En los últimos 11 años, Néstor Fabián Franco reparó 222 sillas de ruedas y de traslado para personas con discapacidad y adultos mayores sin cobrarles un solo peso por el trabajo realizado. Oriundo de Leandro N. Alem, aprendió a restaurarlas de manera autodidacta y sostiene desde 2015 el proyecto Ruedas de Libertad, que en sus palabras se dedica a “devolverles la autonomía” a quienes por la edad o la salud tienen la movilidad reducida.
Hoy tiene cerca de 80 personas en lista de espera, porque el proyecto se sostiene exclusivamente con recursos de su bolsillo y donaciones, en un circuito de “personas ayudando a personas” que siempre quiso construir, señaló en entrevista con PRIMERA EDICIÓN.
Con su trabajo, ya llegó a diversos puntos de Misiones e incluso a otras provincias, y la recompensa asegura que es el momento de la entrega, que le sirve de motor para continuar con el proyecto.
“Cuando entregás una silla y ves la cara de la persona, la sonrisa, el agradecimiento, eso te llena el alma. Porque aunque esa persona no pueda caminar, aunque no pueda moverse sola, ya tiene una herramienta que le permite trasladarse, salir, estar con su familia, hacer sus cosas. Y eso es lo que para mí significa una rueda de libertad”, resumió Franco.

Una silla, una historia
Franco repasó sus años de trabajo y definió que cada silla que llega a su taller, improvisado en la sala de su propia casa, “es una historia”, porque le da información sobre el dueño que la dejó.
“El estado de conservación de las sillas refleja el dolor. Porque vienen muy maltratadas, como si no las quisieran ver, y también eso me cuenta el dolor. En base a ese dolor yo trato de ponerle el frente, decirle no, tiene que ser esperanza, y puede ser libertad para alguien”, aseguró Franco.
De hecho, Ruedas de Libertad nació de un hecho que lo marcó a nivel personal, cuando una silla de ruedas que habían solicitado para su padre llegó un año después de que el hombre falleciera. El dolor, la bronca y la angustia de ese momento lo impulsaron “a hacer algo”, recordó.
Desde lo que en aquel entonces era la CONADIS, le enviaron los manuales que fueron la puerta de entrada a todo lo que hoy sabe sobre la reparación de las sillas, aprendido de manera 100% autodidacta, mirando videos, leyendo y experimentando.
Eso le permitió desarrollar algunas soluciones propias, como la adaptación de algunas sillas para que puedan utilizar cubiertas y cámaras de bicicleta, que permite conseguir repuestos más accesibles en una bicicletería común.
Las restauraciones pueden llevar entre cinco días y una semana y abarcan desde la estructura metálica hasta las ruedas, los frenos, las cubiertas y la tapicería. “Cada persona es diferente. Entonces hay que tratar de adaptarle la silla a la persona. A veces consulto con kinesiólogos, con fisioterapeutas, para ver qué tipo de almohadón necesita, en qué posición, cómo tiene que ir sentado. No es solamente darle una silla”, explicó.
Por eso, cada silla también es una historia de esperanza, porque de acuerdo a Franco, le abre nuevas posibilidades a su futuro dueño. “Ruedas de Libertad es para la persona que la recibe, porque le da libertad para poder moverse, y también para la familia, porque muchas veces la familia tiene que estar trasladándola de un lado para otro”, indicó.
En estos años de trabajo, una de las historias que lo marcó fue la de un adulto mayor de Dos de Mayo, que había sufrido un accidente laboral y perdió las dos piernas.
“Tenía una silla, la restauré, se la llevé, y quedó agradecido, pero era una persona muy callada, quedó muy afectada por su condición. Al tiempo me llama el familiar y me dice que cambió la vida de él, que antes en un sillón lo sentaban a ver pasar a la gente en la ruta, y que ahora él vivía con su silla, el colectivero le ayudaba a subir, que iba al centro a pagar sus cuentas. Se transformó en una persona totalmente activa”, contó.

Un círculo de solidaridad
La pregunta que queda pendiente es cómo sostener económicamente un proyecto así, y para Franco la respuesta estuvo clara desde el principio: “Personas ayudando a personas. Únicamente”.
En este tiempo, colaboró con municipios y algunas escuelas, pero aseguró que siempre sostuvo las tareas con recursos de su propio bolsillo y donaciones. Incluso pagó los traslados a otras provincias, porque las reparaciones son totalmente gratuitas para la persona que recibe la silla.
Sin embargo, el aumento de la demanda en los últimos tres años multiplicó la lista de espera del proyecto, que hoy agrupa a unas 80 personas. Para conocer el trabajo de Néstor, se puede visitar la cuenta @ruedas.de.libertad en Instagram y para colaborar está habilitado el alias ruedasdelibertad.





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