POSADAS. “Augusto Tito Busse se fue el lunes. La abstracción que fue su nave anillo de capitán Beto se lo llevó a puertos que encontraremos en otras vidas. Y tal vez amarremos y lo hallemos pintando ahí nomás, transformando las naves en enajenamientos que al mismo futuro le costará develar”.Pintor y dibujante autodidacta; nació en Santa Fe, pero en 1955 eligió a Misiones como su hogar definitivo y la tierra en la que iniciarse en la pintura, por lo que se consideró afectiva -y efectivamente- misionero.Hasta no hace mucho, a “Tito” fue posible encontrarlo en su último atelier, en la céntrica esquina de Bolívar y San Lorenzo, donde detrás de ventanales seguía pintando y pintando, pegándole la mano de blanco, ese blanco que luego perdería su homogeneidad, a medida que su capacidad creativa avanzaba e invadía con su mundo abstracto. Busse fue en los inicios de su carrera un animador central de la “movida” que en 1969 -por ejemplo- se desarrolló en la plaza 9 de Julio, referida a la idea de “arte popular en las calles”, no al estilo artístico, junto a “Colorín” Otaño, Marta Maciel, Beatriz Lisboa, Juan Carlos Solís y muchos otros. Y quienes siguieron su obras guardan en sus retinas sus “dibujos y pinturas de la Bajada Vieja o las tradicionales ‘villenas’, en luminosos tonos pastel, la línea elegante y sensible de sus desnudos femeninos o, más tarde, ya en la madurez artística, su reflexión-recreación meditativa y sintética del pasado jesuítico”. “Un día -reflexionó Busse en una entrevista con PRIMERA EDICIÓN- mirando mis pinturas, pensando, me di cuenta de que lo que tienen en común es que tratan del origen, el motivo, humano, histórico, desde las mujeres desnudas -porque venimos de las mujeres- a las piedras de las Misiones, lo místico, la religión, lo étnico, la Bajada Vieja. Todo esto que tenía en mi conciencia y no me daba cuenta, era una búsqueda del origen; de lo que no se puede alcanzar”.Después de todo, él mismo lo dijo: “La pintura no es algo estático ni una reproducción de la realidad, el trabajo del artista tiene que ser más jugado, no es el realismo fotográfico, en el que la mirada es la de la máquina. Yo creo en la mirada propia, y la mía no es una pintura descriptiva; creo que hay, de alguna manera, formas que movilizan a las personas. Después de todo, la pintura no está hecha para gustar, sino para ser”.Años al lado de la pinturaAllá por 1964, Busse comenzó a exponer sus obras en muestras individuales y colectivas, con las que obtuvo numerosos premios y distinciones, es así que sus pinturas se encuentran en importantes colecciones públicas y privadas de Argentina y el exterior.En ellas exploró como pocos el espacio y el color misioneros, su historia y su gente. Y, según él mismo explicó, “nunca pinté naturalezas muertas”, pues la pintura es fundamentalmente vida.Tito partió para siempre, pero donde esté seguramente será frente a un lienzo, en el que las cascadas y saltos de Misiones descienden nocturnos, geométricos, brillantementes, iluminados por los destellos de una luna que se niega a dejar las nubes.





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