Natalia Moyano
Contadora con
corazón de escritora
IG: @marianataliamoyano
Jesús siempre enseñó con el ejemplo, y nos mostró que tenía que morir para resucitar. Morir para Renacer. La vida y la muerte están muy unidas, son compañeras inseparables. La muerte puede ser el motor de la vida, si tenemos presente que todos nos iremos y que este tiempo aquí en la Tierra es un regalo para poder experimentar todo lo que queramos.
La vida es constante cambio y movimiento, y en ese movimiento, muchas cosas mueren y otras nacen. Personas que se alejan, relaciones que terminan, trabajos que ya no están, son pequeñas muertes que dan nacimiento a nueva vida, nuevas personas, relaciones y trabajos, más afines a nuestra identidad actual.
Aceptar la vida y la muerte como dos caras de la misma moneda. Aceptar que la vida y la muerte están muy relacionadas, nos hace responsables de aprovechar el tiempo que tenemos aquí en la Tierra, y también nos reduce el miedo a la muerte. La muerte es solo un paso a otra vida, porque la vida y la muerte, siempre van unidas.
La muerte no es el fin, es el comienzo de una nueva vida, de una nueva historia, de nuevas oportunidades. No habría luz si no hay oscuridad, no habría dulce si no hay salado, no habría vida si no hay muerte.
La Pascua de Resurrección nos recuerda que la muerte es el paso a una nueva vida y también nos enseña que para que algo nuevo surja, primero algo viejo debe morir. Y esta semana tan especial que culmina con Jesús resucitado nos invita a cada uno a preguntarnos ¿Qué parte debe morir en mí para que nazca la persona que elijo ser?








