Los salvadoreños acudirán el domingo a las urnas, en segunda ronda, para ratificar en el gobierno a la ex guerrilla de izquierda, favorita en todas las encuestas, o volver a la derecha, para enfrentar los problemas de pobreza y violencia pandillera que los agobia.Tras llegar al poder en 2009 con un moderado, el periodista Mauricio Funes, primer presidente de izquierda en la historia del país, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) apuesta ahora al ex comandante guerrillero Salvador Sánchez Cerén para seguir otros cinco años en el gobierno de este pequeño país centroamericano.Sánchez Cerén, de 69 años y actual vicepresidente del país, enfrentará al alcalde de San Salvador, Norman Quijano, de 67 años, quien aspira a devolver a la derechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) el poder que ejercía desde hacía más de dos décadas hasta ser desbancada por el FMLN.En la primera vuelta del 2 de febrero, el FMLN obtuvo un 49% de los votos, diez puntos arriba de Arena, pero requería 50% más uno para evitar el ballotage. Ahora va como claro favorito. En las últimas encuestas, de hace diez días, la de la Universidad Centroamericana (UCA) le da un 56,2% contra un 41,8% para Arena; y la Universidad Tecnológica un 54,9% frente a 45,1%.Arena quedó dividida desde la derrota de 2009, que atribuyó al expresidente Antonio Saca (2004-2009) -luego expulsado-. Como candidato de una coalición de centro-derecha el ex mandatario obtuvo en la primera ronda 11% de los votos, que el FMLN busca atraer.Pero Quijano confía en “remontar” pronósticos y alianzas tras hacer cambios en su campaña, como moderar su discurso sobre las pandillas, antes de “mano dura”.Los ataques que enfiló contra el FMLN acusándolo de pactar con delincuentes -en referencia a la tregua que mantienen desde hace dos años las pandillas-, Arena los dirigió esta vez aprovechando la coyuntura de Venezuela.No obstante, Quijano llega a los comicios golpeado por el caso de su ex asesor de campaña, el expresidente Francisco Flores, investigado por el destino de 10 millones de dólares donado por Taiwán en su gobierno (1999-2004).Hace dos semanas, Arena lo separó temporalmente de sus filas. Pero ya el “factor Flores”, según el rector de la UCA, Andreu Oliva, ha pesado en esta campaña y es un “lastre” en contra de Quijano.Tras la cruenta guerra civil (1980-1992), El Salvador pasó a sufrir la violencia de las pandillas -10.000 miembros están encarcelados y otros 50.000 en las calles-. La tregua entre la poderosas Mara Salvatrucha y Barrio 18 bajó los homicidios de 14 a 6,8 por día, pero persisten las extorsiones y otros actos delictivos.Sin hablar de la “tregua”, Sánchez Cerén promete impulsar programas de reinserción social para quienes dejen de delinquir, y poner “punto final” a las extorsiones y la impunidad.Quijano advierte que “eliminar a la delincuencia es lo más urgente”, pero dejó atrás su slogan de un “país libre de pandillas” y ahora promete no llevar “más violencia (represión)” y ofrece invertir en prevención y rehabilitación.El presidente que asumirá el 1 de junio deberá también lidiar con una economía que en 2013 se desaceleró al crecer apenas 1,9%, en un país con 40,7% de sus 6,2 millones de habitantes en pobreza y ultradependiente de las remesas (unos 4.000 millones de dólares) que envían los salvadoreños en el exterior (16% del PIB).





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