Hay instrumentos que no necesitan presentación. Basta con unas cuerdas, un corazón que busca decir algo, unas manos dispuestas a recorrerlas y el sentido abierto de quienes escuchan. La guitarra tiene esa capacidad de atravesar fronteras, acercar paisajes y hacer de distintas tradiciones musicales un mismo lenguaje.
Con ese espíritu llegará a Posadas el XXXII Festival Guitarras del Mundo, una celebración que vuelve a reunir a intérpretes y compositores en torno a uno de los instrumentos más arraigados en la identidad musical argentina.
La cita será el jueves 24 de septiembre, a las 20, en el Auditorio Tierra Sin Mal, ubicado en el cuarto tramo de la costanera. La entrada será libre y gratuita, en una velada organizada con la participación de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) Seccional Misiones.
Desde Buenos Aires llegarán Rosa Príncipe e Ignacio Romero, dos artistas cuyos recorridos transitan el tango, el folclore, la composición y la enseñanza. Desde Misiones, la música tendrá los acordes de Natalia Magdalena Altuna, Matías Gastón Sosa y Pablo Assaf Grahl, representantes de distintas generaciones y experiencias vinculadas a la formación musical en la provincia.
De Buenos Aires a la tierra colorada
Rosa Príncipe aprendió sus primeros acordes a los 8 años, de la mano de su padre, en el barrio porteño de Caballito. Más tarde profundizó sus estudios en el Conservatorio Manuel de Falla, donde tuvo entre sus maestros a Carlos Moscardini y Juan Falú.
Su guitarra encontró en el tango uno de sus territorios de expresión, especialmente en el acompañamiento de cantantes y en las milongas, aunque también transita otros géneros de la música popular argentina, como la zamba y el malambo. Como solista, acompañante y docente, sostiene una búsqueda que combina tradición, aprendizaje y creación.
También llegará desde Buenos Aires Ignacio Romero, guitarrista, compositor, arreglador y docente. Formado en el Conservatorio Superior de Música Manuel de Falla, construyó una trayectoria ligada a la música argentina y latinoamericana.
Sus discos “De algún tiempo” e “Ir” reúnen composiciones propias y arreglos originales para guitarra, en un recorrido por diferentes paisajes sonoros del país. Su camino artístico también incluye proyectos como Eguia-Romero, Trina la diuca y El Guitarrazo, además de una extensa labor docente.
La guitarra que nace y crece en Misiones
La presencia misionera estará representada por tres músicos vinculados a la Escuela Superior de Música. Natalia Magdalena Altuna, oriunda de Posadas, comenzó sus estudios con Jorge Villasanti y continuó su formación con Sergio Bosser. Su recorrido incluye el Profesorado de Música y la Tecnicatura en Música Popular, mientras actualmente profundiza sus estudios superiores de instrumento.
Matías Gastón Sosa, guitarrista y oboísta posadeño, también transita el camino de la docencia y la formación musical. Su historia con Guitarras del Mundo tiene además un capítulo anterior: participó en las ediciones de 2011, 2015 y 2016, cuando todavía era estudiante del profesor Luis Zanazzo.
Por su parte, Pablo Assaf Grahl, nacido en Aristóbulo del Valle, lleva en su guitarra una mirada atravesada por los sonidos del Mercosur. Guitarrista, compositor, profesor y licenciado en Música, amplió su formación en Río de Janeiro junto a referentes de la música popular brasileña.
En 2019 publicó Al Costado del Río, un trabajo dedicado a la música del Mercosur para guitarra solista y a dúo. Actualmente continúa desarrollando composiciones y arreglos propios, además de su labor docente en distintas instituciones musicales de Misiones.
Encuentro de cuerdas y geografías
Entre la tradición y la búsqueda personal, entre la música de raíz y los nuevos arreglos, Guitarras del Mundo volverá a proponer un encuentro donde las distancias se acortan a través de las cuerdas. Porque una guitarra puede contar la historia de una ciudad, acompañar una voz en una milonga, evocar un paisaje del litoral o viajar hacia otros territorios sin abandonar nunca su raíz.
El jueves 24, esas distintas geografías se encontrarán en un mismo escenario, para recordar que, a veces, el mundo también puede caber en seis cuerdas.






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