Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
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Los órdenes del amor no son solo leyes de los sistemas familiares. Son leyes de la vida. La naturaleza las muestra, la familia las revela y la conciencia las aprende. Los órdenes primero se ven en la naturaleza. En la naturaleza es donde más claramente aparecen. Primero viene la semilla, luego el brote. Primero la raíz, luego la flor. Primero los padres, luego los hijos.
La naturaleza respeta el orden del antes y el después. Cuando ese orden se altera, el sistema pierde equilibrio. Por eso Hellinger observó que la familia funciona como un sistema natural, pero el sistema más cercano es uno mismo. Si lo miramos profundamente, uno mismo también es un sistema.
Dentro de una persona hay:
historia
cuerpo
emociones
conciencia
linaje
Por eso los órdenes también pueden verse en la relación interna, por ejemplo:
Pertenencia interna
Todo lo que somos tiene derecho a existir: nuestras luces, nuestras sombras, nuestra historia.
Cuando excluimos partes de nosotros (“esto no debería ser así en mí”), aparece el conflicto.
Jerarquía interna
Hay partes de nuestra vida que vinieron antes: la infancia, los padres, las experiencias que nos formaron.
Cuando rechazamos lo que fue, intentamos vivir “sin raíz”.
Equilibrio interno
También existe el equilibrio entre lo que damos al mundo y lo que recibimos para nosotros.
La conciencia como sistema
Incluso la conciencia podría entenderse como un sistema que busca orden. Cuando la persona: acepta lo que fue, toma la vida como vino, ocupa su propio lugar, aparece algo muy parecido a lo que Hellinger llamaba amor ordenado.
Y ese amor no solo funciona en la familia: funciona en la relación con la vida misma. Aplicar la mirada sistémica al vínculo con uno mismo nos lleva a una nueva manera de autoconocimiento para poder llegar a un orden interior.








