POSADAS. El barrio donde vivía Lucía, la estudiante masacrada jamás volverá a ser el mismo. Los vecinos aseguran estar “consternados y muy preocupados”, pendientes de que la Justicia esclarezca el horror tan deshumanizante que le tocó vivir. En este nuevo contexto, el que antes podía haber sido considerado “un barrio tranquilo, con vecinos amigables”, indudablemente cambió para siempre. Sus lugareños no pueden evitar mirar con desconfianza a quien se les acerca, y ni bien entra la tardecita “nos encerramos todos. Estamos asustados”, contó Aída, una abuela que vive hace más de treinta años en una vivienda a pasos de la pensión que se transformaría en la escena del crimen. No se puede esperar menos. El caso impacta desde cualquier punto de vista, por involucrar a una chica proveniente del interior a la Capital para estudiar, y por todas las opiniones de los vecinos y por lo que se lee en los medios, era una joven que no salía mucho, con una vida organizada y que de pronto es víctima de una agresión sexual y con una forma de morir tan impactante “que nos sitúa a todos en el lugar de potenciales víctimas”, como bien lo quisieron expresar los ex compañeros de la estudiante de Comunicación Social en la marcha del jueves último, para reclamar justicia.Al recoger las opiniones de la gente, la percepción y el denominador común es el “miedo”. “Principalmente esperamos que se esclarezca este horrendo crimen para ver si podemos vivir un poco más tranquilos. Eso se lo pedimos por favor a las autoridades, porque es difícil vivir con inseguridad. Se ve en los noticieros todos los días y ahora nos tocó a nosotros. Siempre fue un barrio tranquilo, y con esto estamos todos conmocionados”, contó una mujer que prefirió el anonimato por sentir temor de que con ello ser blanco de posibles represalias del asesino.El barrio, situado a pasos de la avenida Uruguay y del recientemente inaugurado paseo del arroyo Vicario alberga estudiantes hace algunos años, principalmente por las facultades cercanas, como por ejemplo la de Derecho y del Enfermería, o la de Humanidades donde estudiaba Lucía.“La mayoría estamos aquí hace muchísimos años y tenemos una forma de ser que es tranquila, hasta antes la gente dejaba sus portones sin seguro, y las casas permanecían abiertas. Ahora estamos todos inseguros. Lo que puedo destacar es que estamos todos alertas para cuidarnos mutuamente”, sostuvo un vecino que asumió por su cuenta la reparación del alumbrado público, después de que estuvieron meses con la esquina a oscuras (ver recuadro). Cambio de la geografía En la charla con la gente del lugar, que recibió a este diario con cautela, se desprende otro análisis que tiene que ver con la “sensación de ser observados” y que empezó a notarse mucho más a partir de transformación de la geografía del lugar por las obras del paseo sobre el curso del arroyo Vicario, vemos a “otro tipo de gente que circula, que pasa. Después del asesinato uno no se detiene a ver más quienes son; ahora miramos dos veces a los que andan por aquí, nos fijamos si nos observan y cómo lo hacen”, relató la abuela. “Queremos que este crimen se resuelva, porque nada nos saca de la cabeza que esa persona es de la zona, que ya pasó varias veces por acá y nos miró a todos y sentimos que estamos en su mira”, dijeron. Igual sensación se replica en la sociedad, donde la creciente inseguridad se ve abonada por la violencia y la delincuencia. Como una respuesta para asimilar el problema, a fin de que no quede instalada como algo “natural” en una ciudad que va en crecimiento, este diario también consultó al psiquiatra Raúl Quisamás, para buscar un aporte desde la saluda mental que sirva como respuesta al ¿y ahora cómo seguimos?“Lo más importante es que no se supere sólo desde el impacto. Porque si dejamos que sólo se supere el impacto como algo que después se olvida, esto puede quedar como un crimen más que pasó, como una cuestión que quedó registrada en la foto, en la noticia y después desapareció, y si se quiere hasta formando parte de un paisaje que se naturaliza y no se toma registro y nos lleva a algo de mal en peor”, sostuvo.“¿Qué hacemos ante todo esto?”, se preguntó retóricamente, “bien primero tenemos que ver cómo lo entendemos. Que de por sí es algo sumamente difícil, porque no tiene una lógica, ya que en este caso es muy difícil poder ensayar una lógica para poder entender. Nos queda el asombro, el impacto el no poder poner en palabras lo que pasó, porque es mucho más el sentimiento, el interrogante sin respuesta para explicar lo que pasó”.Para el psiquiatra “es indudable que la vida del barrio y de la sociedad, seguramente va a pasar a un antes y un después de esta situación, empezando a cómo uno se mira a partir de ahora, donde seguramente va a aparecer la cuestión persecutoria, la desconfianza, en el sentido de cómo termina impregnando y salpicando al resto y llevando a un sistema perverso y psicopático que lleva a los componentes sociales a mirarse ya no como antes. Si lo queremos superar y trascender, esto va a tomar tiempo, eso hay que entenderlo, mientras tanto ¿qué hacemos? ¿Asombrarnos, angustiarnos, estar más perseguidos? Pienso que habría que seguir el ejemplo de los profesionales de la salud mental de La Pata y trabajar en talleres sobre esto”. (Ver recuadro).




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