Un proyecto iniciado en 2024 en el Instituto Agrotécnico “Palabras del Alma”, ubicado en Pozo Azul, está a punto de iniciar sus pruebas de campo: se trata de una estación meteorológica que desarrollaron estudiantes de cuarto año, que comenzará a tomar datos y ofrecer mediciones precisas sobre las condiciones climáticas en esa región de la provincia.
El instituto se encuentra en una zona estratégica para recabar este tipo de información, por lo que el conocimiento del territorio y sus condiciones climáticas que puede aportar el proyecto “es importante para todo el entorno local productivo”, explicó a PRIMERA EDICIÓN uno de los docentes acompañantes de la iniciativa, Daniel de Bartoncello.
Un proyecto compartido
La estación meteorológica comenzó a tomar forma en 2024 dentro de la materia Tecnología de Procesos Productivos, aprovechando el trabajo en robótica, programación y Arduino que se desarrolla desde 2021 en el instituto.
El punto de partida para los estudiantes fue identificar necesidades de las áreas productivas locales, para pensar soluciones dentro del aula. “Hacemos un recorrido por los sectores para ver qué problemas hay, siempre orientado hacia los sectores productivos, el agro”, explicó Bartoncello.
El problema que encontraron fue la falta de datos sobre las condiciones climáticas en Pozo Azul y zonas como San Pedro, información útil en el cultivo y la producción agropecuaria.
En el proyecto ya participaron tres grupos de estudiantes de cuarto año. En un primer momento, diseñaron el prototipo, que no tenía conexión a internet ni posibilidad de compartir esa información, pero ya servía para analizar y calcular variables del clima y el ambiente.
El segundo grupo incorporó nuevas placas y componentes; eso permitió empezar a trabajar con conectividad.
“Este año estuvimos adaptándola para poder enviar esa información a otros dispositivos”, agregó Bartoncello.
Formar profesionales comprometidos
Más allá del desarrollo de la estación, Bartoncello destacó que el proyecto es una experiencia pedagógica pensada para estudiantes que viven y trabajan junto a sus familias en la chacra.
“Son chicos que viven mayormente en un entorno rural, que ya tienen chacras o pequeñas producciones en sus hogares”, explicó. De ahí surge la idea de compartir el conocimiento que puedan llegar a generar con la comunidad.
La iniciativa implicó además que los estudiantes se acerquen desde otro lugar a las herramientas de programación y electrónica que venían trabajando. Sobre esos contenidos, Bartoncello remarcó que los estudiantes “vienen de un entorno en donde la tecnología no está tan presente en sus vidas. Entonces, todo lo que implica programación, electrónica o trabajar con computadoras es un poco nuevo para ellos”.
En total, el proyecto sumó el trabajo de 25 a 30 estudiantes. El número fue variando por una problemática que atraviesa a la institución: “Algunos suelen dejar y otros se van a trabajar, es un problema que tenemos bastante”, aseguró.
Por eso, este tipo de experiencias pueden ayudar a “que ellos lleguen a nuevos conocimientos y que muestren que son capaces de generar un cambio, eso tal vez impulse a que desde la familia apoyen mucho más a los chicos en lo que es la educación”, completó el docente.






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