POSADAS. Con las gradas colmadas hasta en los pasillos y mucha gente que se acomodó como pudo en los distintos sectores del predio del anfiteatro Manuel Antonio Ramírez, la noche dio comienzo con el grupo Araukaria que lidera Roberto Caminos, hijo del ausente pero recordado César Caminos, el “último festivalero”. Luego vendrían los ganadores de la preselección como solista vocal y canción inédita -nos ocuparemos de ellos en otras líneas-, la cantante libreña Gisela Méndez Riveiro, muy aplaudida; el gran arpista paraguayo Francisco Giménez; y la presentación del Ballet Oficial dirigido por Luis Marinoni, en este caso con la participación muy especial de Karoso Zuetta y Nerina Bader aportando su poético y musical caudal a la obra coreográfica. La pieza constituyó un magnífico despliegue, tal como se esperaba por el título: “Fauna y flora de la selva misionera”, de manera que aparecieron en escena coatíes, monos, yaguaretés, loros, tucanes y hasta un “simpático yacaré”. Entre toda esa fauna brillaron las apariciones de Nerina y las canciones de Karoso, quienes al final saludaron al público junto a Marinoni, siendo ovacionados. El “talento argentino” Diego Gutiérrez (de Itá Ibaté, Corrientes) cosechó otra de ellas y el pedido de bises. Acompañado por un buen grupo, este joven ejecutante del bandoneón interpretó varios temas muy aplaudidos, pero en un momento de su actuación tocó a la manera de Ildo Patriarca en acordeón, con la mano izquierda Kilómetro 11 y con la derecha La Calandria. El reconocimiento del público no se hizo esperar. Presente Tupá -ex trío Laurel-, con su humor y su musicalidad siempre con el mismo buen nivel (el cambio fue sólo de nombre); los Menchos del Chamamé; el canto y la música de Fabián Meza y su nuevo conjunto, haciendo bailar a la gente; el debutante Jorge Ratoski entregó la música de la colonia y Tché Barbaridade fue la presencia brasileña en el Festival del Mercosur. En la noche de cierre del Festival Nacional de la Música del Litoral se demostró que si las anteriores jornadas habían llenado por completo el anfiteatro, para la del cierre aún podría entrar más gente. Y tuvieron que cerrar las boleterías porque se terminaron las entradas. La entrega del ChaqueñoLos años no pasan solos, por eso es mayor el mérito de la entrega de este artista a quien cupo hacer el cierre de un evento que ha crecido muchísimo. A partir de las 2.18 de la madrugada del lunes, Oscar Esperanza Palavecino, ex chofer de la Veloz del Norte cantó un repertorio que parecía haber sido adecuado al nombre del festival. Chamamés, chamarritas, rasguidos dobles, galopas (una de su autoría que dedicó a Misiones y estrenó aquí en años anteriores), descansando sólo cuando sus músicos interpretaron una hermosa versión de la legendaria polka paraguaya “Isla Sacá”. Conversó con el público, leyó los saludos expresados en los carteles, se sorprendió con una bandera de Bolivia (¡ Grande Ismael Menchaca!), y se emocionan él y uno de sus músicos hasta las lágrimas con otro que decía “Embarcación”, localidad de Salta en el límite con Formosa, departamento Tartagal, tierra natal del cantor. Luego llama “a los que quieran bailar zamba, dos chacareras y gato” y arranca con la música del norte con el escenario lleno de parejas (del público). Se enoja con los que no tienen pañuelo para bailar la zamba (¡Bien! Si bailan zamba que la bailen bien), y les dice que “si no han traído pañuelo que se saquen los calzones”. (Risas populares generalizadas). Entregó éxitos como Don Amancio y varios más que bailaron en la tribuna… Saludó a María Aurelia decepcionándose al preguntarle “¿Tenés dueño vos?” y la conductora dijo “sí”, entonces exclamó “¡Ah no, yo no me meto en trampas!”. Y volvía a cantar mientras el aplauso crecía y el reloj marcaba las 4.20…)(E.A.)





Discussion about this post