En algunas zonas de Misiones, hasta el 80% de la población estuvo en contacto con el parásito que causa la toxoplasmosis, una infección que en la mayoría de los casos no presenta síntomas, pero que puede causar pérdida permanente de la visión.
En la provincia, el contacto con este parásito suele producirse por el consumo de agua no potable y de alimentos hechos con carne cruda, como algunos embutidos caseros. A eso, se suma la falta de información y ciertas condiciones ambientales, que favorecen que la infección circule con fuerza en toda la región. De hecho, el primer contacto con el parásito se da, en promedio, a los 13 años.
Estos datos impulsaron a un equipo de investigadores de la Universidad Católica de las Misiones (UCAMI) a desarrollar el proyecto “Toxomemo: aprendemos jugando”, que días atrás dio a conocer los resultados de su trabajo en su primera publicación científica.
La propuesta arrancó en 2019 con capacitaciones docentes en toda la zona este de la provincia, la de mayor incidencia, para que se pudiera replicar en las aulas una estrategia de juego, el memotest, adaptado para enseñar hábitos saludables y prevenir la toxoplasmosis.
A cargo de este proyecto está el especialista en oftalmología e investigador adjunto del CONICET, Marcelo Rudzinski, quien repasó en diálogo con PRIMERA EDICIÓN el trabajo realizado en estos años sobre una infección que consideró “subestimada”.
Nacido en Oberá, el especialista destacó la importancia de estudiar esta infección frecuente desde el territorio, ya que el hecho de que “sea poco prevalente en grandes centros urbanos del país hace que pase desapercibida a los ojos de quienes deben generar los programas de control y prevención”.
Una infección frecuente
La toxoplasmosis empieza después del primer contacto con el parásito, que se transmite al consumir agua o alimentos contaminados. La primera etapa suele cursarse sin síntomas, pero puede generar lesiones en la retina que, con el tiempo, pueden traer complicaciones más graves. Las posibilidades de perder la visión aumentan dependiendo del lugar donde se ubique esa lesión, que en aproximadamente el 40% de los casos es en la zona central del ojo, la más sensible.
En Misiones, la exposición al parásito es muy alta. Rudzinski repasó que los datos relevados por profesionales del interior y estudios de la UCAMI indican que, en algunas localidades de la zona centro, ocho de cada diez personas se infectaron alguna vez.
La incidencia también se refleja en los consultorios. En 25 de Mayo, otro estudio detectó que dos de cada diez pacientes tenían lesiones en la retina por esta infección.
Rudzinski agregó que “es una enfermedad que puede generar discapacidad visual, incluso en personas jóvenes”. En Misiones, es la segunda causa detrás de este tipo de discapacidad y se explica por varios factores, pero el principal es que se diagnostica cuando ya hay daño visual.

Prevención desde la infancia
Tomando este escenario como punto de partida surgió el proyecto “Toxomemo: aprendemos jugando”, que propone dar respuesta a esta infección frecuente sosteniéndose en la educación preventiva.
Para llevarlo adelante, se diseñó una versión adaptada de fichas de memotest, que reúnen ocho hábitos para prevenir la infección y se realizaron capacitaciones a docentes en la mitad este de la provincia, desde Concepción de la Sierra hasta General Manuel Belgrano, la zona con mayor circulación de la enfermedad. En esa etapa, el objetivo fue llegar a dos docentes por escuela pública.
Los resultados de esa experiencia se resumieron en la reciente publicación científica del proyecto, que muestra mejoras importantes en el reconocimiento de riesgos y medidas de prevención entre los docentes. Antes de la capacitación, solo el 29% reconocía el consumo de embutidos caseros elaborados con carne cruda como una práctica a evitar, mientras que después de las capacitaciones ese porcentaje trepó al 83%.
“El conocimiento es poder, porque permite modificar conductas que pueden prevenir la infección”, sostuvo Rudzinski, en referencia a estos resultados y que la solución pensada desde el proyecto se enfoca en lo educativo.
La elección también tiene que ver con que intervenir en la infancia es clave: una etapa en la que hay menos probabilidades de que se haya producido la primera infección.
A largo plazo, Rudzinski evaluó que este tipo de estrategias puede ayudar a reducir la cantidad de personas infectadas. “Para mejorar la situación sanitaria, la educación en prevención tiene que ser parte de las políticas públicas”, confió.
La gestación y desarrollo de este proyecto, contó el oftalmólogo, pudo realizarse “gracias al apoyo de autoridades pasadas y actuales del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Misiones, también a autoridades del Consejo de Educación y fundamentalmente al sostenido apoyo financiero de la Fundación Bronislada Kruchowski de Szychowski”, concluyó.






