EL SOBERBIO. Con el devenir de las horas se suman detalles dignos de un policial de Hollywood al homicidio de Ángel Altísimo, el colono de 44 años que fue ultimado de tres balazos en el pecho el sábado 22 de junio, en su casa del paraje Campín Largo de este municipio.Ya lo había adelantado PRIMERA EDICIÓN en su edición dominical del pasado día 4, de que al menos dos convictos de la Unidad Penal II, con asiento en Oberá, que gozaban de salidas transitorias al momento del sangriento episodio, habrían sido los autores materiales.Ahora se confirmó que los sospechosos, que regresaron a la prisión de Oberá tras el asesinato, son tres.En aquella ocasión se mencionó también que la concubina y madre de la hija de Ángel Altísimo, de 39 años, aparecía como supuesta responsable ideológica en la planificación del hecho.Se desconoce cuándo y cómo esta mujer se contactó con los sospechosos, pero la Policía confirmó, en base a los registros de la cárcel de Oberá, que los habría visitado al menos en una oportunidad en ese complejo penitenciario.Otro detalle escabroso, que está siendo investigado por la Policía de El Soberbio, es que los supuestos asesinos habrían cobrado $14.000 para despachar al agricultor.Ese dinero, justamente, había desaparecido del domicilio de Altísimo, meses antes de que fuera ultimado a puro plomo.La hija, ya conocido el homicidio, habría manifestado a los detectives que sólo sus padres sabían donde estaba escondido el dinero.Incluso, habría dicho que él desconfiaba de su concubina y hasta habría amenazado con denunciarla.Esto, quizás, habría acelerado el plan de acabar con la existencia del colono.Si bien en un principio se vinculó el hecho con la mafia de los delitos de frontera, como el tráfico de cigarrillos, con el devenir de las horas las sospechas recayeron sobre la viuda.Más aún cuando los investigadores determinaron que el lugar donde ocurrió el hecho fue limpiado, por orden de ella.Esta arista de la investigación habría sido confirmada por la hija de la pareja, quien tiene su casa a unos setenta metros del escenario del asesinato. La joven, de veinte años, entregó a la Policía dos vainas servidas que encontró en el lavadero. A partir de ese momento, las pruebas en su contra se acumularon una tras otra. Los detectives incautaron un revólver calibre .38, marca Amadeo Rossi, que se habían llevado de la casa con los 14 mil pesos.En este sentido, lo más jugoso vendría después, con las pericias balísticas. Determinaron que los proyectiles que mataron al colono fueron percutadas por ese arma de fuego.La situación de la mujer era tan comprometida que el viernes 2 de este mes, cuando fue llevada al Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, se quebró y confesó todo. El posible móvil: una relación terminadaÁngel Altísimo fue ultimado de tres balazos en el pecho la noche del sábado 22 de junio, en su casa de Paraje Campín Largo, distante a unos veinte kilómetros al norte de El Soberbio.Si bien en un principio se vinculó el hecho con las mafias de frontera, todas las sospechas apuntaron luego a la viuda.Su situación se complicó al extremo de quebrarse y confesar la mecánica del hecho, implicando en la misma a tres convictos que habían sido beneficiados con salidas transitorias de la prisión de Oberá.Si bien aún no hay certeras respecto del supuesto móvil del homicidio, todo apunta a una cuestión sentimental. En un principio, porque la relación amorosa de esta mujer con Altísimo estaba terminada. Incluso ya no compartían la misma habitación, de acuerdo con los datos que maneja la Policía de El Soberbio.Ayer trascendió incluso que ella habría involucrado a un policía de Dos de Mayo, con el que tiempo atrás habría mantenido un romance pero, ante el cúmulo de pruebas que la vinculaban con los tres reclusos de Oberá, debió dar marcha atrás.La gran incógnita pasa por determinar cómo se vinculó con los presidiarios. Una versión indicó que, al parecer, mantendría una relación sentimental con uno de ellos, de apellido Ferreira, pero la Policía aún no pudo confirmarla.La investigación está ahora en el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, a cargo del magistrado subrogante Demetrio Antonio Cuenca, quien dispuso el arresto de la viuda dos días después del terrible episodio.




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