Patricia Couceiro
Máster en Constelaciones
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No es el cielo el destino, es la conciencia. ¡No hay limitación! Son nuestras creencias las que la crean.
¡No hay limitación! Son nuestros miedos los que nos contraen. No hay limitación, son nuestros deseos no resueltos los que nos atan a la materia. En la ley de causa y efecto parece haber límites.
En la física newtoniana todo responde a estructura, resistencia y forma, pero si somos conciencia viajando en el universo, siendo parte del mar infinito de conciencia, ¿dónde estaría el límite?
La conciencia no es materia, no es partícula, es onda, es expansión, es movimiento infinito en tiempo y espacio.
Entonces, ¿qué nos limita? El miedo a soltar, el apego a lo visible, a identificación exclusiva con el cuerpo, la creencia de que solo existe lo que vemos.
Cada uno parte de un punto distinto de evolución, no hay normas prefijadas, hay camino.
La liberación comienza cuando detectás el punto exacto donde estás atado:
En el cuerpo: modo supervivencia.
En la emoción: miedo al desapego.
En la mente: creencias que dan falsa seguridad.
Ahí está el punto de partida.
Cuando reconocés tu punto de conciencia limitante, podés comenzar a expandirte un poco más allá cada día. ¿Dónde se detiene el recorrido? El miedo lo detiene. El deseo lo detiene. La identificación con lo externo lo detiene. La conciencia es amplia, es luminosa, es infinita y es lo único que somos. Lo externo solo refleja lo que creemos ser, no te prives, no te reduzcas, no te identifiques con lo pequeño. Expándete y a través de la autoconciencia comienza a aprender de ti mismo.







