Con la exposición colectiva “Donde nacen las miradas”, el artista y docente Ernesto Engel reúne en el Museo de Bellas Artes Lucas Braulio Areco las obras de más de una treintena de artistas formados en su taller, en una propuesta que invita al público a detenerse, observar y descubrir aquello que suele pasar desapercibido a primera vista.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, Engel explicó que el objetivo de la muestra es despertar una forma diferente de observar el mundo. “Creo que el artista, para poder ver lo que le dice su modelo, sea una hoja, un objeto o una persona, después de la primera mirada tiene que tener una segunda mirada, más calma, para que el modelo le cuente lo que en la primera no se ve”.
El pintor sostuvo que, en la vida cotidiana, las personas suelen dejar de observar una vez que identifican aquello que tienen delante. “Tenemos la costumbre de mirar algo y, cuando sabemos qué es, dejamos de mirar. Miramos un árbol y, una vez que identificamos que es un árbol, no miramos más. Pero si nos detenemos, vamos a encontrar que sus hojas tienen determinadas formas, distintos verdes y que muchas veces, cuando les da la luz, se ven grises, como decía Ramón Ayala: ‘verde gris, verde brillante’”.
A partir de esa idea, explicó que busca que cada participante desarrolle una mirada propia. “Intento que la gente tenga esa segunda mirada y por eso la muestra se llama ‘Donde nacen las miradas’. Mi obligación como docente es respetar la mirada del que viene; no hacer que vea como veo yo, sino que desarrolle su propia mirada a partir de esa premisa”.
Actualmente la exposición reúne 32 obras y forma parte del trabajo que el artista desarrolla desde hace años en su taller. “Tenemos 32 artistas en condiciones de exponer y hay otros que todavía no están en esta muestra, pero les tocará más adelante”.
Engel también destacó el carácter colectivo del espacio de formación, donde el aprendizaje es mutuo. “Siempre digo que no tengo alumnos. Es un grupo de artistas donde ellos aprenden de mi experiencia y yo aprendo de su inexperiencia, porque, al ser novatos, muchas veces tienen una mirada diferente o hacen preguntas que nunca me hice. Eso también me enriquece”.
Finalmente, remarcó que cada visitante completa el sentido de la exposición con su propia interpretación. “El visitante va a tener otra mirada y va a poder darse cuenta de que no todos vemos las mismas cosas”.
La muestra “Donde nacen las miradas” permanecerá abierta durante todo agosto en el Museo de Bellas Artes Lucas Braulio Areco (Rivadavia 1846, entre Bolívar y Córdoba), de Posadas. Se puede visitar de lunes a viernes de 7 a 19 horas; y los sábados y feriados de 9 a 12.
Grupo de artistas
La muestra reúne obras de los integrantes del taller de Ernesto Engel, entre los que se puede mencionar a Verónica Bader, Laura Bonifato, Isabel Capli, Cristina Carlés, Gabriela Celano, Ching Ju Chang, Marisa Cirera, Gabriela Coirini, Alicia Degiorgi, Muñeca Escalada y María Espíndola, Carlos Franco, Raquel Galeano, Raúl Gallardo, Norma Heredia, Karina Hohn, Yuya López, Marina Martí, Ledy Mateos, Paulina Mela y Silvia Molinolo, Mené Montero, Alejandra Querejazu, Miriam Ranieri, Mariela Rey, Rosi Sandoval, Ana Toledo, Liliana Villar, Silvia Villar, Inés Zozaya y Tormenta, entre otros.
El arte de transformar la oscuridad en luz
La artista María Espíndola, integrante del taller de Ernesto Engel desde 2014, participa de la muestra colectiva “Donde nacen las miradas” con la obra “Renacer”, una pintura que invita a reflexionar sobre la transformación, la esperanza y la fuerza interior.
“Estoy en el espacio de Bellas Artes de Ernesto Engel desde 2014. No solamente en la parte de óleos, sino que también atravesé la parte de vitrofusión, el arte en vidrio”, contó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.
Sobre la obra que presenta en esta exposición, explicó que “Renacer” retrata “un instante en que la vida emerge desde la quietud”. La pintura plasma un agapanto suspendido sobre un fondo negro, recurso que eligió por su fuerte carga simbólica.
“El fondo negro simboliza la fuerza interior que uno encuentra en la luz, incluso en los momentos más oscuros. La obra invita a contemplar la belleza de los ciclos, la transformación y la esperanza”.
Espíndola reconoció que trabajar sobre una base oscura representó un importante desafío artístico y personal. “Pintar sobre negro es todo un desafío, sobre todo para mí, porque es trabajar el interior de uno mismo para transformarse”.
Finalmente, reflexionó sobre el vínculo entre el artista y el público, al sostener que una obra alcanza su verdadero sentido cuando es compartida. “Una obra se encuentra completa cuando uno puede mostrarla, compartirla y encontrar en la otra mirada una emoción, una observación. Esa otra mirada, diferente, interpela y además comparte con nosotros ese pedazo de alma que ponemos a disposición del público”, finalizó.








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