Los resultados de las PASO siguen gravitando como una espada de Damocles sobre las intenciones del Gobierno kirchnerista de recuperar el espacio perdido por la vía de marcar con fuerza la agenda política; una estrategia que le dio resultado en el período posterior a las legislativas de 2009 -año de la mayor caída del PBI en la década kirchnerista- en el que renació de las cenizas, tras una derrota a mitad de mandato, con un Congreso adverso y en medio de una debacle económica.Hoy, ante el desafío de unas primarias que favorecieron a las fuerzas anti K, la figura de Cristina aparece acotada por el fenómeno que en la política estadounidense se denomina como “Síndrome del pato rengo”, aludiendo a la perdida de apoyo que recibe un Gobierno que está terminando su segundo mandato y no tiene posibilidad de reelección. El efecto se agrava en el caso del Gobierno de Cristina Kirchner por el tono excluyente de su liderazgo, que hace difícil la aparición de figuras convocantes en su entorno y por la dependencia del Partido Justicialista, al que en las elecciones de 2009 el kirchnerismo pudo subsumir en el FPV, pero que después del 11 de agosto aparece como un terreno resbaladizo para el kirchnerismo.En este sentido, el diputado Claudio Lozano, al analizar los resultados recientes en comparación con los de cuatro años atrás, subrayó que la novedad entre dos panoramas no tan disímiles es que el debilitamiento del Gobierno y la imposibilidad de la reelección abren la puerta a una interna en el PJ (PJK contra Disidentes) que sería una de las batallas centrales el camino hacia octubre. Por esta particular composición de lugar, la reunión de esta semana de la presidenta con “los dueños de la pelota” en Río Gallegos no tuvo la repercusión esperada y el principal anuncio que se insinuó en el cónclave, la suba del piso de Ganancias, no obtuvo el apoyo de los integrantes de la élite empresaria que acudieron a la cita -entre otros la UIA, Britto y Eurnekian- a los que Cristina pidió que adelanten propuestas para compensar el desfinanciamiento del Estado. Obviamente, el sector privado no vio con buenos ojos la idea de correr con los gastos de una medida que, aunque fue solicitada por diversos actores políticos -entre ellos los gremios- se apuraría por una necesidad electoral del Gobierno, que hasta ayer no se decidía a dar ese paso por temor al efecto en las cuentas estatales. En este contexto, aunque las manifestaciones de los participantes del encuentro fueron positivas y se espera que el levantamiento del piso se concretará igualmente, el Gobierno sufrió en la semana más de un revés, principalmente el fallo de la Cámara de Apelaciones de Nueva York en contra de la propuesta argentina a los fondos buitre que reclaman el pago de la deuda en default.Suspenso negativoLa Cámara de Apelaciones rebatió todas las líneas de la defensa jurídica argentina y falló a favor de la validez de la sentencia que había obligado al país a pagar al contado los 1.330 millones de dólares que reclaman los fondos accionantes; aunque al mismo tiempo dejó la situación en suspenso al girar el caso a la Corte Suprema, que debe decidir si toma o no la parada. Las consecuencias de un fallo de la Corte a favor de los fondos buitres sería vista como un antecedente fatal para otros procesos de regularización de la deuda en el mundo; un tema que actualmente preocupa al más alto nivel, dada la crisis financiera en la Unión Europea.Otro paso en falso del Gobierno sería el proyecto de exteriorización de capitales, que no alcanzó hasta ahora ni remotamente la cifra que esperaban los autores de la iniciativa. Según un reciente informe, el blanqueo, que rige hasta el 30 de septiembre, sólo había generado hasta el 6 de agosto pasado 14.507.000 de dólares en concepto de Certificados de Depósitos de Inversión (Cedin), mientras que los bonos destinados a infraestructura (Baade) alcanzaron en una segunda licitación -tras haberse declarado desierta la primera- sólo 10 millones de la moneda norteamericana; números decepcionantes en comparación con la estimación oficial de mínima, que había sido de alcanzar los 4.000 millones. La situación política en tránsito no sería ajena a estas señales de prevención de los agentes económicos, a pesar de que la economía no pasa por la zona de catástrofes que preveían algunos analistas. Sin mayores consecuencias pasó, en la semana, la reunión anual del Consejo de las Américas, a la que concurrieron empresarios y dirigentes políticos del oficialismo y la oposición; salvo por la afirmación del gobernador Daniel Scioli de que “a este Gobierno hay que dejarlo terminar mandato”. Misionerismo a fullA nivel provincial, el tratamiento del presupuesto para el año próximo muestra la continuidad de algunas opciones marcadas de la renovación, como la apuesta a la obra pública reforzando la caja del Iprodha y los recursos que van a Iguazú, patria chica de adopción del Gobernador, en detrimento de otras áreas. La inversión en el agro sigue siendo un coto reservado al manejo de los recursos que ingresan por el FET, que este año alcanzan a 415 millones; de un presupuesto total de 555 millones del Ministerio del Agro y la Producción. Como es sabido, la caja del FET se administra en base a un entramado que incluye al Estado provincial y a entidades de la producción; y su manejo ha dado lugar a clásicas denuncias por malas inversiones y demoras en los pagos, cuando no faltantes.En los últimos días se dieron a conocer algunos ejemplos de emprendimientos productivos que, financiados en base a la magia del FET, terminaron en rutilantes fracasos, lo que da cuenta de que, sin necesidad de imaginar actos de corrupción público-privados, lo que queda es la sensación de que se toman decisiones discrecionalmente sin un control riguroso. La falta de respuestas claras a estas cuestiones indica que la Renovación, como el Kirchnerismo nacional, continúa en un lento proceso de asimilación de los resultados electorales sin dar en la tecla de una clara línea de recuperación del apoyo electoral que mermó en las elecciones del 30 de junio y que sólo en una pequeña parte se recompuso en las PASO. Mientras tanto, en las segundas y terceras líneas de la alianza oficialista se lanzó una fuerte interna que impacta por el vigor emocional y el desconcierto que genera en la tropa, ratificando que el triunfalismo de pasadas elecciones superavitarias relajó las estructuras militantes, más allá de los discursos litúrgicos al respecto. En el clossismo las aguas están revueltas por
partida doble, porque en muchos casos, al pesar por la pérdida se suma la satisfacción por el repunte del centenario partido -performance que hasta resucitó antiguos agravios entre “verdes” y “mapares”-, produciendo un ambiguo resultado. Rovira y Closs se habrían reunido recientemente para analizar cómo bajar los decibeles a la interna que conspira contra una ordenada recomposición de fuerzas mirando a octubre. Por su lado, Rovira bajó línea en la presentación de una exposición en el Centro de Convenciones, donde delineó el corpus teórico de la postura “misionerista”, una verdadera resignificación del pasado y el presente provincial que se impulsa desde la Legislatura. Rovira dio señales a su gente al destacar la sinergia absoluta con el Ejecutivo y tomó distancias del orden nacional, al subrayar la preeminencia de las provincias sobre la Nación y sostener que el debate actual pasa por la gestión y no por las ideologías. El Frente Renovador mira de reojo un debate nacional que, quiéralo o no, lo contagia con su incertidumbre.





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