POSADAS. A medida que pasan las horas se conocen más detalles escabrosos del procedimiento policial que derivó en la muerte del trabajador de la construcción Carlos Raúl Guirula, golpeado hasta morir durante la madrugada del 19 de julio pasado. Ahora se sabe que los uniformados, al menos aquellos que tuvieron una participación directa en la brutal golpiza, no sólo se excedieron en sus funciones sino que actuaron con un desprecio total por la vida, aquella que juraron proteger en la interminable lucha contra el delito.La situación procesal de la oficial es cada vez más complicada. No sólo sus camaradas la señalaron como principal responsable, también los testigos del hecho, durante la reconstrucción ordenada por el juez Marcelo Cardozo, la sindicaron como la persona que pateó en la cabeza a Guirula cuando estaba esposado. En las últimas horas se conoció otro tétrico detalle que la involucra: en un momento dado, el celular de Guirula comenzó a sonar cuando ya estaba en la Decimotercera; sin pensárselo dos veces, la mujer policía lo apagó y lo escondió en su oficina, donde posteriormente apareció envuelto entre sus pertenencias.Además, ayer trascendieron algunas frases que habría lanzado en el playón de la comisaría Decimotercera, que dejan al descubierto su absoluta indiferencia por la vida de quien debió haber custodiado, más allá del supuesto estado de embriaguez e irritabilidad en que se encontraba.Cuando la comitiva arribó a la dependencia policial ubicada en la chacra 241, un agente le dijo a la mujer policía: “Oficial, éste se durmió”, a lo que ella respondió: “Seguro, si está en pedo. Andá a buscar un balde y tirale agua”.Pero no acabó allí. Otro policía se percató de que Guirula tenía los labios negros y sangraba por la nariz. Alertó de la situación a la responsable del procedimiento y la respuesta fue: “Que se joda por pelotudo”.Entonces, el policía comenzó los trabajos de reanimación a la víctima, que se extendieron sin éxito por espacio de quince minutos. El hombre que trató de reanimar al albañil habría sido el mismo que, minutos antes, le había arrojado gas pimienta a los ojos.Pero para la Justicia, la oficial no pudo haber provocado sola semejantes lesiones al trabajador de la construcción. La autopsia confirmó que la víctima tenía nueve costillas rotas, politraumatismo de tórax, hemotórax, insuficiencia respiratoria y traumatismo de cráneo con edema cerebral.En ese sentido, otro de los más comprometidos sería un oficial del Comando Radioeléctrico que, al parecer, se paró sobre la espalda de la víctima, desde que la sacaron del motel y hasta la comisaría seccional Decimotercera. “Es un bugre, tiene que sufrir”Esa fue la frase que habría lanzado el policía que viajó sobre la espalda de Guirula, desde el motel y hasta la comisaría 13ª, cuando dos camaradas le recriminaron su accionar y dijeron que parase.Junto a la oficial a cargo del procedimiento, aparece como uno de los más complicados.El juez Marcelo Cardozo se tomará un tiempo prudencial para resolver la situación procesal de los once policías involucrados en la causa, dos de ellos sospechados de encubrimiento.Por ahora, nueve seguirán detenidos en averiguación del hecho.




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