Gabriela Gómez
Especialista en Cromoterapia
Whatsapp 3764-719053
Hay momentos en los que las palabras no alcanzan. No sabemos explicar qué sentimos, pero tomamos un pincel, elegimos un color y comenzamos a pintar. Casi sin darnos cuenta, aquello que estaba dentro nuestro empieza a aparecer sobre el papel. Y dentro de ese lenguaje, los colores ocupan un lugar protagonista.
Desde hace siglos, artistas de diferentes épocas y culturas han utilizado el color para transmitir estados de ánimo, contar historias y provocar sensaciones. Un cielo azul puede transmitir calma; un rojo intenso puede sugerir pasión, fuerza o tensión; un amarillo puede asociarse con luminosidad y alegría. Sin embargo, no existe una interpretación universal: nuestra relación con los colores también está atravesada por la cultura, las experiencias personales y el contexto.
Cuando utilizamos el arte como medio de expresión, no necesariamente necesitamos saber dibujar ni tener conocimientos técnicos.
Una persona puede sentirse atraída por tonos oscuros en un momento de introspección y, en otro momento, buscar colores más luminosos. Alguien puede llenar una hoja de rojo porque siente energía, enojo o pasión, mientras otra persona puede elegirlo porque simplemente es su color favorito.
Por eso, el color no debería interpretarse como un diagnóstico emocional. Es una puerta de entrada a la expresión.
Pintar, dibujar, modelar o simplemente experimentar con diferentes colores puede ayudarnos a detenernos, concentrarnos en el presente y exteriorizar emociones difíciles de poner en palabras.
Las prácticas artísticas utilizadas con objetivos terapéuticos pueden favorecer la expresión emocional, la exploración personal y determinados aspectos del bienestar psicológico.
A veces no necesitamos preguntarnos “¿por qué estoy así?”. Podemos comenzar por algo mucho más sencillo:
“¿Qué color tiene lo que estoy sintiendo hoy?”. El rojo puede aparecer cuando necesitamos fuerza, movimiento o intensidad.
El naranja puede invitarnos a experimentar energía, creatividad y entusiasmo.
El amarillo puede recordarnos la luz, la vitalidad y el optimismo.
El verde suele relacionarse con la naturaleza, el equilibrio y la renovación.
El azul puede evocarnos tranquilidad, profundidad y contemplación.
El violeta puede llevarnos hacia la imaginación, la espiritualidad o la introspección.
El rosa puede conectarnos con la ternura, el afecto y la sensibilidad.
Pero hay algo fundamental: estos significados no son reglas. El mismo azul que para una persona representa paz puede despertar nostalgia en otra. El rojo puede significar amor para alguien y enojo para otra persona.
Y justamente ahí está la riqueza del arte: no existen respuestas únicas.






Discussion about this post