El artículo 75 inciso 17 de la Constitución Nacional y el Convenio 169 de la OIT reconocen el derecho de los pueblos indígenas a la posesión comunitaria de sus territorios y prohíben los desalojos sin consulta previa. Sin embargo, en 2024, el Gobierno de Javier Milei derogó la Ley 26.160 de Emergencia Territorial Indígena, lo que provocó, desde entonces, una ola de desalojos en muchas provincias.
A la vera del Lago Urugua-í, en Puerto Libertad, la comunidad mbya guaraní Tekoa Okä Porã resiste los embates de una multinacional forestal que busca avanzar sobre el territorio ancestral donde viven cinco familias (un total de 19 personas, incluido niños), que viven casi exclusivamente de la pesca en el curso de agua, y, en casos de extrema necesidad, de la caza.
Allí existió históricamente la comunidad Tekoa Chéiro, dirigida por los caciques Julio Duarte y Elvio Benítez, pero fueron desplazados de manera forzada tras la construcción de la Represa Urugua-í, que inundó gran parte del territorio tradicional.
El conflicto por los límites del territorio entre la comunidad aborigen y la empresa Arauco lleva más de un año, pero el temor más grande llegó el 6 de febrero pasado en forma de amenaza presencial: un representante de la también celulosa, que afirma ser dueña del lugar, custodiado por personal policial, llegó hasta la comunidad, con el objetivo de sacar a las cinco familias del lugar.
El cacique Javier Martínez (26) fue entrevistado por PRIMERA EDICIÓN y expuso que, aquel día, el represente de la empresa forestal y los efectivos no presentaron ninguna orden judicial de desalojo, sino que “la empresa nos amenazó para que salgamos o, si no, van a hacer un desalojo. Están con ese plan”, dijo.
“Dijeron que era por orden de Asuntos Guaraníes, pero llamé y me dijeron que no habían mandado a nadie, ahí me di cuenta que fue cosa de ellos nomas cuando me fueron a atropellar. Dijeron que tenían los papeles y querían que firmara un acta y que salgamos sí o sí porque dicen que estamos en tierras de ellos”, contó a la web de este Diario.

La otra alternativa que les dieron era asentarse en una zona más cercana al lago, pero esto fue descartado por el cacique ya que cuando el curso de agua crece, inunda todo el lugar.
El fin de la comunidad Tekoa Okä Porã en esta vida es “proteger la tierra, cuidar a los animales y volver a plantar árboles para que haya monte otra vez”, mientras avanzan los monocultivos. Del otro lado, el objetivo de la empresa sería expandir las plantaciones de pino y eucalpito, en una zona de selva y ricos recursos naturales, por ahora “custodiado” por la aldea guaraní.
Pedido de reconocimiento y freno al desalojo
Con esta advertencia, Martínez viajó más de 260 kilómetros hasta la Dirección de Asuntos Guaraníes con el principal objetivo de presentar la documentación para obtener el reconocimiento legal de la comunidad y solicitar apoyo institucional ante la situación que atraviesan. “Vinimos a pedir la personería jurídica y que nos apoyen”, señaló.
En este marco, desde la Dirección de Asuntos Guaraníes, según relató el referente indígena, se comprometieron a analizar la situación, verificar la ubicación exacta de la comunidad -teniendo en cuenta que un asentamiento anterior habría quedado bajo el agua- y comunicarse para coordinar una visita al territorio. “Me dijeron que van a hacer todo lo posible y que me van a avisar qué día pueden ir a la comunidad para hacer algo”, expresó.

Preocupación por su seguridad y su subsistencia
Más allá del conflicto territorial, las familias enfrentan condiciones de extrema precariedad. No cuentan con servicio de luz ni agua potable y, según describió Martínez, la inseguridad aumenta durante la noche. “Hay mucha preocupación. Soy el cacique y me preocupa mi gente porque no tenemos luz ni agua…Ojalá que nos ayuden a recuperar lo que necesitamos para mi familia y mi gente”, expuso.
Martínez remarcó que su principal expectativa es lograr el reconocimiento formal de la comunidad y garantizar la permanencia en el territorio sin amenazas. “Queremos estar bien, no sentirnos amenazados. Tenemos miedo de que le pase algo a los chicos”, concluyó.



