JARDÍN AMÉRICA (Por Marcelo Galeano y Nicolás Maradona). Carlos Ramón Helin ocupó la portada de las crónicas policiales en enero de 2013. Aquel mes protagonizó un caso increíble, el crimen de Liliana Elizabeth Falcón; una historia con matices propios de un policial de Hollywood. El tarefero, de 40 años, se vistió de detective, ante la insólita indiferencia de los detectives de verdad, y resultó clave para resolver el homicidio.En aquella ocasión prestó una ayuda desinteresada, pese a que nunca tuvo mucho, y ahora necesita un mismo gesto, sobre todo de aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo, llámese Estado -provincial o municipal- o Gobierno.Era el 13 de enero de 2013 cuando Narcisa Isabel cocinaba y observó que un hombre pasaba frente a la casa. Llevaba una bicicleta y en la parte de atrás, un cajón de manzanas con un niño durmiendo, con medio cuerpo afuera.Ese hombre era Santiago Dávalos, pero nadie lo sabía. Y menos aún lo que había hecho.Era domingo y la primera que intuyó algo extraño fue la suegra de Helin, que lo conocía de Jardín América. También sabía del maltrato al que sometía a la esposa.Y como mujer de campo, se lo hizo saber sin pelos en la lengua: “¿Y vos qué andás haciendo por acá, seguro que mataste o pegaste a tu mujer?”, le espetó.Dávalos, que había mentido al decir que Liliana Elizabeth lo había abandonado por otro hombre, con el que supuestamente viajó a Buenos Aires, se hizo del desentendido y susurró: “se habrá confundido”.El tarefero dejó que el hombre y los dos hijos, de dos y siete años, se quedaran con su familia, pero le advirtió que debía buscar trabajo.Los días pasaron y Dávalos se mostraba inquieto. Parecía saltar del asiento cuando pasaba algún vehículo por la zona y no se separaba de sus hijos. Y no justamente por ser un buen padre.Tenía temor, a pesar de que los había amenazado, sobre todo al mayor, de que contaran lo que había hecho.Helin y su esposa intuían que algo andaba mal. Sentían que el corazón se les destrozaba cuando veían que el nene, de siete años, se sentaba y recostaba contra la pared para llorar en silencio.El viernes siguiente, 18 de enero, fue clave. Por presión del dueño de casa, Dávalos se vio obligado a salir en busca de trabajo.Esa noche, Narcisa Isabel llamó al niño aparte y lo indujo a contar qué había sucedido con su madre. “No tengas miedo, Santiago salió y no va a venir”, le habría dicho.Entonces el menor se quebró y contó todo. “Santiago mató a mi mamá”. Así comenzó el relato.Esa misma noche, Helin, después de infructuosos intentos, por la ubicación geográfica de Puerto Menocchio, logró comunicarse con la Policía y alertarla del hecho.Al rato llegaron seis hombres, vestidos de negro, con los rostros cubiertos y armas largas, como si intentaran detener a un capo narco.Como el homicida no estaba, los policías hablaron con el niño, quien repitió lo que vio con sus propios ojos, y anunciaron su partida.“Mañana venimos temprano, lo juntamos al chico y vamos a buscar el cuerpo”, habrían dicho antes de retirarse.Preocupado por su seguridad pero sobre todo por su familia, Helin les dijo que el sospechoso volvería en cualquier momento, pero lo paralizó la respuesta: “reducilo y llamanos que nosotros venimos”.Pero más insólito resultó que al día siguiente, es decir el sábado, los policías no volvieron.Y no lo harían hasta el descubrimiento del cadáver, el domingo 20 de enero de 2013.Justamente, este día, Dávalos regresó a la casa en Puerto Menocchio. Se mostraba más desconfiado que nunca. Y peor aún cuando vio que Narcisa Isabel se alejó unos cien metros con el celular en la mano. Intuyó que intentaba comunicarse con la Policía y no se equivocó. Entonces se paró, tomó de la mano al hijo de dos años y comenzó a caminar por la propiedad. Como quien no quiere la cosa, se acercó a la casa de los suegros de Helin y les preguntó: “¿por las dudas no anduvo la Policía por acá?”. La respuesta, hasta inocente, lo terminó por movilizar: “Sí anduvo y te buscaba a vos”.El hombre intentó llevarse a los chicos, pero Helin se plantó: “Si te querés ir, andate solo. Pero los chicos se van a quedar acá”.Dávalos se fue y el dueño de casa salió tras él, para evitar que escapara. Mientras la mujer hacía redoblados esfuerzos para comunicarse con la Policía. Y lo logró. Pero le dijeron que se comunicara con Urquiza, como si en la zona fuera sencillo.Entonces Helin, su esposa y el nene que presenció el homicidio se lanzaron a resolver el caso por su cuenta. Caminaron más de diez kilómetros y en el camino, hasta se cruzaron con un hermano mayor del pequeño.Así continuaron camino hasta Naranjito y lograron su cometido. Hallaron el cadáver con la valiente guía del niño de siete años. No aporta nada detallar las condiciones en que estaba el cuerpo.Helin regresó solo hacia la comisaría de Jardín América y logró, en su tercer intento, captar la atención de los uniformados. Hubiera sido el colmo si ocurría lo contrario, materializado el hallazgo de la víctima gracias a la labor y compromiso de un tarefero que hizo de detective en un caso que deja al descubierto lo que no debe hacer la Policía. Dávalos escapó pero el 21 de enero fue arrestado. Se escondía en un pinar de Santo Pipó, cerca de Gobernador Roca. No opuso resistencia. Quizás por eso que dijo su hijo: “él con las mujeres nomás es guapo; con lo hombres no”. Topada difícil que necesita de solidaridadA doce días del fallecimiento de su esposa, Narcisa Isabel Silvero (34), tras la cesárea en que trajo al mundo a su octavo hijo, Helin se enfrenta a una topada difícil: la crianza de ocho hijos, de los que solamente una es mayor de edad. Desde el año pasado estaban radicados en Jardín América. Allí alquilaron una casa en calle Colombia 797. La renta de esa vivienda la afrontaban con la pensión no contributiva que percibía la mujer, pero ahora el tarefero desconoce qué sucederá con ese dinero, porque al fin de cuentas ahora tiene más de siete hijos.Al menos hasta ayer al mediodía ninguna auto
ridad, municipal o provincial, se había acercado a tenderle una mano, en un Gobierno que se dice popular.Helin quiere trabajar, pero el sueldo como tarefero no alcanza a llenar la olla los treinta días del mes.En una entrevista mantenida con este Diario reconoció que le ofrecieron una casa del Iprodha, pero la rechazó. “No puedo afrontar el costo de las cuotas”, se sinceró antes de entrar en compromisos.En este sentido indicó que “ojalá puedan ofrecerme una de las viviendas que se construyen para los tareferos cerca de acá, son alrededor de 48 que están en su última etapa”, señaló.Helin recurrió también a la solidaridad de la gente y agradeció a los que ya le han acercado pañales y otros elementos para el recién nacido.




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