El milagro se dio, pero algo falló. Cristian Knack, agonizante en el hospital Madariaga, alcanzó el nivel de lucidez necesario para contar qué sucedió la noche del 25 de mayo pasado en su casa del kilómetro 6 de Panambí.Pese a que días antes hasta los medios barajaban la posibilidad de que pudiera hablar, no se optimizaron los recursos para que su relato fuera judicializado, con la presencia de la jueza o de algún funcionario judicial que pudiera dar fe del mismo.Producido el deceso, la Justicia se apuró a incorporarlo a través de aquellas personas que estuvieron en la habitación del nosocomio estatal y habrían escuchado sus palabras. Claro que no es lo mismo y esto lo sabe hasta un estudiante inicial de Derecho. Uno de esos testigos fue una enfermera, quien ya compareció en el Juzgado de Instrucción 1 de Oberá. Pero no habría sido la única. Junto a ella habrían estado el jefe de Policía, Héctor Munaretto; el jefe de Homicidios de Oberá; el ministro de Salud, Oscar Herrera Ahuad; y hasta el subsecretario de Seguridad de la provincia, Julio Lenzken.Fuentes consultadas por PRIMERA EDICIÓN indicaron que, más allá de la poca voluntad de la magistrada en presenciar las distintas instancias procesales (hay que recordar que tampoco concurrió al escenario de la masacre), se habría tratado de una jugada política con Gauchat fuera de escena.“Se habrían querido llevar los laureles en una causa terrible, en la que debería primar la administración de Justicia y no las apetencias personales”, confió a este diario una fuente cercana a la institución policial.Cristian habló, pero aún falta mucho para cerrar la investigación.Dicen que habría brindado datos concretos respecto del exprefecturiano, que solía concurrir al aserradero de su padre para comprar machimbre en un camión Mercedes Benz.Ese vehículo, según la Policía, era conducido por un suboficial del Ejército argentino, de apellido Bueno, quien finalmente fue detenido e imputado en el hecho.Ayer, sus familiares se manifestaron frente al Juzgado de Oberá exigiendo la liberación del militar. Por el momento es poco probable que ocurra, pero no imposible.Habrá que ver qué decide la Justicia; si aguarda el resultado de las pruebas de ADN o le concede la excarcelación antes de esa instancia.Quizás, en aquella reunión con Cristian en el hospital público, quienes estuvieron allí esperaban que el muchacho pudiera identificar a alguno de los asesinos, pero esto al parecer no ocurrió.El muchacho se lo había dicho a Rubén Lago y las personas que lo acompañaban camino a Oberá, la noche del 25 de mayo pasado: él no pudo reconocer a los atacantes porque todos llevaban pasamontañas.La Justicia trabaja con el objetivo de establecer la conexión de los cuatro imputados entre sí y con el lamentable episodio, que conmovió a la provincia.En el expediente no aparece ninguna otra hipótesis respecto del supuesto móvil del hecho que no sea la de homicidio criminis causa. Es decir, mataron en forma macabra a Carlos Knack, su esposa Graciela y los hijos Bianca y Cristian para ocultar el robo de los 360 mil pesos.No está claro si los criminales son profesionales, pero no hay dudas de que son despiadados, crueles, bestiales.¿Pueden profesionales perpetrar un robo con medias tipo can-can cubriéndoles el rostro? ¿O ingresar a una casa con un revólver calibre 32 que no se sabe si es apto o no para el disparo?¿Puede un ladrón cualquiera atar, golpear, rociar con combustible y prender fuego a cuatro personas inocentes que, probablemente, clamaban misericordia?¿Puede un delincuente mirar a los ojos de una niña de doce años y quemarla viva? ¿Cómo se duerme con algo así en la cabeza?Son preguntas que los investigadores, seguramente, intentan descifrar para arribar a una conclusión. En este orden de cosas, no es descabellado pensar que los acusados puedan ser sometidos a una junta psiquiátrica.Mientras la Justicia aguarda el resultado de las pericias genéticas, remitidas a un laboratorio de Capital Federal, los abogados defensores arman las estrategias para desligar a sus clientes de uno de los hechos más macabros en toda la historia de Misiones. Carlos Knack, su esposa Graciela y los hijos de ambos, Bianca y Cristian, fueron brutalmente golpeados, rociados con alcohol y quemados en el interior de su propiedad, la noche del 25 de mayo pasado.Los criminales se llevaron la suma de 360 mil pesos que, horas antes, Cristian había traído de Corrientes, donde se encontró con un empresario maderero de Buenos Aires.En el interior de la casa de la familia quedaron desparramados, entre el fuego y la sangre, cinco cheques por algo más de cien mil pesos.Daniel Oses, en su declaración testimonial, aseguró que eran los cinco cheques que entregó a Cristian en la localidad correntina de Cuatro Bocas.




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