Aylén Gauna todavía está acostumbrándose a que la llamen licenciada. Hasta hace pocos días, su rutina estaba marcada por las clases, los trabajos prácticos, la tesis y los horarios de estudio. Ahora, con el título en mano, su principal preocupación es otra: conseguir trabajo y empezar a ejercer la profesión para la que se preparó durante cinco años.
Tiene 25 años, nació en Chaco y desde pequeña fue adoptada por Misiones. El pasado 8 de septiembre se recibió de Licenciada en Psicología en la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI), después de defender su trabajo final con una calificación de 10.
Su graduación tuvo además una particularidad: se convirtió en la primera psicóloga ciega de la provincia y de dicha casa de estudio. “Sí, me hice bastante famosa últimamente”, contó entre risas durante una charla con PRIMERA EDICIÓN, todavía sorprendida por la repercusión que tuvo su historia.
Pero para Aylén, más allá del título y de la atención que recibió en los últimos días, hay algo que considera todavía más importante: que su recorrido pueda servirle a otras personas.“La idea es que esto inspire a otras personas con y sin discapacidad a que pueden lograr lo que deseen, que no dejen de soñar y que se puede”, afirmó.

Una carrera que empezó en plena pandemia
Su vínculo con la Psicología comenzó en 2020, cuando ingresó al curso extensivo de la carrera. La pandemia atravesaba todos los ámbitos y la universidad no era la excepción. La carrera formal comenzó en 2021 y Aylén logró completarla en los tiempos previstos. El 4 de diciembre de 2025 rindió su última materia y después comenzó el proceso de tesis.
Su trabajo final llevó por título “Relación entre el síndrome de burnout y la sensación de soledad en médicos residentes de cirugía de la ciudad de Posadas”.
Para realizarlo, concurrió al Hospital Madariaga y trabajó de manera independiente con los residentes del área de Cirugía. Primero se presentó ante las autoridades correspondientes, gestionó los permisos y contó con el aval institucional para realizar la investigación.
No hizo entrevistas personales. Diseñó un formulario de Google con tres encuestas para que los residentes pudieran responder en los momentos que tuvieran disponibles.“Ellos tienen demandas altas, asistenciales y académicas”, explicó. Por eso buscó que completar los cuestionarios no representara una dificultad adicional y calculó que llevaría alrededor de 15 minutos.

Uno de los objetivos era medir la sensación de soledad y el síndrome de burnout, además de relevar algunos datos sociodemográficos. Los resultados fueron uno de los aspectos que más la impactaron. Según los datos obtenidos en su investigación, el 90% de los residentes presentó niveles medios y altos de agotamiento emocional, una de las dimensiones del síndrome de burnout. A su vez, el 85% registró niveles medios y altos de sensación de soledad.
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Aylén también encontró una correlación entre el agotamiento emocional y la sensación de soledad. “Me parece importante haber hallado estos datos para que se creen estrategias para que los residentes puedan tener una mejor calidad de formación y poder sentirse más apoyados”, señaló.
La pregunta que atravesó buena parte de su trabajo fue sencilla, aunque difícil de responder: “¿Quiénes cuidan a quienes nos cuidan?”.Para ella, el problema no pasa solamente por reducir las horas de trabajo, algo que considera más difícil de modificar, sino también por generar espacios de acompañamiento dentro de esas mismas jornadas.
“Que puedan apoyarse entre ellos o tener una mentoría adecuada en la que ellos puedan expresar que se sienten cansados, que no entienden algo o que se sienten desbordados”, planteó.
¿Cómo estudia una persona ciega?
Durante la carrera, uno de los desafíos más importantes fue acceder a los materiales que utilizaban sus compañeros. Aylén aprendió braille durante la primaria, pero explica que trasladar ese sistema a una carrera universitaria implicaría una dificultad considerable por el volumen de bibliografía. “Leer en braille sería bastante complejo a nivel universitario por la cantidad de libros que hay”, explicó.
La solución llegó a través de la accesibilización del material. La biblioteca de la UCAMI convirtió en PDF libros que originalmente estaban disponibles en formato físico. De esa manera, Aylén podía utilizar los lectores de pantalla de su computadora o de su teléfono para acceder a los textos.
“Fue súper accesible. La verdad es que es súper destacable el acompañamiento docente y no docente de parte de la biblioteca y de todo el personal de la facultad”, destacó.
En las materias con mayor contenido visual, los docentes se reunían con ella para buscar la forma más adecuada de presentar los contenidos. Lo mismo ocurrió con las evaluaciones y los exámenes.
También fue ayudante de cátedra, una experiencia que le permitió ocupar otro lugar dentro de la universidad. Para la defensa de su tesis tuvo que adaptar incluso la presentación de los resultados. Algunos gráficos fueron preparados junto a su codirectora utilizando acetato, braille y elementos en 3D.
Vivió sola durante buena parte de la carrera
Aylén vive sola desde hace cuatro años. Atravesó así buena parte de su etapa universitaria, aunque reconoce que el acompañamiento emocional de sus amigos y de su entorno fue fundamental.
La autonomía, sin embargo, es una de las cuestiones que más destaca cuando habla de su recorrido. “Siento que es un logro completamente mío”, afirmó.
Ahora que terminó la universidad, su vida cotidiana cambió. Ya no tiene que organizar sus días alrededor de las clases o la tesis y tiene algo más de tiempo para otras actividades.En su casa la esperan, además, tres gatas que forman parte de su rutina. “Me obligaron un poco a tener una rutina más establecida, ya que son animales muy rutinales”, contó.
Entre darles de comer, jugar con ellas, cocinar y ocuparse de la casa, transcurren sus días mientras piensa en el próximo paso. Y ese paso es trabajar.
“Me encantaría que se me dé la oportunidad”
Hasta ahora no recibió ofertas laborales, pero no oculta sus ganas de empezar. “Me encantaría que se me dé la oportunidad de que yo pueda desempeñarme laboralmente”, sostuvo. Su pedido también es concreto: que su discapacidad visual no sea lo primero que se tenga en cuenta a la hora de evaluar sus capacidades profesionales. “Que no se anteponga la discapacidad visual a todo lo que yo puedo ser y ofrecer”, expresó.
Entre sus principales intereses aparecen la Psicología clínica y el área laboral. También le gustaría trabajar en el ámbito de la salud pública y mencionó al Hospital Madariaga como uno de los lugares donde le gustaría desarrollar su profesión.
Otra posibilidad que contempla es desempeñarse dentro de ámbitos vinculados a la Policía o al Servicio Penitenciario. También está abierta a realizar consultas particulares. “Cuanto más complicado sea, mejor. Yo no estoy buscando nada sencillo”, sostuvo. Y enseguida explicó por qué: “Me parece que se ve que a lo largo de mi vida los desafíos no me detienen”.
Por recomendación de su abuela
La decisión de estudiar Psicología tampoco fue algo que tuviera definido desde el comienzo. Aylen quería estudiar Medicina. Su interés por esa disciplina todavía permanece y suele leer sobre temas médicos por placer.
Pero hubo alguien que vio antes que ella una posible vocación.Su abuela observaba que tenía facilidad para escuchar a los demás y que incluso personas desconocidas solían contarle sus historias y problemas con facilidad.“Me decía, tal vez la Psicología es para vos”, recordó. Finalmente decidió probar. Entró a la facultad y encontró algo que no esperaba. “Me enamoré de las materias y dije: bueno, es por acá”.
El día de la defensa de tesis estuvo lejos de ser un trámite. Aylen reconoce que es una persona autoexigente y que la posibilidad de cerrar cinco años de carrera con una única calificación aumentó todavía más los nervios.
Había preparado una presentación en PowerPoint y practicado incluso los momentos exactos en los que debía pasar cada diapositiva. “Tenía todo eso que ordenar para que sistemáticamente salgan menos de 30 minutos y era una presión que yo me autoimpuse”, contó.
Desde la universidad intentaron llevarle tranquilidad. Le decían que simplemente contara cómo había realizado su trabajo. Pero ella quería que saliera perfecto.“Era mi nota final y es inapelable encima. Es como: quiero que sea la mejor nota”. El 8 de septiembre terminó la presentación y recibió un 10.
Ahora queda una nueva etapa. Ya no hay materias pendientes ni tesis por terminar. Hay un título, una profesión y una búsqueda laboral que recién comienza.
Aylén espera que la oportunidad llegue y que, cuando llegue, pueda ser evaluada por aquello que aprendió y por lo que está preparada para hacer. “La universidad me formó para servir”, dijo. Y sobre ese principio quiere construir lo que viene.






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