SAN VICENTE (Enviada especial). Transcurría el año 1994 cuando un grupo de productores de maíz, de la localidad de San Vicente decidió agruparse y fundar la Cooperativa Agropecuaria “Tarumá” Limitada, donde el fuerte ha sido desde ese momento, el secado, procesamiento y elaboración de harina de maíz.Llegaron a procesar hasta 8 mil kilos semanalmente. Una producción que abastecía a gran parte de la zona durante varios años. Actualmente son 69 socios los que forman parte de la Cooperativa.Rafael Rosendo Velázquez, es actualmente el presidente de la entidad. Recordó que la misma fue fundada por sus padres quienes vieron en aquel entonces, la necesidad de contar con energía eléctrica, lo que los llevó a trabajar por su desarrollo. Se fundó la cooperativa y con eso se hizo una microrepresa.La Colonia Tarumá fue la primera que contó con energía eléctrica en la localidad de San Vicente. Se hizo una microturbina allá por los ‘80 mientras que las actividades se pusieron en marcha desde el ‘94 hasta el 2001 aproximadamente. “Producto de la crisis del 2001 no pudimos seguir y se tuvo que cerrar”, expresaron algunos pobladores del lugar, en declaraciones a PRIMERA EDICIÓN.“No sólo se compraba maíz de la zona sino de otras colonias y la cantidad de producción semanal de harina era de 7 a 8 mil kilos aproximadamente”, recordó con nostalgia, el actual titular de la cooperativa.Toda la producción era comercializada en la zona, elaborada por el molino con característica artesanales. Movido a piedra, con motor (alemán) a gasoil que operaba un promedio de ocho horas diarias.“Lo bueno es que se podía abastecer toda la necesidad de la gente y los pedidos que había. Tampoco se hacían muchos pedidos porque la comunidad sabía de la capacidad de la máquina. Sin embargo, de un tiempo a esta parte se decidió que era necesario adaptarlo al molino con un motor eléctrico, ya que teníamos mejor energía eléctrica, lo que hizo también que aumentara el rendimiento. De 600 a 700 kilos se pasó a elaborar casi 1.000 kilos de harina cada ocho horas”, detalló Velázquez.Se trata de una cooperativa que también realiza el secado del maíz. “También contamos con un secadero que con cada secada te rinde 3.500 kilos, lo que demanda alrededor de cuatro horas para secar. Además era una oportunidad para el productor que tenía la posibilidad de guardar la cosecha en el establecimiento, ya que en las chacras también se sufre la amenaza constante de los borbojos”, advirtió el dirigente.Allí también se realizaban trabajos para terceros. Se traían maíz de otras provincias y esas personas pedían que se les haga el secado.A pesar del cese de actividades desde aquel 2001, los productores siguieron plantando maíz y otras producciones para el autoconsumo en la zona. Pero actualmente sintieron la necesidad de reactivar el molino, que se observa por estos días en un estado total de abandono, y decidieron pedir asistencia al Instituto de Fomento Agropecuario e Industrial (Ifai), que a través de un financiamiento, les dé la posibilidad de reflotar la actividad que significa para ellos más que una fábrica: un patrimonio de la localidad.Ellas presentesLa mujer también siempre tuvo un rol fundamental en cada área de la entidad, a lo largo de su historia. Mariela Pereyra (26) es la tesorera de la Cooperativa, y la que con ayuda de sus compañeros (socios) llevará adelante la difícil tarea de levantar la producción, sostenerla en el tiempo y que a su vez les resulte rentable a cada uno de los que la conforman. “Vamos a trabajar para refaccionar la infraestructura de la cooperativa. Después la idea es plantar más maíz y de esa manera poder contar con más materia prima para moler. Esta cooperativa es un patrimonio de nuestro municipio”, destacó la mujer en diálogo con este diario.




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