POSADAS. Estos pocos días frescos no alcanzaron aún para hacer superar los malos recuerdos acumulados por los misioneros (y argentinos) en lo que va de este verano, el más caliente y prolongado desde que se iniciaron los registros en el país, en 1906. Los días de diciembre y enero se transformaron en un infierno para la mayoría de los argentinos que sufrieron además cortes permanentes -y algunos prolongados- del servicio de energía eléctrica. En varios barrios residenciales de la Ciudad de Buenos Aires, así como en la Provincia de Buenos Aires, se produjeron cortes de electricidad durante más de diez días. Muchos pasaron la Navidad y Año Nuevo a la luz de las velas que, por si fuera poco, fueron la causa del aumento de incendios domiciliarios. También hubo cortes en Córdoba, Rosario, Tucumán y en otras provincias. En Misiones, los cortes de electricidad más largos ocurrieron en Garupá, Iguazú, Oberá; pero en Posadas tampoco faltaron -y siguen- las interrupciones del servicio eléctrico y los cambios abruptos de tensión. Que levante la mano quien no hayan pasado en vela parte o toda una noche, lidiando con los mosquitos y el agobiante calor, a la espera que regrese la electricidad. Calculando cuánto de sus alimentos se echaron a perder, cuánto dinero perdió en llenar la heladera o el freezer. El impacto en la salud A la ola de calor y al inestable servicio de electricidad, se sumaron las lluvias y tormentas eléctricas. Un combo que los argentinos debimos digerir junto a la devaluación del peso, el depreciación de los ingresos de los trabajadores, la inflación y la incertidumbre sobre la economía nacional. Un cóctel de verano que, según los expertos, está impactando en la salud de la población, con un aumento del nivel de estrés y la falta de descanso, lo que puede incrementar los factores de riesgo para todo tipo de patologías. Sobre esta cuestión se refirió el director del Centro de Investigaciones Médicas en Ansiedad (Ima), el médico Enzo Cascardo. “Las vacaciones son necesarias porque el corte tiene una función reparatoria. Cuando no se descarga el estrés por la manija que uno se sigue dando, el cuerpo continúa sobrecargándose y luego el estrés puede convertirse en un factor de riesgo, por ejemplo, de cardiopatías”, indicó. Agregó además que “todos los trastornos de ansiedad se disparan en situaciones estresantes y de incertidumbre. En este caso, si tenés luz hoy pero no sabés si vas a tener mañana, si no sabés cómo va a estar el dólar cuando cierre tu tarjeta, si tenés miedo de ir a la playa por el tema de los rayos, no sólo se genera el estrés per se sino que en personas predispuestas puede desencadenar un cuadro de ansiedad generalizada”.Vivir con incertidumbre Si algo caracteriza a este verano en Argentina es que nadie sabe qué más puede pasar. Su sello es la incertidumbre. Quienes en enero se fueron de vacaciones al exterior y pagaron todo con tarjeta, se encontraron a su regreso con que el dólar oficial había subido y el impuesto del 35% nunca bajó. Los que esperaron para sacar sus pasajes creyendo que del impuesto del 35% se volvía al 20% se quedaron esperando. Y los que se quedaron -los que ni siquiera tienen la posibilidad de veranear fuera de sus casas- debieron lidiar con la adrenalina producida por la inflación. Una pregunta es cuánto tiempo puede lidiar una persona sana los avatares del calor infernal, la falta de electricidad, el mal dormir, la inflación y la incertidumbre económica. Otras giran en torno a qué pasará en el futuro si las temperaturas extremas recién comienzan a afectar a la población mundial como la punta del ovillo del cambio climático; si se harán las inversiones necesarias en el servicio de energía eléctrica argentino para que de abasto a una demanda cada vez mayor; si el país logrará estabilizar su economía. Para algunas de estas cuestiones hay respuestas y no son alentadoras.




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