En el marco del Día Internacional de la Mujer, un informe del Observatorio de Género del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) volvió a poner números a una realidad persistente: la desigualdad económica entre varones y mujeres en el país. El documento, titulado “8 de marzo en perspectiva económica”, analiza la evolución de las brechas de género en el mercado laboral, los ingresos, la distribución de la riqueza y el tiempo dedicado al trabajo no remunerado.
El diagnóstico es claro: aunque las mujeres participan cada vez más en el mercado laboral, siguen trabajando más horas totales, ganando menos dinero y concentrando una mayor proporción de los sectores de menores ingresos.
Los datos muestran que las mujeres realizan más trabajo que los varones si se suman las tareas remuneradas y las no remuneradas, principalmente vinculadas al cuidado de personas y al trabajo doméstico. Sin embargo, esa mayor carga laboral no se traduce en mejores condiciones económicas.
Según datos basados en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), la tasa de actividad femenina alcanzó el 52,6% en el tercer trimestre de 2025, mientras que entre los varones llegó al 70,1%, lo que marca una brecha de 17,5 puntos porcentuales entre ambos grupos.
Esta diferencia refleja las dificultades que aún enfrentan las mujeres para insertarse plenamente en el mercado de trabajo, muchas veces condicionadas por la distribución desigual de las tareas de cuidado dentro de los hogares.
La desigualdad también se manifiesta en los niveles de desempleo. Durante el último año, la tasa de desocupación femenina volvió a aumentar y se ubicó en 7,4%, por encima del 5,9% registrado entre los varones. El escenario se vuelve aún más complejo entre las jóvenes. En el grupo de entre 14 y 29 años, el desempleo prácticamente duplica al promedio general, evidenciando las dificultades de acceso al primer empleo.
A esto se suma un problema estructural: la mayor presencia femenina en el trabajo informal. Mientras la tasa de informalidad general se ubica en torno al 36,7%, entre las mujeres alcanza el 38%, frente al 35,5% de los varones. La informalidad implica salarios más bajos, falta de aportes jubilatorios y menor acceso a derechos laborales, lo que profundiza la desigualdad económica.
La estructura del mercado laboral también contribuye a ampliar las brechas. Las mujeres se concentran en sectores de menor remuneración promedio, como el servicio doméstico, la enseñanza y la salud.
En el trabajo en casas particulares, por ejemplo, las mujeres representan el 98,8% de quienes se desempeñan en esa actividad, uno de los sectores con mayor informalidad y menores ingresos del mercado laboral. En cambio, su participación es considerablemente menor en sectores de mayor salario, como la industria o la minería.

La economía invisible
Otro factor clave para entender esta desigualdad es el trabajo no remunerado. Las mujeres dedican 6 horas y 31 minutos diarios en promedio a tareas de cuidado y trabajo doméstico, mientras que los varones destinan 3 horas y 40 minutos.
Si se suman las horas de trabajo remunerado y no remunerado, las mujeres terminan trabajando más tiempo total que los varones cada día, aunque gran parte de esa actividad no genera ingresos.
Esta distribución desigual de las tareas dentro de los hogares limita la posibilidad de acceder a empleos formales o de mayor dedicación horaria, lo que impacta directamente en los ingresos.

Mujeres, mayoría entre los ingresos más bajos
Las consecuencias de estas brechas se reflejan también en la distribución de los ingresos. En el segmento de la población con menores recursos, las mujeres tienen una presencia mucho mayor. De acuerdo con los datos más recientes, representan el 64,2% del decil de menores ingresos, mientras que su participación cae al 37% en el decil más alto.
Este fenómeno suele describirse como “feminización de la pobreza”, una expresión que refleja cómo las desigualdades laborales, salariales y en la distribución de las tareas de cuidado terminan reproduciendo brechas económicas más profundas.
La combinación de mayor informalidad, menores ingresos, dificultades para acceder a puestos jerárquicos y una carga desproporcionada de trabajo doméstico y de cuidados configura un escenario en el que las mujeres parten de condiciones estructuralmente más desfavorables. En ese contexto, especialistas advierten que cerrar estas brechas no depende únicamente del mercado laboral, sino también de políticas públicas orientadas a redistribuir el trabajo de cuidados, mejorar el acceso al empleo formal y garantizar igualdad de oportunidades en los distintos sectores de la economía.
Sin embargo, el informe advierte que los cambios recientes en la legislación laboral podrían agravar las brechas de género en el mercado de trabajo. La flexibilización de modalidades de contratación y la ampliación de esquemas independientes o monotributistas tienden a concentrar mayor precariedad, un fenómeno que históricamente afecta en mayor proporción a las mujeres.
En ese contexto, especialistas señalan que la reducción de la estabilidad laboral y la menor protección en ciertos vínculos de trabajo podrían impactar especialmente en quienes ya presentan mayores niveles de informalidad y salarios más bajos.
Brechas…
Las diferencias económicas entre varones y mujeres en Argentina no se limitan al acceso al empleo. También se manifiestan con claridad en los ingresos y en la acumulación de riqueza. Según el informe, durante el tercer trimestre de 2025 los varones percibieron en promedio un 27,3% más de ingresos personales que las mujeres. Si se analiza el ingreso por la ocupación principal, la diferencia es aún mayor y alcanza el 29% a favor de los varones.
Esta brecha salarial responde a múltiples factores, entre ellos la mayor presencia femenina en sectores de menor remuneración, las dificultades para acceder a cargos jerárquicos y las diferencias en la estabilidad laboral.
Uno de los aspectos donde la brecha salarial se vuelve más evidente es el trabajo informal. Entre quienes no cuentan con aportes jubilatorios, la diferencia salarial alcanza el 40%, una de las más altas registradas en los últimos años.
En este segmento del mercado laboral los varones perciben ingresos considerablemente superiores, lo que evidencia cómo la precariedad laboral amplifica las desigualdades de género. La diferencia es menor entre trabajadores formales, aunque sigue siendo significativa.
De la brecha salarial a la brecha patrimonial
Las desigualdades en el mercado laboral terminan reflejándose también en la acumulación de riqueza. Los datos impositivos muestran que la mayor parte de los patrimonios declarados en Argentina está en manos de varones. En el Impuesto a los Bienes Personales, que grava el patrimonio, el 67,6% de las declaraciones corresponde a varones y el 32,4% a mujeres. Además, los varones concentran casi el 69% del valor total de los bienes declarados, mientras que las mujeres poseen poco más del 31%.
La desigualdad también aparece en el Impuesto a las Ganancias, que grava los ingresos. Durante el año fiscal 2023, el 70,4% de las declaraciones juradas correspondió a varones, mientras que las mujeres representaron el 29,6%. Cuando se analiza el monto de los ingresos alcanzados por este tributo, la diferencia es aún mayor: los varones explican el 75,7% del total de ingresos gravados.
La brecha patrimonial no surge de manera aislada. Es el resultado de desigualdades que se acumulan a lo largo de la vida laboral. Menores ingresos, mayor informalidad y menor acceso a puestos jerárquicos reducen las posibilidades de ahorro e inversión de las mujeres. Por ese motivo, se advierte que la desigualdad económica de género no solo afecta el presente, sino también la capacidad de construir seguridad económica en el largo plazo.
Jubilaciones
En Argentina, la posibilidad de acceder a una jubilación está profundamente atravesada por las desigualdades de género que se generan a lo largo de la vida laboral. En el país, nueve de cada diez mujeres no podrían jubilarse si no existieran los regímenes de moratoria previsional.
El dato surge del informe elaborado por CEPA, el cual señala que la mayoría de las mujeres no logra reunir los 30 años de aportes jubilatorios exigidos por el sistema previsional argento, una situación que se explica por trayectorias laborales marcadas por la informalidad, el desempleo y las interrupciones vinculadas al trabajo de cuidados.
Las mujeres dedican significativamente más tiempo que los varones a tareas domésticas y de cuidado no remunerado, lo que limita su participación en empleos formales y reduce la acumulación de aportes jubilatorios a lo largo de su vida laboral. Este fenómeno explica por qué las trayectorias laborales femeninas suelen ser más inestables o intermitentes.

En ese contexto, las moratorias previsionales se convirtieron en una herramienta clave para garantizar el acceso a una jubilación para millones que, de otro modo, quedarían excluidas del sistema. Las moratorias previsionales permiten regularizar aportes faltantes y acceder a una jubilación aun cuando no se hayan completado los años requeridos de contribuciones.
Según el informe, estos mecanismos resultaron fundamentales para ampliar la cobertura previsional entre las mujeres en las últimas décadas.
Sin estas herramientas, advierten los especialistas, una enorme proporción de mujeres quedaría fuera del sistema jubilatorio, profundizando las desigualdades económicas en la vejez.
El informe completo aquí 👇
8M2026-en-perspectiva-economica





