La escalada militar entre Estados Unidos e Irán volvió a recrudecer este jueves con un nuevo intercambio de ataques que elevó la tensión en Oriente Medio y reavivó el temor a una guerra de mayor alcance. Mientras Washington lanzó una ofensiva contra objetivos militares iraníes, Teherán respondió con una nueva andanada de misiles que alcanzó distintos puntos de la región, afectando incluso a países aliados de Estados Unidos.
El recrudecimiento de los combates diluyó las expectativas de una rápida salida diplomática y volvió a poner en jaque la estabilidad regional, en un conflicto que ya lleva cinco meses y que impacta de lleno en la economía mundial, especialmente por las restricciones al tránsito de petróleo y gas a través del estratégico estrecho de Ormuz.
El Comando Central de Estados Unidos informó que completó una “intensa oleada de ataques” contra decenas de objetivos pertenecientes al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán.
Según el parte oficial, fueron alcanzados centros de mando militar, instalaciones de misiles y drones, además de sistemas costeros de vigilancia y defensa.
La ofensiva fue presentada como respuesta al reciente ataque iraní contra una base militar estadounidense ubicada en Jordania. Tras ese episodio, el presidente Donald Trump había advertido que respondería “muy duro” contra Irán.
Horas después, Irán lanzó nuevos ataques con misiles que impactaron en distintos países de la región.
Uno de ellos alcanzó un edificio perteneciente a una empresa china en el norte de Kuwait, donde murió un trabajador y se registraron importantes daños materiales, según informó el Ejército kuwaití.
Al mismo tiempo, las defensas antiaéreas de Jordania interceptaron cinco misiles iraníes antes de que alcanzaran sus objetivos. Las autoridades jordanas indicaron que no hubo víctimas.
En territorio iraní, la agencia oficial IRNA informó que tres personas murieron y otras dos resultaron heridas tras un ataque estadounidense sobre la isla de Qeshm, ubicada frente al estrecho de Ormuz.
El conflicto se expande a otros países
La violencia también comenzó a extenderse hacia otros escenarios. En Egipto, dos buques de gas natural se incendiaron tras ataques con drones en el puerto de Damietta. Las autoridades egipcias confirmaron que las primeras investigaciones apuntan a que los incendios fueron provocados por aeronaves no tripuladas, aunque todavía no se determinó quién fue el responsable.
Por otra parte, Arabia Saudita denunció nuevos ataques con drones contra su infraestructura petrolera por parte de milicias respaldadas por Irán en Irak. Paralelamente, los rebeldes hutíes de Yemen reivindicaron acciones contra instalaciones energéticas saudíes y renovaron sus amenazas de bloquear rutas marítimas estratégicas en el mar Rojo.
Continúan los intentos diplomáticos
Pese al recrudecimiento de la violencia, continúan los esfuerzos internacionales para intentar frenar la escalada.
Pakistán, que participa como mediador, confirmó que siguen abiertas las negociaciones para reducir la tensión, especialmente respecto de la situación en el estrecho de Ormuz.
“Las negociaciones entre las partes están en marcha para normalizar la situación y lograr una desescalada”, afirmó el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores paquistaní, Tahir Andrabi.
El conflicto sigue generando fuertes repercusiones económicas. El estrecho de Ormuz, por donde en tiempos normales circula cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas, permanece prácticamente bloqueado, provocando una fuerte reducción en los envíos energéticos y presionando al alza los precios internacionales del crudo y de otras materias primas.
A esto se suma la creciente inseguridad sobre otras rutas comerciales estratégicas, como el estrecho de Bab el-Mandeb, amenazado por los rebeldes hutíes, lo que incrementa la preocupación de los mercados internacionales y de los principales países consumidores de energía.
Fuente: NA y Mcall.







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