Por Esteban [email protected] POSADAS. Este año es un año especial para recibir al Festival Nacional de la Música del Litoral. Se ha empezado temprano con la difusión. Hay entusiasmo y todos en la ciudad hablan de este espectáculo que tiene como contenedor el anfiteatro que surge en medio de un entorno que pocos escenarios del país poseen.Plantas y árboles añosos conforman una verde vegetación que crece en una suerte de cerrillo, desde donde se puede ver de día el río Paraná en toda su magnifica presencia, la costa de Paraguay al frente y un poco más lejos el puente internacional San Roque González de Santa Cruz. Los amores de la Luna y el SolPor las noches se adivina el lecho fluvial en el reflejo argento de Yacy como una pandorga de plata que se levanta desde la margen paraguaya más allá de Pacú cuá y con un hilo oculto en la noche – desde el refugio de los duendes -, se remonta hasta descansar sobre el anfiteatro. Hubo madrugadas que en el escenario el espectáculo avanzaba y en el cielo Kuarahy comenzaba a levantarse y a seguir el mismo camino que su inalcanzable amada Yacy. El crepúsculo matinal ornaba el ámbito del festival y el telón de los últimos aplausos caía, cuando el día ya era claro. Difusión y floración adelantadaEste año se ha publicitado temprano al Festival. Y la ciudad, la bella Posadas, desde su alma de historia y paisaje se ha asociado. Los rojos chivatos de las avenidas se adelantaron un mes en su floración; los azules jacarandás se demoraron un mes en florecer y junto a otros árboles de flores amarillas, desde lo alto de su envergadura, saludan la llegada del festival y a quienes en su condición de público o artistas, van llegando a la ciudad de Posadas. Pocos son los festivales que reúnen junto a una estructura especial para esos eventos una ciudad florida, colorida por calles y avenidas y en la noche de la canción, el baile y la música, un cielo inolvidable con estrellas que salen a reflejarse en el río “pariente del mar”. Con la luna plateando la postal de la costanera de la parte baja del anfiteatro y del parque de la parte superior, donde el aroma de los choripanes puebla el aire. Y ya es de nuevo la fechaDesde hoy hasta el domingo un corazón de bombos repiqueteará en chacareras. Con certeza, la dulce melodía de las galopas romantizará el ambiente. Una verdulera arrancará de sus entrañas un chamamé bien maceta; las zambas sacarán los pañuelos en los arrestos y entre todos renovarán recuerdos y nostalgias de los mayorcitos de la tribuna. Y amores sin luna ni solEntre los jóvenes –hay veces en que todos somos jóvenes -, puede – y suele -, suceder que en el entusiasmo de un palmoteo o por el encanto de una melodía, algunas manos se crucen, algunos rostros se rocen anhelantes. Y tal vez un poncho caiga sobre los fríos hombros de una compañera, como manto de discreción para el beso que nace, como nacen los amores en las noches del festival. Y si alguien sabe de alguna cosa así, que le haya sucedido a él o ella o a alguna otra persona: por favor no se asombren, es la magia del festival.La misma que enciende las antorchas o levanta los pañuelos blancos saludando a los artistas. La misma mágica sensación que se vive en Posadas en la semana del Festival Nacional de la Música del Litoral. El sueño del poeta¿Por qué el anfiteatro lleva el nombre de Manuel Antonio Ramírez, un periodista y poeta que murió trágicamente y joven?Se recuerda en Posadas que el arquitecto que preparó los planos del anfiteatro, lo hizo para que en él se jugaran los partidos de un campeonato nacional de básquetbol. Cuando finalizó la construcción, lo que ahora es el escenario del festival, era la cancha y las tribunas eran sólo eso, escalones para contener a hinchas del baloncesto que venían de, al menos, quince provincias argentinas. Los que siempre preguntan “y después, ¿qué?”, tuvieron una oportunidad muy precisa para cuestionar. Y los que siempre cuestionan los nombres de los lugares se preguntaron “¿porqué el nombre de un poeta para un lugar para jugar al básquet?La respuesta está consultando a antiguos vecinos. Uno de ellos señaló que Ramírez era muy amigo de Carlos Contristano, el arquitecto que fue el diseñador y constructor del hábitat natural del Festival Nacional de la Música del Litoral y que muchas veces cuando el lugar de su emplazamiento era sólo un baldío, Ramírez le dijo a su amigo constructor “qué lindo sería levantar aquí un edificio donde se reunieran los poetas a dar rienda suelta su imaginación”. Contristano, para recordar al poeta, cuando se inaugura el anfiteatro, propone el nombre de quien para entonces ya había muerto. Lo aceptaron y así, se cumplió el sueño del poeta.





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