POSADAS. Itaembé Miní quedó librada a su suerte por el servicio del transporte urbano de pasajeros, monopolizado por el Grupo Z, y la Policía. La empresa Don Casimiro dispuso y ordenó a sus choferes que todas las unidades deben llegar y terminar el recorrido en la comisaría seccional Novena. La medida se implementó hace unas dos semanas aproximadamente, todos los días entre las 0.30 y las 5. Según pudo averiguar este diario, la decisión se funda en los supuestos episodios de violencia, con ataques a unidades e intentos de robo a los trabajadores del volante.Lo contradictorio es que los registros oficiales exhiben una exigua, casi inexistente, cantidad de denuncias por episodios vandálicos y delictivos en la zona de Itaembé Miní.La decisión fue tomada, como suele ocurrir en todas las que involucran al Grupo Z, unilateralmente y sin avisar a nadie.Los usuarios se enteraban de la modificación del recorrido cuando, ya entrada la madrugada, escuchaban de boca del chofer “voy hasta la Novena nada más”.No es un hecho menor y demuestra dos cosas: el hilo se corta siempre por lo más fino y en materia de transporte de pasajeros, el perjudicado siempre es el usuario.En este caso, los afectados provienen de extensas barriadas de Itaembé Miní. Muchas de esas personas deberán caminar más de treinta cuadras para llegar a sus hogares, entre la oscuridad y la posibilidad cierta de caer en las fauces de algún criminal. Al parecer, inspectores de la empresa se habrían contactado con las autoridades de la comisaría seccional Novena para solicitar cobertura policial. La idea era que un policía subiera al colectivo -líneas 8 y 17- para completar esa parte del recorrido (barrio Bicentenario, Prosol y alrededores), tarea que no demandaría más de diez minutos cada hora aproximadamente, pero la respuesta fue negativa.Quizás prefieran seguir mirando televisión, como se puede apreciar desde la avenida 147, a proteger a la población de los flagelos que acechan en las calles de Posadas.En ese contexto se confirma aquel axioma de que el hilo se corta por lo más fino. La prestataria cuida sus intereses, la Policía en cierta forma también y la gente queda desprotegida, a merced del delito.Los mismos trabajadores del volante temen incumplir con los mandatos del grupo Z. Si lo hacen, todo lo que pueda suceder corre por cuenta y responsabilidad del osado.La rotura de un parabrisas de un piedrazo, los daños materiales de un choque o el robo de la recaudación serán reparados o afrontados con el dinero del bolsillo del trabajador. Todo en un contexto donde siempre parece haber un solo perdedor. el pasajero.




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