interés en la investigación del hecho. Posteriormente, y sin mayores consecuencias referidas al seguimiento de la causa en el presente juicio, compareció el cerrajero que abrió la puerta de la casa de la víctima el día que hallaron su cuerpo, identificado como Guillermo Tonnelier.




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