POSADAS. El teléfono celular que utilizó el asesino siempre fue la clave para echar luz sobre el resonante y aún impune crimen del ingeniero informático Javier Pauluk (35). Más de cuatro años después del homicidio la investigación judicial obtuvo una nueva, interesante y fundamental pista: ubicaron a la persona que le vendió el “chip” a quien llamó por última vez a la víctima, citándola para un encuentro que resultó mortal. Ese testigo declaró ayer ante la Justicia y aportó datos que permitirían la detención de un sospechoso concreto, reveló un portavoz oficial. Desde el Juzgado de Instrucción 1, a cargo del magistrado Marcelo Cardozo, no surgió información concreta debido al secreto de sumario existente, no obstante este diario pudo saber que el propietario del “chip” que fue utilizado para hablar y mensajear con el teléfono de Pauluk (en sus últimas horas de vida) ya estaría ubicado y era intensamente buscado por los investigadores. Idas y vueltas en la causaEl ingeniero informático fue asesinado de cuatro balazos que le realizaron por la espalda con un revólver calibre 38, el Viernes Santo de abril de 2009. La víctima estaba sentada en el asiento delantero derecho del auto de su hermana, un VW Gol Country, al momento de recibir los proyectiles mortales y todo indica que las personas que se hallaban junto a él -serían al menos dos- eran de su confianza. Sin embargo lo ejecutaron a sangre fría y antes de huir de la escena le taparon el rostro con una toalla. Pauluk fue hallado muerto dentro del vehículo, que quedó estacionado sobre la calle Catamarca casi Buenos Aires de Posadas. Los tres sospechosos que tuvo la investigación (uno de ellos integrante de la Policía de Misiones) fueron liberados con el transcurrir de las pesquisas por falta de mérito. El ADN de ninguno de los detenidos coincidió con la sangre encontrada en el asiento del auto de la víctima. Poco después un testigo dijo haber visto bajarse del auto de Pauluk a un hombre, pero posteriormente, en rueda de sospechosos, no reconoció a ninguno de ellos.Pero siempre existió un denominador común en todas las búsquedas de pistas en torno a las personas arrestadas y era el chip que en algún momento utilizaron. El problema con este dispositivo telefónico que en la jerga policial se denomina “chip loco”, es que no queda registrado el titular de la línea que se habilita, complicando la labor de los peritos informáticos y de quienes intenten rastrear al poseedor del mismo. Los entrecruzamientos telefónicos llevaron a los investigadores a distinos posibles compradores y vendedores, sin éxito hasta el momento. Finalmente ayer, una persona que dijo haber sido el dueño de la línea que figura como la última en comunicarse con Pauluk, reconoció ante la Justicia que comercializó el chip un año antes del crimen. La pista no es menor, considerando que el testigo brindó detalles y pormenores acerca del individuo que lo adquirió. Los investigadores confían y mucho en que este dato los podría llevar hasta el o los asesinos del joven posadeño. Hasta el momento también se desconoce cuál fue el móvil del crimen.




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