Anda la ciudad escapando a la noche que le tira su manto de oscuridad. La Vía Láctea derrama miel de estrellas tristes, sobre árboles de sombra, edificios de tinieblas, dédalos de calles durmientes y avenidas solitarias. Un ave enorme, negro crespón en las alas, planea sobre el microcosmos urbano.En sus evoluciones se interpone con la luna, que ansía una nube que le permita ver sin que la vean. El momentáneo eclipse proyecta la sombra blanca del pájaro oscuro, entre el paisaje nocturnal.Quiere cerrar sus ojos la ciudad como otras noches, pero ésta es distinta. El nubarrón emplumado planea como avizorando la presa. Emite un ronco graznido. Las raíces de la primaveraUn habitante noctámbulo arrastra pasos por las veredas sin flores; trae a cuestas la pregunta “¿Por qué.. por qué mueren los poetas?”El pájaro turbador de lunas contesta “porque deben alimentar con su materia las raíces de la primavera, porque tienen que cesar el verso y encontrarse con su matriz fundacional, porque deben regresar en la flor del lapacho, en el rumor del arroyo, en la ácida picadura de la hormiga, en el dulce pan de la rapadura…”. Ha muerto Marcial Toledo. Si cuando nace un poeta -alguien lo dijo-, “hay una algarabía”, cuando un poeta muere, el silencio se hace oír en su triste resonancia. Hay ecos de campanas doblando y una melodía con sordina entra por los poros hacia el alma. Marcial ha muerto y con él muere algo de Posadas, su pluma creó lo que ha de eternizarlo, el recuerdo de su don de gentes lo que sus amigos le agradecen. Cantó a Posadas y, como le resultara poco, le trajo a esta ciudad a otro poeta: Gustavo García Saraví, “él me ofreció -dijo el gran sonetista-, una canonjía en Misiones para sacarme de la misérrima situación por la que pasaba en ese momento. Me ayudó…”.Alberto Szretter decía: “Tenía -Marcial-, un fuerte sentido de la amistad y añadía: “Conozco su poesía, atrás de una fina ironía que adivina una preocupación social apuntando más que al logro de cosas materiales a un despertar de la conciencia del prójimo, para que sea más ‘él’. Para que desarrolle su personalidad, su originalidad, su libertad simple y cotidiana y se salve de la mediocridad del consumismo y la alienación”.“Eso -afirmaba el desaparecido poeta-, es lo que se desprende de su poesía, que surge clara, directa, para que todos comprendan su mensaje, escribiendo siempre desde la tierra, desde el entorno diario. Su poesía es universal”. La herencia Marcial Toledo fue un hombre que ocupó cargos en la Justicia Electoral y Federal. Murió la noche del 23 de agosto de 1991. El poeta, cuentista y novelista seguirá con ese privilegio que tienen los que buscan su permanencia en las letras, paseando por la Bajada Vieja, por los senderos de la avenida Corrientes, por la costa del río padre. Él se ha ido. Nos deja su herencia. Sus libros. Decía Azucena Godoy: “‘La tumba provisoria es lo que es’, ‘El inventario sin luna’, está sin Luna pero ‘La hoja de esta hierba’ (Walt Whiyman), de tu poeta poeta preferido nos reitera que la muerte no existe. Los poetas venimos con el corazón caliente y nada más”. “En resumen el cuerpo es el río, la vida un alto del viajero; la meta es el olvido, y vos Marcial también has llegado tarde… Nos queda tu palabra”. Homenaje dobleEl texto precedente se publicó hace 23 años en la portada del primer ejemplar del Suplemento Cultural de PRIMERA EDICIÓN, por lo tanto el homenaje es a Marcial Toledo en el recuerdo y a nuestro diario por entrar en la semana aniversario (23 jóvenes años). Homenaje a Marcial Toledo Poeta, escritor, editor Dueño de la Librería Moira • Escribió y publicó poemas, cuentos y una novela. Presidió Marcial Toledo la Sade de Misiones durante varios años y fue gestor de la revista “Mojón A” de la entidad. “Una larga y penosa dolencia”, eufemismo por la enfermedad que clava sus garras -”un negro pájaro que eclipsa la luna”-, hasta vencer, lo llevó de las calles de Posadas a dimensiones desconocidas. No pudo ver la primavera, pero ha de retornar para encontrarse con “su matriz fundacional en la flor del lapacho, en el rumor del arroyo, en la ácida picadura de la hormiga, en el dulce pan de la rapadura…”La poesía es eternidad. Los poetas lo saben -Marcial también-, por eso no mueren. “Tienen el corazón caliente nada más“, dijo Azucena Godoy.




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