Gabriela Gómez
Especialista en Cromoterapia
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Verde para calmar, azul para soltar, amarillo para volver a encenderse. La cromoterapia propone algo simple y poderoso: mirar lo que nos rodea con más conciencia y usar los colores de la naturaleza como aliados emocionales.
Hay días en los que una no necesita grandes respuestas, solo un poco de aire. Un rato al sol. El silencio de una planta. El cielo abierto. El verde después del cansancio. La tierra cuando todo adentro parece moverse demasiado. En medio de una vida cada vez más rápida, exigente y mental, muchas personas necesitan equilibrio emocional.
Lejos de ser solo una tendencia estética o una moda de bienestar, la cromoterapia parte de una idea muy simple: los colores también se sienten. No solo se ven. No solo decoran. También pueden acompañar estados emocionales, despertar sensaciones, ordenar energías o generar calma.
Y si hay un lugar donde los colores aparecen de manera viva, orgánica y poderosa, es en la naturaleza. No es casual que muchas personas sientan alivio al caminar entre árboles, mirar el cielo, sentarse cerca del agua o apoyar los pies en la tierra. Tampoco es casual que un día soleado se sienta distinto a uno gris, o que ciertos paisajes nos den paz sin necesidad de entender por qué.
El cuerpo percibe mucho más de lo que creemos, y dentro de esa experiencia sensorial, el color ocupa un lugar silencioso pero profundo.
La cromoterapia propone algo muy cotidiano: observar qué color predomina en nuestro entorno, cómo nos hace sentir, y de qué manera podemos vincularnos con él de forma más consciente.
Cada emoción parece encontrar un color en la naturaleza:
Verde: cuando necesitás bajar un cambio.
El verde tiene algo que abraza. Está en las hojas, en los jardines, en los montes, en la humedad viva de lo que crece. Es el color del descanso, la armonía, la regeneración y la esperanza.
Suele ser ideal para momentos de agotamiento mental, saturación, estrés o cansancio emocional. Es ese color que parece decir: “no hace falta correr tanto”.
A veces, mirar una planta en silencio durante unos minutos puede ser mucho más reparador de lo que imaginamos.
Mini ritual: busca un rincón verde. Puede ser una planta, un árbol, un jardín o incluso una enredadera en una pared. Observá sus tonos, sus formas, su textura. Mientras respirás, repetí internamente:
“Vuelvo a mí. Vuelvo a mi centro”.
Azul: para calmar la mente y aflojar lo que pesa.
El azul es inmenso. Está en el cielo, en el agua, en la distancia. Tiene una energía suave, silenciosa, expansiva. En cromoterapia se lo asocia con la calma, la serenidad, la expresión emocional y el descanso.
Es especialmente útil cuando hay enojo, ansiedad, tristeza, insomnio o pensamientos que no paran.
Hay algo en mirar el cielo que acomoda. Como si lo inmenso nos recordara que no todo tiene que resolverse ya.
Espero que te sirvan, ambos alivian el estrés y la ansiedad.
Que tengas una hermosa jornada.








