POSADAS. Como si cada uno tuviera “un Dios aparte”. Así se maneja en esta ciudad. Cada uno de los hombres y mujeres que conforman el tránsito de la ciudad se trasladan de un lado a otro, a pie, en moto, en bicicleta, en auto, en colectivo o un taxi cometiendo decenas de infracciones que ponen en peligro su vida, la de las personas que transportan y las que viajan en otros vehículos. Doblar en U en una avenida de doble mano, ir en moto con niños, superar las velocidades máximas en calles y avenidas, pasar en rojo, hablar por celular, no usar cinturón de seguridad, no doblar en las esquinas, etcétera, etcétera. Algunas infracciones terminan en accidentes con muertos y heridos de gravedad. A la cultura del “a mí no me va a pasar”, el neurocirujano pediátrico Mario Barrera es contundente y señala que “después de un accidente de tránsito, nunca quedás igual”. “Así no te hayas lastimado nada, te queda el miedo, no te olvidás nunca más de eso que pasaste”, resaltó el pediatra en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. “Muchas veces, por culpa de padres imprudentes un niño sano, vital y alegre, ingresa a una guardia de emergencias, peleando por su vida y ahí es el comienzo de una catástrofe familiar”, reflexionó.Una epidemiaEn Misiones los accidentes de tránsito son la quinta causa de muerte: en 2012 fallecieron 175 personas atropelladas y/o en choques vehiculares, según estadísticas oficiales del Ministerio de Salud Pública. Fueron 34 personas de sexo femenino y 141 de sexo masculino, y las edades predominantes son entre los 15 y los 45 años. En lo que va de 2013 esa cifra ya se superó: hasta el fin de semana pasado murieron 183 personas.Por cada uno de los fallecidos se calculan otras cinco personas heridas -según estas cifras, serían más de dos mil personas, sin contar las secuelas psicológicas que sufren allegados y familiares de cada uno de ellos.Uno de esos lamentables casos de secuelas incurables fue el de un joven de 16 años de Ituzaingó, Corrientes, que este año protagonizó un accidente de tránsito y perdió una pierna. Estuvo internado varias semanas en el Hospital Escuela de Agudos “Dr Ramón Madariaga”, y tras recibir el alta, pudo volver a su casa, pero ya nunca más podrá caminar sin muletas.Así, año a año, más personas sanas mueren por causas vinculadas al tránsito, y muchas otras quedan discapacitadas de por vida y con un trauma psicológico insuperable. Secuelas de por vidaTras el choque, llega la ambulancia y traslada de urgencia a los heridos. Comienza así un traumático episodio familiar que podrá durar días, semanas, meses, años, toda la vida. Los niños con traumatismo de cráneo llegan a quirófano del Hospital Pediátrico “Dr Fernando Barreyro”. Allí los atiende Barrera y su equipo, quienes ante cada uno de estos casos lamentan que los niños sean víctima de estos accidentes evitables, producto de negligencias e imprudencias de sus padres o adultos a cargo. “¿Quién no vio pasear a padres felices con bebes sentados al volante, padres y madres haciendo maniobras de pilotos experimentados en una moto, llevando a uno, dos o tres hijos, familias completas sin casco o con casquitos de pésima calidad”, se pregunta el doctor en su columna semanal en la página de Salud Pública.Un revuelo familiar¿Qué ocurre tras la cirugía de urgencia? Las personas permanecen internadas en terapia intensiva y nadie -ni siquiera los médicos- puede estimar si vivirá o no, ni tampoco estimar cuánto tiempo pasará hasta que le puedan dar el alta. Sus familiares rezan, sufren en la incertidumbre, maldicen una y mil veces haber cometido esa fatal infracción.“La persona accidentada pasa a ser la prioridad, la madre desatiende al resto de la familia, el padre deja de trabajar, los demás niños no van a la escuela. Pasan semanas, meses, y en el mejor de los casos le dan el alta. Pero ahí empieza una rehabilitación, que nunca es cien por cien. Y muchas veces ese chico sano que se bañaba solo, comía solo, tiene que ser atendido por sus familiares, pasa a depender de ellos en todo, tiene que usar pañales, silla de ruedas, muletas, hay que adaptar toda la casa”, subrayó Barrera.Así las cosas, vale la pena reflexionar y, cada vez que se pone en marcha el vehículo en que uno viajará, comprender que así como sirve para trasladarse, usado sin precaución, un auto, moto o colectivo, a gran velocidad, puede transformarse en un arma mortal.





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