POSADAS. Los cincuenta años que realizó de aportes a las cajas jubilatorias nacional y provincial, sirvieron poco. Telmo Bazán, que hoy tiene 76 años, percibe un haber de miseria: $1.700 aproximadamente. Unos 300 pesos más que siguen tornando insuficiente el monto para que este jubilado del Instituto de Previsión Social de Misiones (IPS), pueda costear el tratamiento médico por los problemas de salud que lo aquejan.A mediado de diciembre, el nombre de Bazán recorrió los medios de todo el país, al “donar” su jubilación de entonces (1.410 pesos) al gobernador Maurice Closs en una acción cargada de ironías.Casi tres meses después, deteriorado aun más en su salud, Bazán sigue buscando una explicación en los despachos oficiales, por los que peregrina sin encontrar respuestas y muchas veces a los funcionarios; ya que no puede pagar un abogado que accione contra el Estado para agilizar una mejor remuneración.La semana pasada, Bazán estuvo por el IPS -en sus habituales recorridas-; como no funcionaba el ascensor debió subir y bajar cuatro pisos; y aseguró que “no encontraban mi expediente”. Es decir, en el gobierno de Maurice Closs, la solidaria reacción nacional con Bazán no mereció accionar para “mejorar” los últimos años de vida de este jubilado misionero.“Lo único que veo son ceros”En visita a PRIMERA EDICIÓN, Bazán aseguró que “hasta ahora no me han dado respuestas. Lo único que me han dado son dolores de cabeza porque, a pesar que la nota está presentada hace tres meses, no me dieron respuesta ni solucionaron mi tema. Evidentemente hay un error (en la liquidación)”, expresó apesadumbrado este jubilado que supo abrir caminos de asfalto, en las distintas localidades donde sólo había tierra colorada.Respecto de su delicada salud, Bazán dijo que no quiere “hacer movimientos raros e ir a quejarme todos los días porque van a conseguir matar a un viejo más”.Consultado por este diario respecto a cómo se arregla para subsistir mes a mes con 1.700 pesos, con voz entrecortada por la emoción, afirmó: “Tengo la suerte de tener una compañera muy trabajadora, que me ayuda mucho. Yo estoy prácticamente al margen de todo. No puedo pagar impuestos, no puedo mantener un vehículo. Ahora me llevaron a $1.700 y eso es una risa. ¿Quién no tiene un crédito bancario? Yo no soy la excepción. Al descontarme el crédito lo único que me da el cajero son todos ceros”.Cuando decidió “donar” su haber de diciembre (el primero) a Closs, este jubilado obereño le advirtió al Gobierno (especialmente al IPS) sobre la necesidad de una rápida solución por su salud. “Acá parece que tenemos androides: tienen figuras humanas pero son ogros”, definió.“El desencanto espiritual que tengo es precisamente por mi obra como trabajador. Vine cuando en Misiones el asfalto estaba en Santa Ana. Trabajé sábados, domingos trayendo maquinarias para hacer caminos hasta Iguazú. El Estado me incorporó por ser eficiente y nunca robé. No tengo un día perdido de trabajo ni con llamados de atención. Mi padre me enseñó a vivir con lo de uno, no con lo ajeno”, dijo.Telmo se solidarizó “con lo que pasa en la plaza con los pobres maestros, es lastimoso. Hay docentes con bastón que no pueden ni caminar. En mi caso, mi señora cobra la mitad de lo que debería después de trabajar en medio de las colonias donde podíamos apenas llevarle un poco de carne y de hielo una vez por semana. Lugares donde no había ni luz”.“Falta humanismo”Sobre las idas y vueltas, las recorridas que debe realizar, concluyó que “hace falta humanismo. El jubilado merece el mayor de los respetos. Hasta hoy los jubilados siguen manteniendo a los jóvenes sin trabajo, están ayudando a hijos, nueras a criar nietos. Muchos siguen trabajando. Antes se los respetaba por todo su esfuerzo de años de trabajo. Somos viejos pero no cadáveres, nos tratan como descarte. El Estado parece que nos trata como máquinas que si no producimos no somos nada”.





Discussion about this post