Karina Holoveski
Mujer Medicina-Chamana.
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Solemos confundir el amor con la necesidad de posesión. Nos enseñaron que amar significa permanecer cerca, compartir un espacio y hacer de la presencia del otro una condición para nuestra propia felicidad y sin darnos cuenta podemos convertir un sentimiento profundo en la necesidad de controlar aquello que tememos perder, pero existe otra forma de amar.
Una más silenciosa, libre y espiritual: el amor de alma. Hay vínculos que parecen trascender las explicaciones de la mente. Personas que llegan a nuestra vida y despiertan algo que no sabíamos nombrar. Una memoria íntima, una sensación de reconocimiento, una conexión que no depende necesariamente de la presencia física ni de las circunstancias. Desde una mirada espiritual, podríamos sentir que ciertas almas se encuentran para recordar, despertar o transformar algo esencial.
El amor de alma no nace de la carencia. No necesita apropiarse, retener ni imponer. Puede atravesar distancias, silencios e incluso caminos diferentes sin perder aquello que verdaderamente dejó en nuestro interior, pero este amor también puede ser un gran maestro. Muchas veces llega para mostrarnos aquello que todavía necesitamos sanar: el miedo al abandono, la necesidad de ser elegidos o la creencia de que alguien más debe completarnos. Entonces comprendemos que amar no significa dejar nuestra paz en manos de otra persona.
Cuando el amor nos enfrenta con nuestras propias heridas, tenemos la oportunidad de volver hacia adentro. Allí descubrimos que aquello que buscábamos afuera también existe dentro de nosotros: la capacidad de sentir, de entregarnos, de recibir y de sostenernos. Soltar el control no significa dejar de amar sino permitir que el amor respire respetando los tiempos, las decisiones y el libre albedrío de quien amamos, aun cuando no coincidan con nuestros deseos.
Cuando dejamos de perseguir aquello que queremos conservar, nuestra energía cambia. El apego comienza a transformarse en confianza, la ansiedad se vuelve presencia y el miedo a perder comienza, lentamente a convertirse en gratitud por haber vivido aquello que tocó nuestra alma. Quizás amar desde el alma sea comprender que no todo vínculo está destinado a permanecer de la misma manera. Algunos llegan para quedarse; otros llegan para abrir una puerta interior que jamás volverá a cerrarse. Y eso también es amor.
Amar es honrar lo vivido sin encadenarlo al futuro. Es agradecer sin exigir porque cuando elegimos nuestra paz sin negar lo que sentimos, descubrimos una verdad esencial: El amor más libre no dice: te necesito para ser feliz. Dice: te amo, te honro y te dejo ser, mientras yo también elijo ser plenamente quien soy.
Tal vez ahí comienza la forma más pura de amar: cuando el corazón deja de poseer y aprende, finalmente a bendecir. Nos vamos acompañando..💖






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