
Estamos próximos a iniciar la primavera, estación que nos llama a una verdadera experiencia pascual: un renacer de las fuerzas interiores después de una larga temporada de invierno.
El inicio de esta época, coincide con el Día del Estudiante, fecha que se celebra con mucho entusiasmo en nuestro país. Es oportuno, entonces, que podamos reflexionar sobre el mensaje del papa León XIV a los jóvenes, compartido en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud que tuvo como tema “Ustedes también dan testimonio, porque están conmigo”.
El Papa invito a los jóvenes a buscar la plenitud, animándolos a que aspiren a cosas grandes y a la santidad, sin conformarse con menos. En medio de tantas incertidumbres, el Santo Padre nos recuerda que nuestra existencia no depende de lo que acumulamos y poseemos, sino de lo que acogemos y compartimos con alegría. Cada joven está llamado a reconocer el don de la vida y, como la naturaleza misma nos enseña, a regenerar el amor en todo momento. La alegría se multiplica al compartirla.
Así como la naturaleza en esta estación nos regala la belleza de las flores, este renacer refleja el profundo deseo humano de encontrar belleza en nuestro entorno.
Frente al desafío de acompañar a una juventud en permanente búsqueda de la felicidad -que a menudo se confunde con experiencias pasajeras de entretenimiento-, la primavera nos invita a redescubrir el verdadero sabor de la vida.
Nuestras preguntas más profundas, no encuentran respuesta en el desplazamiento infinito de la pantalla móvil, que deja la mente fatigada y el corazón vacío, sino en la capacidad de salir de nosotros mismos y poder ir al encuentro del otro.
En este mes en que celebramos también el mes de la Palabra, tenemos una hermosa oportunidad para abrirnos a la gracia. Dios nos regala la Buena Noticia para vivir una primavera espiritual, sabiendo que el testimonio cristiano nace de la amistad con el Señor.
El papa León XIV destaca que Jesús nos llama amigos, invitándonos a sentarnos a su lado para escuchar todo lo que hay en su corazón y, a partir de ese vínculo, convertirnos en misioneros y laboriosos artífices de paz en la sociedad.
En un mundo que prioriza el consumo y el crecimiento económico, necesitamos alzar los ojos y buscar las cosas celestiales. El llamado es a vencer nuestro egoísmo, comprometiéndonos desde el voluntariado hasta la caridad política, para eliminar las desigualdades y reconciliar a las comunidades, sin seguir a quienes manipulan las palabras de la fe, con el único objetivo de dividir.
Que esta primavera, nos permita contemplar las maravillas de Dios. Conectarnos plenamente con la vida nos ayudará a encontrar la paz que tanto necesitamos, animados a perseverar con esperanza ante los obstáculos, sin dejarnos vencer por el mal, sino haciendo el bien. Acudamos también a acoger el santo vínculo con María, Madre llena de afecto y comprensión, cultivándolo con la oración del rosario para experimentar que siempre somos hijos amados y animados por Dios.
Que esta temporada nos llene de alegría, entusiasmo y gratitud, y que tengamos la oportunidad de compartir estas bendiciones con nuestros seres queridos. Que Dios bendiga a todos, especialmente a los jóvenes, en su camino por la vida, que está lleno de oportunidades y desafíos.











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