Durante más de tres décadas, Marcos Campinha Panissa logró lo que parecía imposible: escapar de la Justicia brasileña, cruzar fronteras y construir una vida completamente nueva bajo otra identidad. Pero esa historia terminó abruptamente el pasado 15 de abril, cuando fue detenido en Paraguay tras un operativo internacional que puso fin a uno de los casos más antiguos de prófugos buscados por Interpol.
Panissa, de origen brasileño, vivía en Paraguay bajo el nombre de José Carlos Vieira. Durante más de 20 años llevó una vida discreta en distintas ciudades del país, especialmente en San Lorenzo y Concepción. Allí se casó, tuvo una hija, adquirió propiedades y abrió negocios, entre ellos una ferretería y un local de insumos agrícolas.
Para sus vecinos y allegados, era un comerciante más. Nada en su comportamiento hacía sospechar el pasado que ocultaba: una condena por el asesinato de su exesposa, Fernanda Estruzani, a quien apuñaló 72 veces en 1989.
Un crimen brutal que conmocionó a Brasil
El homicidio ocurrió el 6 de agosto de 1989 en la ciudad de Londrina, en el estado de Paraná. Fernanda tenía apenas 21 años. Según la investigación judicial, la pareja llevaba unos dos años separada, pero Panissa no aceptaba el fin de la relación.
Ese día, el hombre se presentó en el edificio donde vivía la joven. Tras una primera discusión, se retiró, pero horas más tarde regresó por la noche. Utilizando una copia de la llave, ingresó al departamento y atacó a su exesposa mientras dormía, asestándole 72 puñaladas.
“El delito está marcado por la idea de tratar a las mujeres como propiedad”, explicó el fiscal general del Ministerio Público de Paraná, Francisco Zanicotti, al referirse al caso.
El crimen generó una fuerte conmoción social y derivó en protestas en la ciudad. En aquel momento, la figura legal de femicidio aún no existía en Brasil, por lo que el caso fue juzgado como homicidio agravado.
Juicios, apelaciones y una fuga que duró décadas
Panissa fue juzgado en 1991 y condenado a más de 20 años de prisión. Sin embargo, la legislación vigente en ese momento permitía apelar automáticamente cuando la pena superaba los 20 años, lo que derivó en un nuevo juicio.
En 1992, fue nuevamente juzgado y su condena se redujo a 9 años. Pero el fallo fue anulado dos años después por irregularidades en la conformación del jurado.
El tercer juicio fue programado para 1995, pero el acusado nunca se presentó. A partir de ese momento, pasó a ser prófugo de la Justicia.
Durante años, su paradero fue un misterio. Se sospechaba que había permanecido un tiempo en São Paulo antes de abandonar Brasil y cruzar hacia Paraguay, aprovechando la facilidad de tránsito en la frontera terrestre en aquella época.
En 2008, tras una reforma del Código de Procedimiento Penal que permitió juzgar en ausencia, fue finalmente condenado en rebeldía a 19 años de prisión. Aun así, continuó libre.
Una nueva vida construida sobre una identidad falsa
En Paraguay, Panissa logró reinventarse completamente. Bajo el nombre de José Carlos Vieira, construyó una vida estable y sin sobresaltos.
“Llevaba una vida normal, con bienes a su nombre, vehículos, una casa. Nadie sospechaba nada”, afirmó el ministro de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad), Jalil Rachid.
Incluso su familia desconocía su verdadera identidad. “Tanto su esposa como su hija quedaron absolutamente conmocionadas al enterarse. Para ellas era otra persona”, agregó el funcionario.
Durante años, el prófugo se movió con total libertad: hacía compras, trabajaba y mantenía vínculos sociales sin levantar sospechas.
La captura: un nombre que lo delató
La detención fue posible gracias a un trabajo coordinado entre la Policía Federal de Brasil, la Fiscalía de Paraná y la Senad paraguaya. Tras recibir información concreta en 2025 sobre su posible paradero, se montó una red de inteligencia para identificarlo.
La clave fue descubrir la identidad falsa que utilizaba. Una vez confirmado, se inició un seguimiento que duró aproximadamente una semana.
El operativo, denominado “Memento Mei” (en latín, “recuérdame”), tenía como objetivo no dejar en el olvido a las víctimas de femicidio.
Finalmente, Panissa fue interceptado en la vía pública, en San Lorenzo, mientras realizaba compras. Los agentes lo llamaron por su verdadero nombre.
“Se quedó paralizado. Fue como si no hubiera escuchado ese nombre en muchos años”, relató Rachid. Esa reacción terminó de confirmar su identidad.
Extradición y posible revisión de la condena
Tras su detención, las autoridades paraguayas resolvieron su expulsión por irregularidades migratorias. Fue entregado a la Policía Federal brasileña en el Puente de la Amistad.
Ahora deberá cumplir la condena pendiente por el crimen cometido hace 37 años, aunque su defensa ya anticipó que buscará una revisión judicial.
“El crimen es atroz, pero eso no implica ignorar la legalidad del proceso. Vamos a solicitar una revisión”, señaló su abogado, Antônio Carlos de Andrade Vianna, quien intentará reducir la pena a nueve años, como en el segundo juicio.
Un caso que marca un precedente
Para la Fiscalía brasileña, la detención representa el cierre de una búsqueda que nunca se abandonó. “Nunca dejamos de buscarlo. Este caso demuestra que la Justicia no olvida”, afirmó Zanicotti.
El caso de Marcos Campinha Panissa expone no solo la brutalidad de un crimen, sino también la capacidad de un prófugo para reinventarse durante décadas y el alcance de la cooperación internacional para finalmente detenerlo.
Fuente: BBC





