POSADAS. Cuando Argentina cumplía el primer siglo de vida desde su independencia, la realidad estaba marcada por la desocupación y pobreza. Y era un hormiguero de gente de tan distintas tonadas, dialectos y lenguas, el aluvión incentivado por el gobierno nacional estaba viviéndose a pleno y con ellos llegaban las ideologías que no tenían cabida en la Europa del germen de los fascismos.Esa fue la atmósfera en la que llegó el sainete desde España y comenzó a realizarse en territorio porteño. Se trata de un género muy rico, en el que mediante recursos humorísticos populares para narrar lo que ocurría, sobre todo los vicios de la sociedad. Es la historia misma del tango, que con lunfardo e ironía también castigaba el mal comportamiento social.Y los misioneros tendrán oportunidad de disfrutar dos sainetes en un mismo espectáculo. Este sábado, coproducción del Centro del Conocimiento con el Teatro Nacional Cervantes, se estrenarán “Entre Bueyes No Hay Cornadas” y “El Debut de la Piba”, de José González Castillo (1885-1937) y Roberto Cayol (1887-1927), respectivamente. Con dirección de Carlo Argento (Teatro Cervantes), el elenco, la producción, escenografía y vestuario es materia prima eminentemente misionera.En “Entre Bueyes…”, el maltrato hacia el personaje de la esposa de uno de los malandras hace foco en la violencia de género si se lo analiza desde la actualidad, con todas las geniales legislaciones que han salido a la luz en la última década para combatir tal flagelo social. Esa mujer sufre violencias de todo tipo y órdenes.El director musical de la obra, Leandro Yahni, contó que sus composiciones tienen mucho, o todo, que ver con el tango. “Es de época, tangos, milongas, con instrumentación típica, está hecho con el piano, vamos a poner algún que otro bandoneón. Compuse la música original; son diez piezas. Me gusta hacer bandas sonoras, para esto, para la publicidad, todo lo que tenga que ver con lo audiovisual. Tuve que escuchar muchas obras de esa época, 1910, Arolas, Villoldo, etc. “detalló el músico.PRIMERA EDICIÓN tuvo una charla con al director de la obra, Carlo Argento, para desmenuzar algunos conceptos que hacen al sainete y las obras en sí; como así también hizo referencia a su vínculo con el Cervantes.¿Qué nos puede contar sobre estos sainetes?Son obras que se estrenaron antes de la década del 30. Son los primeros sainetes de la picaresca española que llega con la inmigración que se instala en Buenos Aires. Un sainete más criollo, con las formas del circo criollo, se refleja mucho las costumbres del conventillo, con abordajes humorísticos, trágicos, sentimentales y empiezan a ser más autóctonos. Aparecen varios autores, como Carlos Pacheco, entre otros. Aparecen las obras de Vaccarezza, El Conventillo de la Paloma, El Patio de la Morocha. Reflejan lo que se vivía en las clases bajas, la inmigración en ese tiempo. Los sainetes empiezan a meter al italiano, al judío, etc. En estos, que representamos nosotros, están personajes más arquetípicos, el malevo, los gitanos, personajes más autóctonos, después cuando los conventillos se llenan de inmigrantes se incorporan toda las otra gama de personajes. ¿Qué nos puede decir del recurso humano que encontró en Misiones?El recurso humano que encontré es muy bueno. Hay actores, con los que yo más contacto tengo, que son muy profesionales, muy trabajadores, que le han puesto muchas ganas y esfuerzo, son cinco a seis horas de ensayo. Esto hace que se profesionalice mucho el rol del actor. Están asalariados, eso hace que haya mayor presencia y responsabilidad. Representan, además, a dos instituciones muy serias (Teatro Nacional Cervantes y Centro del Conocimiento), que no escatiman recursos a la hora de montar en una provincia del interior la misma calidad de espectáculo que en Buenos Aires. Me trataron muy bien, la gente del Centro del Conocimiento es muy profesional y encantadora a la vez.¿Qué nos puede contar de su relación con el Cervantes?En 1997 comenzó mi relación con el Teatro Nacional Cervantes, como actor, para la obra Los Siete Locos, de Roberto Arlt, bajo dirección de Rubens Correa. Seguí algunos años como actor, y el año pasado me convocaron como director para este Plan Federal. Primero fui a Río Negro, en Cipolleti hicimos Las Mil y una Noches, fue un éxito rotundo. Este año no era el director asignado a esta obra, pero quien iba a serlo sufrió un problema de salud y me dieron esta oportunidad. Hace un mes y medio que estoy viviendo en Posadas. El Cervantes me da esa posibilidad, de recorrer el país haciendo teatro. Es la primera vez que estoy en Misiones.¿Qué piensa de Misiones?Esta provincia es hermosísima, bah, en lo poco que la he conocido. Posadas es hermosa, todas las mañanas me voy a caminar a la costanera, es un lujo esta rambla. Me fui hasta San Ignacio, recorrí las ruinas, esta provincia tiene todo. No pude mucho más porque estuve ensayando de lunes a sábado. Pero bueno, el teatro me hizo conocer muchos lugares y la verdad que es algo que se valora mucho.Recorriendo el interior, ¿Cómo analiza la realidad teatral del país profundo?En cada lugar que estuve, el nivel actoral es muy bueno. Todo de acuerdo a las posibilidades del lugar, de la cantidad de habitantes y en todos los lugares hay buenos y malos actores, gente con o sin experiencia. Pero, talento hay en todos los lugares. Claro, Buenos Aires es un lugar con más de 300 espectáculos por fin de semana, hay millones de habitantes, obviamente que vas a encontrar calidad. He encontrado buenos valores tanto en Río Negro como en Misiones, cada lugar tiene su movida teatral y con sus particularidades. Acá comprobé que hay mucho teatro, y el Centro del Conocimiento es emblemático. Doble estrenoA principios del siglo XX se destacaba en el país el rosarino José González Castillo. Hombre multifacético: fue poeta, periodista, músico y dramaturgo, padre de otro gran letrista de tango, mucho más famoso que él: Cátulo Castillo, figura señera en el tango argentino.José González Castillo es el autor de “Entre bueyes no hay cornadas”, supo afirmar por el género: “El sainete es la caricatura del drama”. Se trata de una pieza breve, en un acto, jocosa, de carácter popular, que satiriza las costumbres y vicios de una sociedad. Sus personajes son estrafalarios, muchas veces absurdos y hasta ridículos, ya que la finalidad de la obra es provocar la risa del auditorio. Entre los arquetipos del sainete está el guapo, que guapea; el compadrito, que finge coraje y compadrea; el malevo, resentido y perverso; y el pícaro.&a
mp;nbsp;En cambio, “El debut de la piba”, fue estrenada en el Teatro Nuevo, de Buenos Aires, el 22 de abril de 1916, por la compañía nacional Muiño-Alippi. “Entre bueyes no hay cornadas”, de José González Castillo, y “El debut de la piba”, de Roberto Cayol (estrenadas en 1908 y 1916, respectivamente), son dos obras de pequeño formato que permiten abordar temáticas como desocupación, malevaje, robo, miseria, violencia, machismo exacerbado, explotación femenina, todo a través del código del sainete.Con humor se satirizan las costumbres y vicios de la sociedad de principios de siglo pasado, a través de personajes estereotipados y estrafalarios: el guapo, el compadrito, el malevo, el pícaro, la mujer dominada, buenos y malos, todos inmersos en una gran caricatura del drama. FICHA TÉCNICADía: 28 de septiembre Hora: 21Lugar: Teatro Lírico: entradas se entregan desde las 19.50; a las 21 pierden validez si no se está presente y se da el lugar al primero de la fila que no tenga entradas.Elenco: Mariano Bernachea; Romina Coniglio, Veroka Fedeli, Leo Guzmán, Matías Pintos, Alejandro SchollerMúsica original: Leandro YahniDiseño de Vestuario y Escenografía: Roberto AlmadaRealización de Vestuario: Raquel TejerinaRealización de Escenografía: Danny HartmannAsistente de dirección: Paola Figueroa Dirección: Carlo Argento





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