POSADAS. “Hasta San Martín lloró”, definió una docente de la Escuela de Adultos 68 de esta ciudad, que ayer amaneció entre cenizas. El retrato del prócer que Argentina recuerda este fin de semana largo seguía colgado en la pared, pero al caer el vidrio, que explotó por el calor del fuego, se vieron dos líneas negras de hollín cayendo de sus ojos.La imagen sintetizó el dolor de la comunidad educativa del barrio Cocomarola Oeste, que ayer se intentaba organizar para rescatar lo poco que quedó en pie en la institución que funciona en aulas de la Escuela 871.“Perdimos todo”El aula donde funcionaba la dirección -también era biblioteca y depósito de ocho computadoras, trofeos de torneos deportivos y elementos para los talleres de oficios- quedó destruida por el incendio, aparentemente provocado con nafta (encontraron un bidón en el patio).“Todo lo que tenemos lo conseguimos ‘a pulmón’, las computadoras son donaciones que conseguimos una por una, parte por parte, de docentes que ya no usan, de alguna empresa o repartición pública”, explicó a PRIMERA EDICIÓN Claudia Chávez, directora de la institución a la que asisten casi 300 alumnos.“La autogestión es la única forma de conseguir las cosas, porque en una época en que se habla tanto de inclusión, las escuelas de jóvenes y adultos son marginadas, no son incluidas en ningún programa, no reciben las netbooks, ni mobiliario, nada”, indicó Chávez.La realidad que viven docentes y alumnos de esa escuela es muy compleja y no tienen siquiera un profesional de apoyo, como psicólogo, psicopedagogo o trabajador social, necesarios para acompañar el trayecto de formación de jóvenes muy vulnerables. “Acá vienen muchos jóvenes con problemas con todo tipo de drogas, mujeres víctimas de violencias y de violaciones, muchas madres que vienen con sus bebés, chicos de trece años que habían dejado la escuela porque tenían que trabajar. Es muy complejo, pero cada año nos da mucha satisfacción saber que esa persona con la que uno habló, le ayudó a reflexionar, esté terminando la primaria o la secundaria y quiera ser una persona de bien”, destacó Chávez.“En toda la provincia hay sólo dos supervisores para 84 escuelas de adultos. Y cuando vienen a auditar, entran a las aulas y cuentan cuántos alumnos hay. Pero no saben ni les interesa saber que hay pocos alumnos porque el día anterior había llovido y se mojaron los calzados, y no tienen otro calzado para ponerse”, dijo la directora.“Es muy lamentable”El incendio lo atribuyen al “puro vandalismo”, pero sin dudas el siniestro deja al descubierto conflictos mucho más profundos en el ámbito barrial y educativo.“Hace dos años se juntaron más de tres mil firmas para tener un destacamento policial cerca de la escuela, porque esto es zona liberada, pero hasta ahora no hay noticias”, indicó una docente.El presidente de la comisión vecinal, Antonio Benítez y el vicepresidente, Víctor Alegre, quienes se acercaron temprano en la mañana para ayudar a remover restos de mamposterías y algunos muebles, indicaron que desde que se creó, en septiembre de 2009, sufrió cinco intentos de robo en que no lograron ingresar, y “este fue el más grave, no lo podemos creer”.Chávez destacó la realidad social que viven los vecinos. “Ellos fueron relocalizados, ellos se sienten excluidos de todo y es muy difícil convivir en el barrio y progresar en la escuela. Años atrás la Municipalidad hizo algunos talleres donde se logró buena integración vecinal, pero después no se siguió más, y sería bueno retomarlo”. Volver a empezarEn la escuela realizan talleres de oficios de peluquería, electricidad, corte y confección, informática y cotillón. Las ocho computadoras que usaban se quemaron. También perdieron las banderas de ceremonia y casi todos los libros de la biblioteca y manuales para los talleres. Una maestra jardineraAdemás de necesitar profesionales (psicólogo, psicopedagogo, trabajadores sociales) que puedan acompañar la formación de los alumnos (también asisten alumnos con discapacidad), la comunidad necesita una maestra jardinera que pueda cuidar a los bebés y niños de las madres que van a estudiar con sus hijitos. “Tenemos jardín, pero después de las 18 ya no funciona y los bebés quedan a cargo nuestro, los cuidamos en la dirección”, dijo Chávez, señalando una vez más que requieren una maestra jardinera. Para colaborar, comunicarse a los teléfonos (0376) 154709998 o al 154337208.




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